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Un pacto por la calidad - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Un pacto por la calidad

         En una reunión con inspectores a la que acudí el otro día se trató el espinoso asunto del tránsito de los alumnos de Primaria a Secundaria y se habló de cómo atajar el fracaso que muchas veces significa tal salto. La conclusión a la que llegó el inspector que expuso el tema es que hay que adaptar ambos tipos de enseñanza, puesto que realmente es uno solo, la Obligatoria. Debíamos hacer más fácil el tránsito de uno a otro. De acuerdo en todo. Es un problema serio que urge resolver y es hora de coger el toro por los cuernos, pues cada año que pasa sin atajarlo, habremos perdido muchos individuos de la nueva promoción.

         Nuestras diferencias nacen del punto de vista a la hora de afrontar los inconvenientes del tránsito, pues la Junta de Andalucía, representada por el inspector que hablaba, aconsejaba veladamente que Secundaria adaptara a Primaria el nivel de exigencia y la forma de trabajo. Otra vez. A principios de los noventa, cuando nos preparaban para la LOGSE que se cernía, daba la impresión de que los profesores de BUP éramos lo peor que hubiera cogido una tiza jamás. Hoy, veinte años después, parece que tal apreciación no ha cambiado. Quien tal cosa piensa muestra un desconocimiento absoluto acerca de los institutos. No, no somos ogros ni carniceros que, ávidos de carne fresca, afilan los cuchillos cada septiembre, sino profesores que intentan sacar lo mejor de cada alumno y ayudarlo cuanto sea posible.

         En los noventa la Administración organizó una campaña para que bajáramos nuestras exigencias hacia los alumnos. En Primaria fue exitosa; no así en Secundaria. Pero como la realidad, ese tren que imparable nos arrolla, es más terca que una mula, hubimos de bajar el nivel a nuestro pesar, pues uno ara en con los bueyes que tiene.

         Si nos piden que bajemos más el nivel, deberían al menos proveernos de pico y pala, pues lo único que nos queda ya es enterrarlo. Ésta es una palabra proscrita por las autoridades; si la nombras, pasas a ser considerado un profesor cavernícola con el que poco se va a aprender. Sin embargo, me pregunto qué tiene de malo la palabra “nivel”, que significa “grado de aprehensión de conocimientos”.

         He impartido clases en 1º de ESO muchos años y os puedo asegurar que el grado de dificultad es mínimo. ¿Por qué, entonces, hay tantos alumnos que fracasan en ese primer año? Tengo muy claro que un estudiante que supera ese curso sin dificultad tiene asegurado el éxito en niveles posteriores, razón por la cual otorgo especial importancia a ese año del tránsito. Se nos pide que nos adecuemos a Primaria, que trabajemos con unos contenidos asequibles para los alumnos –fichitas, imagino-, que no les exijamos más de lo que dan. Yo creo que el esfuerzo que hemos hecho en Secundaria por adaptarnos va más allá de lo deseable y es ya hora de que Primaria adapte su última etapa al instituto, porque es precisamente ahí donde reside el problema principal, el meollo del asunto: los hábitos de estudio.

         Me pregunto quién gana y qué se gana no exigiendo a los alumnos, no haciéndoles ver que estudiar es su responsabilidad, que una buena formación ahora les abrirá las puertas de un futuro mejor. ¿Gana el niño? ¿Será más feliz por ser más irresponsable o haber aprendido menos? Quizá tenga más horas así para ver la tele o jugar a la Wii. ¿Ganan los padres, los profesores, las instituciones, la sociedad? Mi punto de vista es que nadie gana con este abaratamiento de la Enseñanza.

         Siempre se habla de los problemas de la Secundaria y nadie parece entender que en muchos casos éstos vienen de la Primaria, enmascarados por los buenos resultados. En Secundaria simplemente dan la cara. Porque si un alumno de 1º de ESO no es capaz de entender un pequeño texto de Ciencias Sociales o Naturales que tiene delante, el problema viene evidentemente de atrás. ¿Pero para qué vamos a reformar una etapa que no presenta dificultades a tenor de los resultados?, dirán los políticos. Reformemos la Secundaria para conseguir que los alumnos aprueben y titulen.

         No estoy criticando con esto a los maestros de Primaria; ni mucho menos. Lo reconozcan o no, creo que ellos están padeciendo los mismos males que nosotros, males que provienen de una sociedad que no está sabiendo inculcar responsabilidad a las nuevas generaciones. Por ello, porque creo que todos somos uno aunque trabajemos en distintos lugares, me gustaría proponer un pacto por la calidad, pacto que vincule a los colegios, a los institutos, a los padres y a los alumnos (y a los inspectores si no va a suponer burocratizarnos más aún).

         Nos pueden chantajear, comprar, amenazar, conminar a que aprobemos a los alumnos, lo que quieran, pero nada de lo que hagan servirá para nada, pues el único pacto posible, desde mi punto de vista, debe proponerse como objetivo principal la consecución de unos buenos hábitos de estudio. De técnicas los niños ya están hartos. Se las saben todas, ya que todos los años se las explicamos, pero como no llevan ni una a la práctica, son absolutamente inútiles.

         Los alumnos que presentan mayores dificultades, por retraso educativo, lagunas de aprendizaje, exclusión social, etc.,  tendrán más éxito si aprenden a esforzarse y, al hacer menores los problemas, nos costará menos resolverlos. También los estudiantes que han ido bien en Primaria ganarán. He visto muchos chicos inteligentes y preparados que, por no tener adquiridos unos buenos hábitos de estudio, han ido a menos cada año y al final le mediocridad se ha apoderado de ellos.

         Hagamos que los alumnos trabajen y sepan cuán beneficioso es hacerlo y que en la vida nada se regala, enseñémosles a luchar por y para sí mismos, regalémosles esas herramientas básicas, que sólo se obtienen con el esfuerzo personal, sin las cuales cualquier avance es imposible, y hagamos de ellos personas que en el futuro merezcan la pena, porque Alemania los necesita.

 

 Fernando Rivero 

         En una reunión con inspectores a la que acudí el otro día se trató el espinoso asunto del tránsito de los alumnos de Primaria a Secundaria y se habló de cómo atajar el fracaso que muchas veces significa tal salto. La conclusión a la que llegó el inspector que expuso el tema es que hay que adaptar ambos tipos de enseñanza, puesto que realmente es uno solo, la Obligatoria. Debíamos hacer más fácil el tránsito de uno a otro. De acuerdo en todo. Es un problema serio que urge resolver y es hora de coger el toro por los cuernos, pues cada año que pasa sin atajarlo, habremos perdido muchos individuos de la nueva promoción.

         Nuestras diferencias nacen del punto de vista a la hora de afrontar los inconvenientes del tránsito, pues la Junta de Andalucía, representada por el inspector que hablaba, aconsejaba veladamente que Secundaria adaptara a Primaria el nivel de exigencia y la forma de trabajo. Otra vez. A principios de los noventa, cuando nos preparaban para la LOGSE que se cernía, daba la impresión de que los profesores de BUP éramos lo peor que hubiera cogido una tiza jamás. Hoy, veinte años después, parece que tal apreciación no ha cambiado. Quien tal cosa piensa muestra un desconocimiento absoluto acerca de los institutos. No, no somos ogros ni carniceros que, ávidos de carne fresca, afilan los cuchillos cada septiembre, sino profesores que intentan sacar lo mejor de cada alumno y ayudarlo cuanto sea posible.

         En los noventa la Administración organizó una campaña para que bajáramos nuestras exigencias hacia los alumnos. En Primaria fue exitosa; no así en Secundaria. Pero como la realidad, ese tren que imparable nos arrolla, es más terca que una mula, hubimos de bajar el nivel a nuestro pesar, pues uno ara en con los bueyes que tiene.

         Si nos piden que bajemos más el nivel, deberían al menos proveernos de pico y pala, pues lo único que nos queda ya es enterrarlo. Ésta es una palabra proscrita por las autoridades; si la nombras, pasas a ser considerado un profesor cavernícola con el que poco se va a aprender. Sin embargo, me pregunto qué tiene de malo la palabra “nivel”, que significa “grado de aprehensión de conocimientos”.

         He impartido clases en 1º de ESO muchos años y os puedo asegurar que el grado de dificultad es mínimo. ¿Por qué, entonces, hay tantos alumnos que fracasan en ese primer año? Tengo muy claro que un estudiante que supera ese curso sin dificultad tiene asegurado el éxito en niveles posteriores, razón por la cual otorgo especial importancia a ese año del tránsito. Se nos pide que nos adecuemos a Primaria, que trabajemos con unos contenidos asequibles para los alumnos –fichitas, imagino-, que no les exijamos más de lo que dan. Yo creo que el esfuerzo que hemos hecho en Secundaria por adaptarnos va más allá de lo deseable y es ya hora de que Primaria adapte su última etapa al instituto, porque es precisamente ahí donde reside el problema principal, el meollo del asunto: los hábitos de estudio.

         Me pregunto quién gana y qué se gana no exigiendo a los alumnos, no haciéndoles ver que estudiar es su responsabilidad, que una buena formación ahora les abrirá las puertas de un futuro mejor. ¿Gana el niño? ¿Será más feliz por ser más irresponsable o haber aprendido menos? Quizá tenga más horas así para ver la tele o jugar a la Wii. ¿Ganan los padres, los profesores, las instituciones, la sociedad? Mi punto de vista es que nadie gana con este abaratamiento de la Enseñanza.

         Siempre se habla de los problemas de la Secundaria y nadie parece entender que en muchos casos éstos vienen de la Primaria, enmascarados por los buenos resultados. En Secundaria simplemente dan la cara. Porque si un alumno de 1º de ESO no es capaz de entender un pequeño texto de Ciencias Sociales o Naturales que tiene delante, el problema viene evidentemente de atrás. ¿Pero para qué vamos a reformar una etapa que no presenta dificultades a tenor de los resultados?, dirán los políticos. Reformemos la Secundaria para conseguir que los alumnos aprueben y titulen.

         No estoy criticando con esto a los maestros de Primaria; ni mucho menos. Lo reconozcan o no, creo que ellos están padeciendo los mismos males que nosotros, males que provienen de una sociedad que no está sabiendo inculcar responsabilidad a las nuevas generaciones. Por ello, porque creo que todos somos uno aunque trabajemos en distintos lugares, me gustaría proponer un pacto por la calidad, pacto que vincule a los colegios, a los institutos, a los padres y a los alumnos (y a los inspectores si no va a suponer burocratizarnos más aún).

         Nos pueden chantajear, comprar, amenazar, conminar a que aprobemos a los alumnos, lo que quieran, pero nada de lo que hagan servirá para nada, pues el único pacto posible, desde mi punto de vista, debe proponerse como objetivo principal la consecución de unos buenos hábitos de estudio. De técnicas los niños ya están hartos. Se las saben todas, ya que todos los años se las explicamos, pero como no llevan ni una a la práctica, son absolutamente inútiles.

         Los alumnos que presentan mayores dificultades, por retraso educativo, lagunas de aprendizaje, exclusión social, etc.,  tendrán más éxito sin aprenden a esforzarse y, al hacer menores los problemas, nos costará menos resolverlos. También los estudiantes que han ido bien en Primaria ganarán. He visto muchos chicos inteligentes y preparados que, por no tener adquiridos unos buenos hábitos de estudio, han ido a menos cada año y al final le mediocridad se ha apoderado de ellos.

         Hagamos que los alumnos trabajen y sepan cuán beneficioso es hacerlo y que en la vida nada se regala, enseñémosles a luchar por y para sí mismos, regalémosles esas herramientas básicas, que sólo se obtienen con el esfuerzo personal, sin las cuales cualquier avance es imposible, y hagamos de ellos personas que en el futuro merezcan la pena, porque Alemania los necesita.

 

Fernando Rivero

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Luis 06/21/2013 15:01

¿Y dónde nos dejas a los que bregamos en la Universidad? El pacto tiene que ser total, y es el pacto del sentido común frente al bastardeo de los pillos: en el fondo, una vez más el mal está en la mentalidad de pillos aprovechados.

Antonio Jiménez 06/18/2013 20:13

Efectivamente, Alemania nos o agradecerá

Elena V. 06/15/2013 12:26

Deseo a Prometeo un feliz descanso que debido al esfuerzo realizado ¡ se lo merece! Y es una pena que sea Alemania la que se beneficie de muchos de nuestros jóvenes preparados y que España no sea capaz de ofrecerles trabajos adecuados al esfuerzo realizado en su formación pero hoy por hoy es así. Si dispongo de poco trabajo cualificado ¿no es fundamental para fomentar el conformismo, la mediocridad etc... conseguir que las nuevas generaciones no aprendan? ¿no se marquen grandes objetivos que pasan por la dedicación, el esfuerzo, la voluntad férrea, el amor propio etc....? cuanto más sabes más crítico te vuelves y a la par más curiosidad y afán por aprender tienes pero si es al contrario....... lo dicho felicidades por este año de buenos trabajos!!

Luis Carlos 06/14/2013 15:37

Espero que Prometeo vuelva lo antes posible, con la fuerza del "negro", que es el que vale.

Fernando Rivero 06/14/2013 17:19

Gracias Luis Carlos. Se intentará.