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Vida propia - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Vida propia

      Hace tres años, tras el fallecimiento de mi padre, empecé a escribir un soneto, metro en el que me siento cómodo, pues me gusta encapsular mis poemas en ritmos y rimas marcados. Tenía claro qué quería decir, pero tras la primera estrofa, obligado a transitar por la estrecha senda de la parquedad de palabras, el poema se fue para donde quiso. Escribí otro, un alejandrino -que tiene la estructura de un soneto de catorce, pero en este caso rimando las sílabas decimocuartas y también las séptimas- y el verso también escogió su propio rumbo. No quedé descontento con el resultado en ningún caso, ni decía cosas que no quisiera decir, pero tuve que esperar un año para escribir el poema que buscaba. La elegía, para la que utilicé el mismo metro que Hernández –endecasílabos en tercetos encadenados-, me permitió más libertad, pues, a pesar de tener también una estructura rígida, el número de tercetos lo decidía yo.

      Del mismo modo, algunos de los cuentos de De Prometeo a la Guerra de Troya son poemas en sáfico o trímetro yámbico, pero para las grandes epopeyas, como En busca del vellocino de oro o Los doce trabajos de Heracles, decidí usar el hexámetro dactílico, cuya longitud me ofrecía más espacio para contar tan largas historias. Me ocurrió también con el libro que, al enfrentarme a cada cuento, pensaba qué estructura iba a tener y, con cuatro datos, el cuento salía solo. Era como si tuviera vida propia.

      Con este blog me sucede algo parecido: mi mayor problema es buscar el tema del artículo; una vez elegido, éste viene con facilidad. Es como si al escribir el título, lo citara, lo emplazara a una reunión a la que acudía puntual. Algunos no; algunos no han querido formar parte y otros han dado un giro radical, porque querían ser algo distinto de aquello para lo que en principio habían sido concebidos. Éste es precisamente un ejemplo de lo que digo, ya que en este mismo instante he decidido cambiar su título, Domador domado, por el actual, pues sus derroteros han cambiado a mitad de camino.

      Hace años escuché una idea que me sorprendió: las piezas literarias tenían vida propia, habitaban el nebuloso mundo de lo ignoto hasta que llegaba la mano de nieve que sabía arrancarlas. El poeta Blas de Otero se consideraba a sí mismo un obrero al servicio de la poesía, Bécquer afirmaba que sus musas eran ocho horas delante del papel y Miguel Ángel decía que su obra habitaba dentro de la piedra; su trabajo consistía en excarcelarla. Aunque esto suponga una desmitificación del artista, no le resta ningún mérito, pues no cualquiera puede arrancarlas del mundo que habitan y traerlas al nuestro para disfrute de los demás.

 

 

     El Quijote fue concebido en un principio como un pequeño relato para parodiar las novelas de caballería, tan en boga en aquel tiempo. Sin embargo, el ingenioso hidalgo quiso ser algo más y obligó a su autor a adentrarse en su mundo y escribir la historia entera sin olvidar detalle. El hecho de que Don Quijote viviera y cabalgara La Mancha a lomos de su escuálido rocín antes de que Cervantes lo atrapara con su lazo me pareció al principio sólo una idea bonita. Ahora, sin embargo, asumo esta idea de Unamuno como verdad. Cree el autor que está domando las palabras, doblegándolas a su voluntad, y, sin embargo, son ellas las que lo llevan a él por donde quieren, porque la historia ya está escrita y su trabajo es simplemente darle forma. Más que obrero del verso, el poeta es un alfarero, un caballo que lleva en su grupa a la poesía.

     Una mañana Mercedes entró en la estancia donde Gabriel escribía y encontró a su esposo llorando desconsoladamente. “¿Qué te ocurre?”, le preguntó. “Acabo de matar a José Arcadio Buendía”, respondió un desolado García Márquez. Pobre Gabo, no podías hacer otra cosa, pues su muerte estaba ya escrita de antemano y tú no podías cambiar una historia que ya era así, como la imaginaste. Inventaste lo que ya existía en algún lugar.

     Cuando yo estudié no me gustaba la forma de enseñar Literatura: se le concedía más importancia al autor que a la obra, quizá porque es más fácil enseñar y estudiar la vida de una persona, memorizar sus anécdotas, que hacer un análisis profundo de su obra; pero es ésta la que lo ha hecho sobresalir. No quiero con ello restar mérito a Cervantes, pero lo trascendental es El Quijote, no que aquél perdiera la mano en la batalla de Lepanto.

      No leo a Vargas Llosa porque me cae mal, oigo decir, y Cela era un facha recalcitrante. Neruda y Hernández no entran en mi casa, que eran comunistas. También Byron era un aristócrata mimado. Lo que debe hacer un lector es leer la obra, no acostarse con el autor. Y si ésta es buena, es buena, independientemente de la afinidad que sintamos hacia su creador. Lo contrario nos condena a desdeñar Mazurca para dos muertos. Esto no debe obligarnos a leer a Ussía o a Vizcaíno Casas, porque en este caso infumables son tanto autores como obras, o esta otra chica a la que un día alguien dijo que era escritora, Lucía Etxebarría creo que se llama.

     Yo me quito el sombrero ante muchos de los que han consagrado su vida al arte y creo que les debemos estar eternamente agradecidos por las obras que nos han dejado, pero, sin restar un ápice de mérito a los autores, más que Homero me importan La Odisea y La Ilíada, más La Barcarola que Neruda, Te amaré y Hey Jude, más que Silvio o que los Beatles.

Fernando Rivero García

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blasrivero Blas rivero 10/01/2014 04:25

Como siempre bien construidi , prepaarado llenéndonos de saber siempre.. Cela regular, lo he leido casi todo. G. Marquez.., <<<<<<<<<<<<<<<que quieres que te diga, nada extrañar que ni al Coronel naduie escribiese, C, Bonlas un peñazo.,La vida a nuestra edad requiere más de sonris<as que de que de sobresaltos e inquietudes aunquesean literarias, por ello . alguna que otra vez me rio con A. Usia y su colega. Como siempñre y recordando a mi hermanoUn Beso

Luis 09/22/2014 22:21

A eso aludía el motivo antiguo del "poeta tocado por las musas": el pobre Hesíodo descabezaba una siesta cuando las musas lo tocaron con su rama y lo convirtieron en un vate, con su particular naturaleza sagrada: por su mano salía hacia los hombres la voz de los dioses.

Fernando Rivero 09/22/2014 22:36

¿Qué tal por París?

Ana R 09/22/2014 12:50

Algo así dice también este genio: http://www.literatura.us/cortazar/delcuento.html