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El gusto por lo bien hecho - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

El gusto por lo bien hecho

      Últimamente discuto mucho con mi amiga Elena Villalobos, profesora de Economía en mi instituto, acerca de la competitividad en las empresas, que ella considera positiva porque busca ofrecer la mejor calidad al menor precio. En la teoría esto es admirable, pero en la práctica sabemos que supone abaratar costes pagando mal a los trabajadores y aumentar su eficiencia haciendo que trabajen más. Las grandes empresas no se deslocalizan para ofrecer un futuro mejor a los nuevos países productores, sino para producir por muy poco dinero, véndase luego al precio que se venda. Es el caso, por poner un solo ejemplo, de Deƨigual, que fabrica la ropa en Marruecos y la vende luego en Europa a un precio diez o veinte veces mayor. En el mismo saco podríamos meter todos esos productos fabricados en China o Corea en condiciones poco ventajosas para los trabajadores. Como ya escribí un artículo sobre ello, no me extenderé más.

      Pero, aparte de lo anterior, hay dos formas distintas de vender los productos, es decir, de presentarse ante la sociedad y el mercado: el engaño y la honradez. En efecto, hay empresarios que piensan que el cliente es idiota e intentan darle gato por liebre. Los fraudes para mí más evidentes son el del bar que no cobra la consumición barata y, sin embargo, te da algo que no tiene nada que ver con lo que dice la etiqueta, el llamado garrafón, las empresas de suministros que sangran a los ciudadanos en connivencia con el poder político, o el taxista que engaña al turista dando rodeos en la ciudad desconocida. Lógicamente, no estoy haciendo esto extensivo a todos los bares, ni a todos los taxistas, sino poniendo ejemplos de mal hacer.

      A mí me parece política torpe y de estrechas miras. Cerca de mi casa hay una pastelería que tiene tiendas por toda la ciudad y hace un pan bastante bueno. Pues bien, en Semana Santa, época en que toda Sevilla y parte del extranjero se concentra en mi barrio, comienzan a hacer un pan de cuestionable calidad. Al preguntarles por qué, me contestan que, claro, en esa época venden mucho más y hay que abaratar los costes. Es decir, que ahora que te conviertes en tu propia plataforma publicitaria sin que te cueste dinero, ahora que puedes mostrar a la ciudad entera la excelencia de tus productos, los ofreces de ínfima calidad para ganarte unos euros; y encima te creerás listo.

      He recordado este ejemplo porque, afortunadamente, toda moneda tiene dos caras y también existe el empresario honrado que mima sus productos y se enorgullece de ofrecer siempre la máxima calidad. Hace poco estuve en Aracena, bellísimo pueblo de la hermosa sierra de Huelva. Después de visitar la Gruta de las Maravillas, fuimos a una pastelería que había cerca, Gran Vía se llama. Pedí un palo de nata y de repente mi memoria viajó, instintiva y deseosa, hacia los sabores ya extintos de mi infancia, cuando comprábamos en Aldeanueva y Zarza la leche de vaca y yo iba acumulando la deliciosa nata que nacía mágica y misteriosa después de hervirla. Le daba mi toque maestro con azúcar generosa y sabía que no eran sólo los dioses los que tenían derecho a la ambrosía. Como dice mi amigo Míchel, uno de esos sabores con los que se te enrisan las patillas, sabores ya olvidados gracias a la optimización de los recursos, palabro insoportable que esconde en muchos casos el fraude del uso de materias primas de baja calidad. Pues bien, gracias a ellos he podido recuperar uno de esos sabores tan añorados, una nata que sabe a nata. Probamos pasteles de muchos tipos y el resultado fue el mismo, si bien es cierto que el tocino de cielo sabía más a cielo que a tocino.

      Ese día dejé de ser agnóstico: Dios existe y vive en un pastel. Es mi nueva religión, aunque sé que la tengo que elaborar un poco más si quiero ser su profeta, profundizar en los aspectos filosóficos y metafísicos e inventarme algún milagro. Algunos de los trabajadores de Gran Vía serán mis sacerdotes y pitias, Don Rafael mi San Pedro. De entre mis lugartenientes celestiales contaré, cómo no, con Nicolás Appert y Gail Borden, inventores de la leche condensada. Para Henri Nestlè nada, debido a la mucha maldad con que su compañía se está comportando en América. Bueno, quizá sea mi ángel caído o mi Escrivá de Balaguer. Ya sólo me queda resolver el pequeño asunto del Más Allá, que tanto gusta.

      No, no soy comisionista, ni siento gran placer haciendo publicidad gratuita, pero confío en el boca a boca como medio más veraz y altruista. Creo sinceramente que el trabajo bien hecho se merece un pago más allá del dinero, quizá una mención especial, hablar de su excelencia. En este mundo mediocre que nos ha tocado vivir, donde todo es medianía, para mí es un placer hablar bien de alguien que se dedica a hacer las cosas bien simplemente porque cree en ello.

      Por tanto, considero que si alguien viaja al sur y no visita la Sierra de Huelva y sus maravillosos pueblos -Fuenteheridos, Castaño del Robledo, Galaroza, Cumbres Mayores, Aracena…-, estará cometiendo un gran pecado, mayor aún si los visita y no se da una vuelta por ese umbral del Cielo que hay cerca de la gruta.

Fernando Rivero

 

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Elena 02/21/2013 19:30

La materia prima la tenemos, la inventiva y el saber hacer también pero el sembrar hoy para recoger mañana es otra cuestión "más vale pájaro en mano que cientos volando" no vale para todo, no desde luego si queremos perdurar en este entorno tan competitivo donde la excelencia debería entenderse como sinónimo de calidad y buen hacer y eso, amigo mio no encaja con la mayoría del pensar popular.

Fernando Rivero 02/21/2013 19:31

Por fin vamos estando de acuerdo, Helencita.

Lola García 02/21/2013 17:43

Nando, eso no se hace. Después del cólico de hace dos días estoy a dieta de Aquarius y me vienes con esto! También se te ha olvidado mencionar los palos de nata de Utrera, de los que algún que otro recuerdo bueno os queda, estoy segura.

Fernando Rivero 02/22/2013 17:36

Es verdad, aunque lo que yo más recuerdo de tu época de Utrera son los brazos de representante de etnia gitana. (Hay que decirlo así, ¿no?)

Luis 02/20/2013 14:01

Aunque no soy goloso, entiendo y comparto tu satisfacción y tu deseo de reconocer el buen trabajo. Debería ser obvio, pero no me parece inoportuno recordarlo. No entiendo, sin embargo, que en la relación de paraísos de la Sierra de Huelva hayas relegado a los puntos suspensivos las maravillas de Alájar y -sobre todo- Almonaster.

Luis 02/20/2013 20:17

No me seas extremeñuco y sigas barriendo para casa, que así llegas a nuestros pueblos. Quedémonos en el elogio de la Sierra de Huelva, que también lo merece.

Fernando Rivero 02/20/2013 15:37

Creo que la publicidad más creíble es aquella con la que el que la hace no gana nada. Por otro lado, sé que se han quedado fuera pueblos preciosos, pero qué le vamos a hacer, son tantos... También podríamos subir un poco hacia el norte y hablar de Fregenal de la Sierra, Segura de León, Higuera la Real , Jerez de los Cabelleros, Zafra...