contador de visitas
>Licencia de Creative Commons
This obra by Fernando Rivero García is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.
Concentración de Poder - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Júpiter, Neptuno y Plutón. Caravaggio

Júpiter, Neptuno y Plutón. Caravaggio

      Pues sí, muchos ángeles y arcángeles hay, mucho San Pedro, pero, en definitiva, la voz que decide es una, omnipotente voz de quien todo lo sabe. Y si alguien osa disputarle el Poder, si alguien desea que sus pensamientos sean tenidos en cuenta, se convertirá en ángel caído y habrá de probar las hieles del infierno y transformarse en el espíritu del mal.

      En la Mitología Griega, que no dejaba de ser otra religión en la que sus fieles creían a pies juntillas, todo estaba mucho más repartido. Cierto es que Zeus y Hera dominaban los cielos y, por tanto, todo cuanto existe. Pero ellos no estaban allí desde el principio –eran la tercera generación de dioses- y su ascenso al Poder no llegó por batallas ganadas por ellos solos, sino que fueron los hermanos olímpicos aliados los que vencieron a la generación precedente, sus padres y tíos, los titanes. Así el Poder quedó repartido entre todos, incluidos los hijos aún no nacidos de Zeus. Posidón dominaba el proceloso mar y los sinuosos ríos, hijos de Océano y Tetis, todo lo que fluye y empapa; la primogénita hermana, Hestia, era la diosa del hogar, la que no consentía que se extinguiera la llama que alumbra y calienta. Deméter, la ultrajada, era la fértil diosa de la tierra cultivada; Hera, la del sagrado matrimonio, además de dominar el cielo junto a su casquivano esposo; y para Hades, el mayor de los varones, quedaron reservadas las tinieblas, lúgubre destino de los muertos, reino que compartía durante las estaciones frías con su esposa Perséfone, hija de Deméter. Los hijos divinos de Zeus también obtuvieron su parte: el délfico Apolo fue el dios de la luz –de hecho comparte apodo, Febo, con Helios, el radiante Sol-, la música y la poesía, siempre ayudado por las Musas del monte Parnaso; su gemela arquera, la casta Ártemis, era la diosa de la caza; Hermes de aladas sandalias, el ingenioso, además del heraldo de su padre, era el dios de los viajeros, la virilidad y los ladrones; la voluptuosa Afrodita era la diosa del amor y de la belleza; Dioniso, siempre acompañado de su séquito de sátiros y bacantes, era el dios del vino y del desenfreno, del ensueño y del deleite; el contrahecho pero fortísimo Hefesto era el dios del fuego y de la forja; Hebe, la escanciadora de ambrosía y futura esposa del Heracles ya divinizado, era la diosa de la juventud; y, cómo no, la casta y justa Atenea, la idolatrada en tantas polis, era la diosa de la justicia, la sabiduría, la agricultura, el bordado y la guerra razonada; del vulgar Ares no tengo intención de hablar, que me recuerda a demasiados Hitlers, Bushes y Francos, un personajillo de tres al cuarto. De él sólo quiero decir que en sus constantes luchas contra su sabia hermana, siempre resultaba vencedora Atenea.

      Pero de todos ellos yo me quedo con Prometeo, el titán rebelde.

     Si bien Zeus dominaba en última instancia sobre todas las cosas –el rayo quemante siempre amedrenta, como bien sabe Faetón-, el Poder estaba bastante descentralizado e incluso había fuerzas superiores a él. De hecho, Afrodita le puso en algún aprieto al enamorarlo de quien no debía. También había deidades más antiguas que él, divinidades ante cuyo poder él no podía imponerse: las Parcas, que tejían el hilo de la vida y decidían cuándo cortarlo; y las Erinias, pesadilla de Orestes, que no dejaban crimen sin castigo y vengaban cualquier afrenta, sobre todo las cometidas contra los ascendientes. Nada podía Zeus contra el Destino, si acaso suplicar, como hizo en el caso de Admeto.

     Muchas historias os podría contar, muchos mitos y leyendas, mas por eso ya cobro; diez euros nada más, más bien algo menos. Un bello regalo para cualquier compromiso. Además, haciendo gala de su tremenda visión comercial, Alianza Editorial lo diseñó con hechuras tales que resulta perfectamente apilable y ocupa poco lugar. No tengáis miedo de comprar cincuenta o cien, cada uno, que lo hicieron de papel, material imperecedero al tiempo que degradable, y así no tendréis que pensar qué regalar durante los próximos años, ni miedo tendréis a que se agote.

      Bromas aparte, creo que debemos conocer las culturas que sirvieron de base a nuestra civilización, tanto la grecolatina como la judeocristiana. Si leemos el Antiguo Testamento, nos percataremos de sus diferencias con la Mitología Griega –el poli o el monoteísmo- y de sus muchas similitudes de diluvios, hombres naciendo del barro o de las piedras, plagas y males, heroicidades, mares que se abren y sequías o inundaciones traídas por un tridentazo, más imaginativa y divertida, eso sí, la griega que la judía.

      Lo que me llama la atención es que tres mil años después otorguemos a aquélla la categoría de bella creación literaria, falaz pero verosímil –como ha de ser la buena literatura-, y pensemos en ésta como Religión, como Verdad Absoluta y fiel reflejo de cuanto aconteció. Ni a una ni a otra resto yo mérito: crear la cosmogonía, dar una explicación válida para el origen del hombre y del universo y de cuanto en él acontece utilizando para ello sólo los sentidos y la imaginación es algo loable, inventar tal cantidad de historias de belleza exquisita y saber trasmitirlas de generación en generación por vía oral es digno de admiración y de respeto. Pero ahí me quedo, en el disfrute de tal belleza; para explicaciones plausibles acerca del origen y la evolución del universo me voy a la Ciencia, que parece haber avanzado más que la Religión y ofrece razonamientos acertados y demostrables. Para creer prefiero la razón a la fe.

Fernando Rivero García

Comentar este post

Francisco Javier Gil Ruiz 05/18/2015 09:47

Vive Zeus que debemos de tomarnos una cerveza y debatir de este tema, porque es a ti a quien debo la casi insana obsesión por la mitología (especialmente griega, quiero empezar con el panteón Asgardiano). Lo único que quiero reseñar sobre el artículo, excelente, como todos los leídos y por leer, es lo acertado que has estado en que las batallas no las libraron Zeus y su esposa solos, pero tampoco fue cosa exclusiva de la tercera generación de Dioses, al menos durante la gigantomakia (no sé ponerlo en cursiva) ya sabes a qué me refiero. También me he percatado de que has comparado a Ares con Bush, y cualquiera que asista a una de tus clases conoce tu opinión sobre el susodicho, y aunque esté de acuerdo, "La Teogonía" de Hesíodo muestra a las divinidades de la 3º Generación como cada una de las partes (a mi modo de ver) de las personalidades humanas, a fin de cuentas, en "La vida cotidiana de los dioses" se muestra lo humanizados que están los dioses. Con esto te quiero decir que deberías haber comentado un poco, en mi opinión, de Ares, un dios que, aunque despierta muchos sentimientos no muy buenos, no deja de ser el reflejo de una humanidad que va a la guerra por motivos estúpidos, algo, desgraciadamente, muy común desde el albor de los tiempos. De nuevo, decirte que está genial.
Como siempre, un abrazo bien fuerte.

Luis 03/02/2015 16:01

Cuidado con el final, porque de "creencia" o "fe" está llena la ciencia, y "Ninguna fe es inocente".