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De amicitia - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

De amicitia

      Al contrario que Luis Alberto de Cuenca, no creo que la nostalgia sea un burdo pasatiempo. Cuando echamos la vista atrás y damos un paseo por los tiempos que se fueron o repasamos en los álbumes las viejas fotografías –antiguas caras y lugares que otrora fueran el pan de cada día-, cuando hacemos esos imprescindibles repasos por nuestra vida, hechos que se aferran indelebles e imperturbables a nuestra memoria, nos damos cuenta del valor de las personas que un día recorrieron con nosotros los tortuosos caminos. Y más aún el de esas personas que aparecen desde la primera hasta la última imagen de nuestra historia. No podemos desvincular quienes somos de aquellos que fuimos, de cada reflexión, cada triunfo o cada fracaso, cada sentimiento que se grabó a fuego en nuestras entrañas, o bien aquel que entró tímido sin ser visto, pero en el mismo lugar encontró cobijo. Aquellas cosas que se aprenden sin artificio son las que por más tiempo permanecen en la memoria. Pero resulta también impensable desligar aquellas cosas de las personas que con nosotros las vivieron. Cómo no va a quedarse para siempre quien soportó en la misma sala de espera de la UCI la misma noche interminable que tú sufriste, o quien contigo brilló aquella otra corta noche cargada de alcohol y de palabras –las noches imborrables son cortas por definición-, aquellos largos veranos en que el tiempo no existía porque de él estabas ahíto y tenías toda la vida por delante, aquellos días fantásticos de mus y de agua, aquellas noches más largas que los días en las que todo podía suceder, y nada malo… aquellos viajes, siempre iniciáticos, por carreteras secundarias en los que aprendimos a ser personas y a deleitarnos con los placeres inmediatos y universales, tan asequibles como el espectáculo de un amanecer o de un crepúsculo, la tachonada bóveda celeste amparando nuestro sueño.

       De cuantas cosas me han ocurrido a lo largo de los años, aquellos viajes con nuestras pequeñas motos o nuestros coches viejos, con tanto dinero que una cerveza se antojaba lujo, aquellos viajes ilusionantes en los que el camino decidía el destino, y no al contrario, son de las más importantes vivencias que he tenido la suerte de poder cargar en mi maleta, aquellas de las que estoy más orgulloso y agradecido, las que, sin duda, conformaron mi ser, aquello que soy hoy.

      Eran partes de un todo, los indispensables e indisolubles reverso y anverso de la misma moneda que juntos se complementan y dan sentido mutuamente. Por ello, me es imposible pensar en mi pueblo sin los viajes, ni en los viajes sin ese motor de arranque, esa plataforma que es Aldeanueva. E impensable resulta no asociar ciertas caras y nombres a aquellas vivencias que la vida me regaló. Quiero agradecer a mis padres que, en aras de una libertad todavía valorada y deseada, nos permitieran vivir la vida de esa forma libérrima bastante antes de que la mayoría de edad llamara a nuestra puerta. Now the times they have a-changed, unfortunately.

       La noche que la conocí, en diciembre del ochenta y ocho, asombrada me dijo: “vaya, algunos hace más de un año que no os veis y parece que os hubierais despedido anoche”. Así es, querida, y tú formas parte de aquello desde entonces. Yo no creo en la amistad ad hoc ni en la que precisa lugares y tiempos similares y concretos, esa flor tan frágil que hay que estar cuidando a diario para que no desfallezca, sino en aquella que siempre te sonríe, aunque os separen abismos de tiempo o de distancia, porque el otro sabe que estás ahí sufriendo por sus decepciones o alegrándote de sus triunfos, igual que lo sabes tú.

       Siempre me he sabido mover en las apacibles aguas de la nostalgia, siempre me he deleitado rememorando lo pasado, lo que no significa quedarse anclado en el tiempo. Del mismo modo que el futbolista camina hacia atrás para tirar mejor una falta, es bueno que afiancemos nuestros pasos futuros sabiendo quiénes somos y quiénes fuimos. Me gustan las películas diacrónicas, las que, como Érase una vez en América, My family o El año que viene a la misma hora, te cuentan la historia de toda una vida, la evolución y las marcas que ésta va dejando en las almas y los rostros de los personajes. Por eso, hace unos años se me ocurrió hacer algo entrañable con mis amigos ancestrales: escribir un anecdotario en el que unos y otros íbamos narrando las divertidas chanzas y andanzas de otro tiempo. Escribirlas y leerlas significó para mí estar a la vez en Aldeanueva y en mi estudio, en mi soledad y con mi gente al mismo tiempo.

       También Fregenal, Triana y Sevilla me han regalado valiosos amigos. Con unos hice aquel viaje a Grecia que se convirtió en leyenda indispensable en mi vida, distintos actores pero la misma ilusión y penuria que en los otros. Con otro me ocurrió una de esas cosas bellas, raras e inexplicables: el día que me lo presentaron, en el mismo instante de fundir nuestras manos en un saludo, supe, no sé por qué, que iba a ser amigo entrañable de por vida, como ha sido y será.

      La vida y el trabajo me han llevado por muchos lugares diferentes y en todos he conocido personas que merecían la pena. Unas fueron, otras no; unas se quedaron, otras se fueron, que si hay algo que debe darse en libertad es la amistad, pero todas las que fueron, las que un día sí se convirtieron en algo importante, dejaron su poso y su huella indeleble.

       Es bello poder contar con personas con quienes recorrer nuestro camino, esas que nunca dicen “aquí estoy” o “para lo que haga falta”, porque cuando es de verdad, no es necesario decirlo, las que jamás te hacen favores de ida y vuelta. Ya decía Séneca que debemos hacer los regalos y los favores de tal manera que el regalado o el favorecido no se dé cuenta, sin aspavientos, sin ese me debes una tan infame. En mi memoria no hay constancia –y rara es la cosa que yo no recuerde- de que nadie me deba nada, porque si algo he hecho por alguien alguna vez, lo he hecho voluntariamente y con placer, ganando, por tanto, más que perdiendo o gastando. Nadie puede decir que le exigí o pedí el retorno de un favor, ni siquiera aquellos individuos que acabaron traicionándome dirán, sin mentir, que les recordé que una vez los había beneficiado. La merced como moneda de cambio la dejo para las almas grises. Si he de ser sincero, mi memoria es débil con los favores que hago, mas portentosa con los que me hacen.

        A mis amigos los convierto en parte de mí mismo y les reservo los más sagrados pliegues de mi alma; por eso no puedo tener muchos. No penséis, pues, que por no creer en Dios no soy creyente, que yo creo en mis amigos.

Fernando Rivero García

Notas:

  • No he querido mencionar a ningún amigo, ni de antaño ni de hogaño, para no tener que nombrarlos a todos.
  • Hoy tenía la necesidad de escribir un texto bello y positivo. La semana que viene sabréis por qué.

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Jose Maria 06/01/2015 12:36

Fernando, como me siento parte de tu comentario, pego aquí el poema de Martínez Mesanza por si alguien tiene la suerte de no conocerlo y lo descubre gracias a tu blog

De amicitia

Si tuviese al justo de enemigo,
sería la justicia mi enemiga.
A tu lado en el campo victorioso
y junto a ti estaré cuando el fracaso.
Tus palabras tendrán tumba en mi oído.
Celebraré el primero tu alegría.
Aunque el fraude mi espada no consienta,
engañaremos juntos si te place.
Saquearemos juntos si lo quieres,
aunque mucho la sangre me repugne.
Tus rivales ya son rivales míos:
mañana el mar inmenso nos espera.

Un abrazo

Fernando Rivero 06/01/2015 13:29

Siempre me gustó ese poema, sobre todo el verso que dice "tus palabras tendrán tumba en mi oído".

Luis 05/25/2015 13:12

¿Qué puedo decirte, Nando, que tú no sepas? La foto misma que has elegido demuestra hasta dónde comparto tu sentimiento.
Un abrazo.
P.S.: mi hijo se sorprende de vernos viajar sin casco. ¡Qué poderoso se ha ido haciendo el Big Brother! (la maldición sea siempre con él).

Fernando Rivero García 05/25/2015 16:36

Desgraciadamente, ésa es una foto inconcebible en estos días. ¿Te acuerdas cuando algo más adelante nos cruzamos con la Guardia Civil parada y con no mirarlos nos libramos de la multa? Sería justo decir que en la Sanglas iban delante Arturo y Juanjo, que fue quien hizo la foto.

Jose Ignacio 05/25/2015 13:04

Hermoso.

Gracias Fernando, me ha emocionado y hecho disfrutar.
Un abrazo sincero.

José Ignacio

Fernando Rivero García 05/25/2015 16:33

Me alegro. Gracias a ti, por todo.

Francisco Manuel Pinto Poza 05/24/2015 15:30

Lo mejor que he leido en mucho tiempo. Como siempre, GRANDE FERNANDO.

Fernando Rivero García 05/24/2015 16:35

Muchas gracias, Francisco Manuel.