contador de visitas
>Licencia de Creative Commons
This obra by Fernando Rivero García is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.
La Europa que todo lo quiere - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

La Europa que todo lo quiere

Reconozco que soy profano en eso de la economía y, dado mi interés por estos asuntos, me temo que voy a seguir siéndolo. Oigo hablar de la prima de un tal Riesgo y tan sólo he sacado en claro que es una pájara de cuenta, muy dada a coronar las cumbres más altas. Mis conversaciones e intereses van por otros derroteros. Ahora veo a los demás, que tienen la misma idea que yo respecto a este tema, hablar como auténticos expertos, repitiendo lo que oyen a los tertulianos. Las modas y los lugares comunes, ¡qué le vamos a hacer!

No obstante, hay un tema económico que me preocupa mucho, algo que tiene que ver con las matemáticas y el sentido común y da la impresión de que no se ha meditado lo suficiente sobre ello. Hemos dado por bueno que los productos se elaboren en otras latitudes y Europa, al menos la meridional, apueste por el sector servicios. ¿Y eso cómo se come? Estamos acostumbrados a ser los niños bonitos, los privilegiados en un mundo de hambre, y apoyamos eso en una fuerte estructura económica. Sin embargo, si permitimos que todo se elabore en Asia, ¿de qué vamos a vivir? El sector servicios mueve la riqueza que se crea, pero si no producimos nada, lo llamaremos sector servicios porque acabaremos limpiando las letrinas de los chinos.

Europa y su voracidad hiperconsumista ha demostrado que lo quiere todo, y una estupidez sin límites, por cierto. Queremos tener todos los derechos –yo el primero-, sueldos dignos, treinta y cinco horas de trabajo a la semana, seguro por desempleo o enfermedad, jubilación… pero optamos por adquirir artículos que se elaboran en países donde nuestras treinta y cinco horas semanales las trabajan cada día, percibiendo un salario ínfimo y sin prestaciones. Europa ha demostrado ser solidaria con sus trabajadores, mucho más que Estados Unidos y muchísimo más que los países ahora productores, y muy estúpida al no apoyar a sus empresas. Queremos tener derechos pero comprar barato, comprar fruta de fuera mientras la nuestra se pudre en el árbol.

Se me puede rebatir diciendo que éste es argumento de alguien que no tiene problemas para llegar a fin de mes. Piensen que quizá provenga de alguien que si necesita uno, no se crea la necesidad de cinco y compra sólo uno. Aparte del daño que está haciendo a nuestras almas y al planeta con sus residuos, el hiperconsumismo se ha vuelto en contra de nuestras propias economías. Necesitamos comprar compulsivamente y para poder comprar más buscamos artículos más baratos, es decir, fabricados en países donde los salarios son míseros, lo cual provoca el estancamiento, cuando no la caída, de nuestras propias empresas. Un auténtico sinsentido. Si consiguiéramos que el coche nos durara diez o quince años, arregláramos las cosas cuando se estropean, en vez de tirarlas y comprar un modelo más moderno, y no tuviéramos tantas, quizá sí podríamos adquirir lo que nuestras empresas hacen.

Ésta no es una visión localmente proteccionista ni chovinista, aunque sí protege una forma de vida y unos derechos. La globalización ha supuesto de facto una ventaja para las grandes empresas, que pueden vender y comprar donde quieran, y para esos países que, imponiendo fuertes aranceles, se encuentran luego las puertas de Europa abiertas. Lo que planteo excede la legalidad y no parece ser políticamente correcto –al menos ningún político lo expresa-, pero como consumidores sí tenemos la fuerza para cambiar las cosas.

Si queremos conservar nuestros derechos y prestaciones sociales, creo que debemos beneficiar a nuestras empresas, las que pagan un salario digno, fundamentalmente a las PYMES, que son las que dejan el dinero en el país, en la ciudad, en el barrio. ¿De qué nos sirve que Carrefur gane tanto dinero, si en menos de veinticuatro horas éste ya está fuera de España, y a cambio muchos negocios familiares han tenido que cerrar sus puertas? No es cuestión de poner la etiqueta de empresa española o europea, porque si dicha empresa elabora sus productos con mano de obra barata, e incluso infantil, estamos en las mismas. Compras un coche europeo pensando que estás apoyando en última instancia nuestros derechos y no sabes que gran parte de sus componentes están realizados en Asia o, lo más aberrante, productos típicos de una comarca para los cuales buscan la materia prima en otras latitudes, mientras las plantaciones de esa zona dejan de ser rentables.

Echo de menos una lista fiable, al alcance de cualquiera, de empresas europeas que buscan esa mano de obra regalada y se beneficien al mismo tiempo de nuestro consumo y de exenciones fiscales en nuestros países. Y creo que debemos ser radicales en esto: no comprar productos de empresas que se deslocalicen total o parcialmente y en general de aquellas que se gastan poco en mano de obra, que es en definitiva lo que mueve el mundo.

El Imperio Romano cayó por la negligencia de sus propios políticos y la avaricia y adocenamiento del pueblo, que pensaban que el pan nunca faltaría. ¿No da la impresión de que estamos reviviendo un momento igual en Europa?

Fernando Rivero

Comentar este post