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This obra by Fernando Rivero García is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.
Elegía - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Un año ya he vivido sin tu aliento,

tiempo triste de duelo y de pesar

que sobre mí se cierne espeso y lento.

 

Temo que sólo queda recordar,

dejar que a su albedrío mi memoria

navegue por tu vida y al azar

 

los pétalos deshoje de tu historia

y la ilumine, anhelos y añoranzas,        

para sentirte aquí, ansia ilusoria.   

 

Mas no seré quien narre tus andanzas

-aquello lo hizo ya la experta mano

con cuya voz filial tu cielo alcanzas-:

 

traer al verso quiero al ser humano,

mostrar al universo la grandeza

del hombre, padre, hijo, esposo, hermano,

 

pues ver supimos todos la nobleza

del alma generosa que sabía

que amar es el camino a la belleza.

 

Por ello te impusiste como guía,

siguiendo las palabras de Machado,

la consciente bondad, la bonhomía,

 

honor sin grandes voces proclamado,

amor que llameaba en tu mirada,

pudor para ser astro venerado.

 

Eras higuera recia enamorada

del barro, de la tierra crepitante

-profundo la raíz su seno horada-;

 

árbol que daba sombra al caminante,

olor, cobijo y fruto en el estío,

que no quiso ser grande y fue gigante.

 

Eras trémula gota de rocío,

furor de viento en los otoños rojos,

prado apacible, torrentoso río.

 

Jamás te vi sumiso ni de hinojos,

mitad mirada estoica, mitad brava:

rugiente mar en calma de tus ojos.

 

Tu boca de agua fresca dibujaba

la risa de tu humor inteligente,

la comisura escéptica que daba

 

a tu rostro ese aspecto disidente,

huraño como águila en el cielo,

entrañable baluarte de tu gente.

 

Aquella noche aciaga alzaste el vuelo,

maldita noche huérfana de luna,

de dicha, de razón y de consuelo:

 

odio la veleidad de la Fortuna

que a Tánatos llamó sin anunciarte

tu viaje sin regreso a la Laguna

 

y a los Elíseos Campos, donde parte

tu alma heroica y sabia, cuyo hilo

sesgó la vieja Parca para amarte.

 

Quiero tenerte cerca y no vacilo

en buscarte en las brumas de la noche,

inquieta el alma, el corazón tranquilo,

 

que no puedo vivir sin tu derroche

de sencillez, amor e inteligencia,

tu espíritu sin odio ni reproche.

 

Tu docto magisterio fue la herencia

más preciada, la única que quiero,

la que tenaz reclamo con vehemencia,

 

pues todo queda en mí, soy heredero

del nombre más cabal, el más hermoso:

el célebre Maestro Luis Rivero.

 

Llegó la hora amarga, el doloroso

adiós sin despedida, consumido

                el cuerpo en humo, en polvo silencioso.

 

Mas si bien nuestro tiempo ya se ha ido,

has de saber que nunca, amor alado,

te atrapará la Silla del Olvido,

que vivirás por siempre a nuestro lado.

 

Fernando Rivero

Elegía

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Luis Carlos 02/16/2013 17:35

Un bello poema, muy sentido, de aire hernandiano. Felicidades, Nando. Luis Rivero Alvarado estará orgulloso de ti.

Fernando Rivero 02/17/2013 08:03

Muchas gracias, Luis Carlos, por tus palabras, que llegan al alma por ser vos quien sois.

Pedro Luis 11/16/2012 00:05

Emocionante Poema, lleno de Amor y de un Recuerdo lleno de agradecimientos y admiraciones; a la vez que de nostalgias, que se asientan sobre esa irreparable pérdida.
Como decía François Mauriac:
"La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente".