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Cuatro palabras - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Cuatro palabras
“Le guiñó el ojo la vida, llegó la suerte y todo le sonreía; mas, envidiosa y mezquina, tras ella vino la muerte a arrebatarle la vida de quien él tanto quería”.

Llegó la terrible hora del adiós. Desde niño ése había sido su momento más temido, el más inconcebible y angustioso. Cuatro palabras sólo, sólo cuatro, y el mundo ya no gira: no amanece el nuevo día. Cuatro palabras y, de repente, el suelo huye de sus pies y cae al abismo, flotando al mismo tiempo en simas de sueño e irrealidad. La vida sigue después de las palabras, pero él baja, estación improvisada, pues ese tren ya no es el suyo y ni el camino ni el destino le interesan, ni el rumbo ni la meta. Cuatro palabras y su pasado cae a plomo sobre él, recordándole que ya sólo es recuerdo, que su mundo se acabó. Se cumple esa rara paradoja de “peor cuanto mejor”; cuanto mejor fue el padre, peor se siente el hijo tras su marcha.

Cuatro palabras sólo y unas horas, y el cuerpo ya no es cuerpo, sino polvo, ceniza que al viento vuela buscando sus arraigos. Y él mira y dice “Aire, ¿también tú, que das la vida, la mía me arrebatas con tu veleidad? Aire, odioso por formar parte de un todo tan severo”. Todo le estorba, todo lo que le haga sentir bien, pues no quiere reír si no es con él. Cuatro palabras y otra pena: el tiempo que no le dedicó.

Tras cuatro palabras muere el hijo y queda el padre. Es triste ver cómo se esfuma, volátil, ese sentimiento de polluelo, de hijo amparado por su padre. Ya sólo queda él, padre que ampara.

Cuatro palabras y ya sabe que nadie le hablará del Lazarillo, Don Quijote o de Quevedo; ya nadie de la Historia y sus actores. Se le murió Galdós con la marcha de otro padre y hoy la vida lo remata. Se da cuenta de lo mucho que en él su padre habita, de lo dentro que lo lleva, y ahora es él quien habla al hijo.

Cuatro palabras sólo y la luz se apaga. Se levanta cada día pensando que el mundo es un lugar mejor por ser y estar él dentro; mas no amanece igual, pues quien lo hacía mejor se ha ido del mundo.

Sólo cuatro palabras, cuatro sólo, dichas en el tono menos cálido y más neutro. Sólo cuatro palabras, “Este señor ha fallecido”, y su propia vida lo abandona.

Fernando Rivero

Cuatro palabras

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