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Soy Prometeo - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo

La adversidad de Prometeo. Rubens. 1611-12. Museo de arte de Philadelphia.

La adversidad de Prometeo. Rubens. 1611-12. Museo de arte de Philadelphia.

      Soy Prometeo, el hijo de Jápeto y Clímene, ardientes titanes de rubios cabellos que Urano, su padre, encerró sin piedad en el Tártaro amargo. Destino mejor no tuvimos sus hijos: Atlante, mi hermano, sufrió la aversión del tirano –Tonante de pérfido rayo- y se vio confinado (aún anda así el pobre) en las tierras de Libia lejana, Marruecos las llaman, muy cerca del áureo jardín de doradas manzanas que cuidan sus hijas, las bellas Hespérides. Su rebelión pagaría mi hermano con duro castigo: la bóveda inmensa del inacabable universo tendrían sus hombros que soportar sin moverse un instante, pues de lo contrario los cielos se derrumbarían.

      A Pandora, la bella muchacha de todos los dones, temiendo un regalo de Zeus, rechacé con dolor en el alma (me ardía la sangre por ella), mas Epimeteo, mi hermano menor y más torpe, aceptó como esposa el divino regalo, mujer que llevaba una caja, vasija de barro, que abrir no debían. La curiosidad fue más fuerte (bien Zeus lo sabía) y la abrieron, así condenando a los hombres a eterno suplicio, pues todos los males que asolan la Tierra surgieron del fondo, portados por más de mil monstruos, alados diablillos que sólo evitaron la tierra de Leto, país Hiperbóreo. Cuando Pandora tapó la vasija de nuevo, logró solamente encerrar la Esperanza.

     ¿Y yo, quién soy yo?, te preguntas. Yo soy el amigo del hombre, quien porta la llama y la entrega, de amor y de sabiduría, yo quien al Tonante engañó para favorecer a los hombres y cara pagó su osadía: robé de la fragua de Hefesto, el vástago herrero de Zeus, la llama prohibida y al hombre mortal la entregué, enseñándole al tiempo a forjar herramientas y armas, buscar el deleite en manjares pasados por fuego: magníficas carnes asadas con hierbas de fuertes aromas. Rebelde sin tregua, por éste y por más desencuentros con Zeus -ante él la cerviz no agaché- despiadado castigo sufrí: ayudado por Fuerza y Poder, el herrero divino, acatando la orden del padre, me ató con cadenas a inhóspita roca, que habría de ser mi morada postrera, eterno castigo. Conforme no estaba el Tonante y un águila cada mañana clavaba en mis tiernas entrañas su pico y sus garras de acero. Las recomponía de noche el salvaje y así la rutina avanzó, convirtiéndose en años los meses, en siglos las décadas, hasta que Heracles al Cáucaso vino y mató a la sangrienta rapaz.

      Desde entonces dedico mi esfuerzo a infundir valentía en los hombres, y afán por saber. Subversivo me llaman aquellos que el mundo dominan, pues temen que el hombre de bien se rebele; y en épocas otras así sucedió. Sin embargo, en el tiempo presente he perdido poder, pues la gente del Pueblo de mí se ha olvidado. Probaron la flor exquisita del loto y esperan pacientes la muerte. Los pobres no saben que vino hace tiempo.

      Usando los nuevos inventos, creé por vosotros el sitio en que me he liberado. Deseo cederos mi voz, que es la vuestra, la llama que os queme y os lleve a gritar las verdades, verdad que no hay una ni dos, sino mil, si Razón las sustenta. No dejéis que los hijos de Luis y de Lola, hermanos Rivero, acaparen mi voz y mi espacio, que es sitio común; sobre todo el paliza insufrible, Fernando se llama, que osa escribir contra quien de su mismo defecto adolece. Una cosa os exijo tan sólo: insultos y voces soeces no son muy queridas por mí, y si es Intolerancia quien vuestros humores domina, buscad acomodo en lugar diferente. Prometeo no es tonto y conoce que la Intolerancia jamás deberá tolerarse. Cabida en mi casa no tienen los intolerantes.

      A todos los otros un año agradable os deseo –son duros los tiempos-, así como hados alados que os traigan placer y ventura; y felicidad infinita.

Prometeo

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