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¿Y mis hijos, qué? - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

The dream is over

¿Y mis hijos, qué?

A lo largo de la historia las relaciones sociales han estado bastante claras y han sido inamovibles. A no ser que probaran fortuna en épocas determinadas, como la Conquista de América, el campesino o el obrero conocían el futuro social de sus hijos antes de que nacieran y lo que esperaban es que ellas se casaran pronto y ellos tuvieran la edad de echarles una mano en el campo o la fábrica.

Esto cambió, sin embargo, en el siglo XX, cuando las ideas progresistas universalizaron, más o menos, la Educación y los padres tuvieron conciencia de que sus hijos podían ambicionar algo más de lo que ellos habían conseguido en la vida. La mentalidad a partir de los años sesenta, fundamentalmente en los setenta y los ochenta, era hacer el esfuerzo necesario para que los hijos fueran a la universidad, que tuvieran las oportunidades que ellos no tuvieron. Eran personas que nacieron en tiempos de guerra y crecieron con tres compañeras fatigosas e infatigables: la crueldad, la escasez y el hambre. No, ellos jamás habrían dado por bueno que sus hijos padecieran esos males y quisieron que tuvieran “lo que yo no tuve”. Con esa generación la mía siempre estará en deuda.

No obstante, no fueron sólo ellos los que quisieron cambiar el mundo y el orden de las cosas. Tuvieron detrás un Estado solidario que apostó por la igualdad de oportunidades, implantando la enseñanza obligatoria e instaurando toda una red de centros educativos bien repartidos y ayudas y becas para que todo aquel que tuviera ganas pudiera hacer una carrera universitaria, independientemente de su procedencia social o geográfica. Muchos licenciados de hoy no habrían podido serlo sin esas ayudas estatales. Esto ha supuesto una auténtica revolución social en el ámbito rural sobre todo, donde hay muchos más títulos universitarios y parejas en las que él no ha estudiado y ella es licenciada o diplomada.

La actualidad nos muestra, por el contrario, un panorama bastante desolador. Los padres, que pertenecen a una generación que no ha vivido (en general) privaciones, no se han preocupado lo suficiente por inculcar en sus hijos ese afán por saber, el ansia por ser cada día mejores, las ganas de conocer las cosas por el mero hecho de conocerlas, estudiar y aprender por placer. El Estado, sin embargo, sí ha seguido siendo solidario, a veces incluso dadivoso, pues ha repartido muchas cosas por igual al que las necesita y al que no. El gran error que se ha cometido, sobre todo desde la implantación de la LOGSE, ha sido dejar de entender el esfuerzo como un bien en sí mismo. Nos quejamos de los fenómenos “cani” y “ni-ni”, pero sus padres, sus instigadores, no están muy lejos de nosotros, cuya apatía por educar e instruir a nuestros hijos, a pesar de que nosotros sí lo fuimos, como todo en la vida, está pasando estas facturas.

Toda esta política y filosofía del Estado se ha venido abajo de la noche a la mañana. ¿Por qué? ¿Es por la falta de recursos económicos en la que se está viendo inmerso este país? Me aventuro a pensar, más bien, que la facción política que tiene el poder, aprovechando que el Pisuerga pasa por Pamplona (que si no pasa, ya me inventaré algo para decir que pasa), está implantando esa política insolidaria y reaccionaria que nos va a llevar, también aquí, cincuenta años atrás. ¿Cómo va a ser eso de que el hijo del obrero vaya a la universidad y mi hijo, hijo de algo, tenga que competir con él? La solución es muy fácil: subimos las tasas de la universidad, acabamos con el sistema de becas y ayudas y cerramos las universidades de ciudades pequeñas. Eso sí, las privadas, aunque en calidad no le lleguen a la suela del zapato a las públicas, las beneficiamos de algún modo.

Oigo hablar de gente que se está planteando dejar de estudiar en 3º de carrera por falta de medios económicos –tampoco los bancos les prestan- y gente a quien va a costar mucho trabajo realizar estudios universitarios. The dream is over, diría Lennon. Ya las cosas vuelven a su ser y cada uno a su lugar.

Esta generación mimada por todos, a la que poco o nada se ha exigido, va a tener serios problemas para acceder a la universidad; si lo consiguen, veremos si pueden costearse un master, imprescindible hoy en día. A mí me gustaría proponer al señor Presidente del Gobierno, si la crisis lo permite, que con el título universitario o el del master, regale a los alumnos un billete de ida, sin vuelta, a cualquier lugar del mundo, porque está claro que aquí no van a trabajar. En el caso de ser uno de esos afortunados que consigan trabajo en España, probablemente tendrá unas condiciones laborales draconianas, pues también en eso estamos perdiendo lo que nuestros padres consiguieron con sus luchas. Pero, por supuesto, si la fortuna les sonríe y superan todas estas dificultades (algo fácil hace diez o quince años), que ni sueñen con acceder a una vivienda, ni como propietarios ni como inquilinos.

Y mientras, nosotros ¿qué hacemos? Paralizados, noqueados, sorprendidos, en definitiva, vencidos, lo estamos dando todo por bueno o por mal irremediable; estamos dejando que hagan con nosotros lo que les da la gana, que si este otoño llueve, será porque el gobierno nos mee encima.

Lo peor no es eso, sin embargo; lo peor es lo que me está produciendo náusea cuando pienso en mi generación, esa generación por la que sus padres lucharon infatigables, trabajando a destajo y exigiendo unos derechos que iban a legar a sus hijos, esta generación, la mía, que ve impasible cómo les están robando el futuro a sus hijos esos traidores que hinchan el pecho cuando pronuncian Españññña y luego apuestan contra nuestra economía en la bolsa y se llevan nuestro dinero a paraísos fiscales, y esos odiosos políticos que, como Linceo en el Érebo, se dedican a llenar con nuestro dinero el barril sin fondo de la banca. Me repugna esta generación dormida, en la que me incluyo, que no sabe luchar por el futuro ni el presente de sus hijos. Esperemos que un día no muy lejano aprendamos a vivir sin la flor de loto del fútbol y la cerveza y volvamos a ser personas que cuidan y luchan por su estirpe.

Fernando Rivero

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LOLA 10/26/2012 09:00

Me parece muy acertada tu visión en este artículo del apoltronamiento de nuestra generación. De todas formas, creo que tendremos que aprender a vivir de otra manera, y sobre todo nuestros hijos tendrán que aprender a hacerlo, porque la vida ha cambiado definitivamente.
Además pienso que, aunque debemos luchar por unos servicios sociales justos, una educación y una sanidad para todos, no todos los cambios tienen que ser negativos, de todas las crisis se pueden sacar ideas nuevas, cambios positivos.
Anímemonos a cambiar hacia un mundo mejor.

Marina 10/15/2012 12:08

¿Qué c*** terminará pasando con nosotros?

Fernando Rivero 10/15/2012 18:29

Querida Marina. Eso dependerá de hasta qué punto esta sociedad y vosotros mismos como alumnos estemos y estéis dispuestos a luchar. Para mí es evidente que el gobierno de Madrid está aprovechando la coyuntura para hacer la política discriminatoria que realmente les gusta,la política elitista en la que creen. Cierto es que no hay dinero, pero no lo es menos que no se está haciendo pagar a los responsables de la situación, sino que, por el contrario, se les está inyectando dinero de todos (el de mi sueldo, el de tu beca, ayudas familiares... By the way, I like your blog.

Gema 10/11/2012 10:49

Fantastica reflexión Nando,
un beso