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Volvamos a Grecia - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Volvamos a Grecia

Se evidencia hoy más que nunca la debilidad del sistema capitalista, cimentado en la injusticia social y la depredación. Da la impresión de que estamos viviendo los últimos coletazos de un imperio y del propio sistema. Cuando cayó la URSS, y con ella el Comunismo en esa zona, no dudaron en aferrarse a la tabla de salvación del Capitalismo, pero ahora que éste hace aguas por todos lados, no tenemos ningún otro sistema del que echar mano.

Sin embargo, no nos es posible continuar con una forma de vida basada en el consumismo, por la sencilla razón de que el planeta no lo permite. Si no consumimos, no se crean riquezas y se pierden puestos de trabajo, pero si lo hacemos, generamos tal cantidad de residuos que no podemos ocultarlos ya más bajo la alfombra. Cuando decidimos cambiar de ordenador (el que compramos hace dos años está obsoleto), llevamos el antiguo, personas educadas y concienciadas como somos, a un punto limpio; a partir de ahí nos lavamos las manos. ¿Nos hemos preguntado alguna vez dónde van a parar esos objetos que desechamos y reciclamos? Probablemente a algún río de África. Todo esto ocurre habiendo sólo seiscientos millones de personas hiperconsumistas –Estados Unidos y Europa-. Y digo sólo porque China y la India, que suman dos mil quinientos millones de personas, están reclamando su derecho a aniquilar el planeta con la misma eficacia destructora que nosotros.

Además, el hiperconsumismo no aporta al ser humano sino la negación de sí mismo. Vivimos en una sociedad dominada por una serie de empresas omnipotentes para las cuales las personas no son más que consumidores, empresas de cuya mano come, cual perro faldero, la clase política y son capaces de crear tendencias y dominar la voluntad, los gustos y la forma de pensar de la gente, para lo cual utilizan todos los medios de comunicación a su alcance, fundamentalmente la televisión. Es infinitamente mayor la necesidad que tienen dichas empresas de vender sus productos que la que tienen las personas de adquirirlos. Pero uno codicia lo que ve y cuando un niño o un adolescente observa en las series americanas, por ejemplo, que todos los protagonistas tienen tablets –o móviles o consolas- se va creando en su interior la necesidad de poseerlas como única forma de pertenecer al mundo. Y el padre acaba comprándolas. Dos años después –ya se encargan las empresas de dosificar las necesidades- aparece un nuevo invento tecnológico y la ansiada e imprescindible tablet se despide de su hegemonía y acaba en lo que un día fue un río de Nigeria. Ejemplo de esto es el home cinema, de vital necesidad no hace tanto y absolutamente obsoleto hoy. Este verano da la impresión de que aquel que no tiene what’s aap está menos en el mundo que un cartujo. El próximo año será otra cosa pero por ahora se ha conseguido que mucha gente pague su cuota de Internet en el móvil, imprescindible, al parecer, para la vida humana.

Me resulta curioso ver cómo los padres de hoy están tan preocupados por la educación y la seguridad de sus hijos y, sin embargo, los dejan indefensos a los pies de ese monstruoso caballo que es el hiperconsumismo. Será porque ellos, nosotros, hemos sido hasta tal punto abducidos que lo vemos como cosa natural. Consumir compulsivamente tiene un coste brutal, no cuantificable en términos económicos. Somos felices sólo si adquirimos todo aquello que se nos ofrece, y nos olvidamos de nosotros mismos, de quiénes somos y qué hemos venido a hacer a este mundo donde vamos a estar una temporada. No es tan distinta esta situación de la que planteaba Huxley en Un Mundo Feliz, esa angustiosa hipérbole que nos dejó el alma helada hace unas décadas. La diferencia es que hoy el soma es tan vistoso y colorido que no nos damos cuenta de que nos hemos convertido en hormigas, en yonquis del consumo.

Grecia, sin embargo, se preocupó del alma humana. Los griegos sentaron todas las bases del pensamiento y analizaron y supieron dar respuesta a los sentimientos, a las acciones del hombre, a las preguntas claves de la humanidad, en definitiva, a la filosofía. Crearon la tragedia y la épica, que ponían al ser humano ante su propio destino adverso y éste mostraba su grandeza al enfrentarse a él. Parece increíble que en los albores de la humanidad se le diera tanta importancia a la persona, al logos y a la lengua, hasta tal punto que los cimientos que asentaron, las ideas que propusieron aún hoy no han sido superadas. Cada época tiene su propia visión del mundo pero siempre se ha basado en esa Grecia de la que todo emana. Produce vértigo pensar que en una ciudad de cincuenta mil habitantes de hace dos mil quinientos años, la Atenas de Sócrates y Pericles, coexistieran veinte genios cuya influencia se deja ver hoy en día; y además en muy distintos ámbitos del saber: filosofía, literatura, medicina, física, política, historia… Ello es debido a que los griegos tenían casi tanta necesidad de saber como nosotros de comprar. Cuando veo cómo se está asfixiando a Grecia hoy, pienso que ellos ya han pagado con creces la deuda que hayan podido contraer con el mundo; y lo hicieron hace más de dos mil años. La deuda que la humanidad tiene con Grecia es incuantificable e impagable.

Aprovechando que nuestra situación económica no nos permite seguir siendo hiperconsumistas compulsivos, creo que sería bueno que volviéramos a mirar a Grecia, apostar por una vida más austera y más humana, aprender que somos algo más que esas cosas que adquirimos y que tenemos alma, que sigue habiendo preguntas sin respuesta, que el camino es más importante que el destino (sobre todo si éste último no lo fijamos nosotros). Miremos a Grecia y redescubramos a los antiguos pensadores, a Sócrates y Platón, que todavía tienen mucho que ofrecernos. Miremos a Grecia y volvamos a ser seres humanos, más preocupados por ser que por tener. Miremos a Grecia y pongamos un alma en nuestros pechos dormidos.

Fernando Rivero

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