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Una ciudad más limpia - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Una ciudad más limpia

En España poseemos un riquísimo patrimonio cultural, como corresponde a un país mediterráneo que ha sido embestido por la Historia durante más de dos mil años. Las sucesivas invasiones han ido dejando su huella en nuestro patrimonio cultural, en nuestra forma de ser y en la arquitectura de nuestras ciudades –excepto la francesa, que lo que hizo fue llevarse-. Podemos encontrar en cualquier punto de nuestra geografía pueblos con iglesias románicas, monasterios, conventuales, castillos y palacios. Ello convierte a muchas de nuestras ciudades y pueblos en verdaderas obras de arte, para disfrutar de las cuales sólo tenemos que pasear por sus calles. Caminar por el centro de Sevilla y ver la Giralda o dejarse sorprender por la maravilla de cualquier rincón del Barrio de Santa Cruz es un lujo al alcance de todos. Lo mismo se puede decir de la parte antigua de Cáceres, Madrid, Oviedo y tantas y tantas ciudades de nuestro país.

Muchos de los habitantes de estas delicias arquitectónicas parecen no ser, sin embargo, conscientes de la riqueza que los rodea, pues se dedican a ensuciarlas con tanta dejadez como impunidad. A mí me produce indecible desazón ver cómo la estulticia y el embrutecimiento reinantes convierten en estercoleros muchas de nuestras bellas localidades. El paquete de tabaco tirado en el suelo no sólo ensucia y afea la ciudad, sino dice poco bueno y mucho malo de sus habitantes. Sevilla puede que sea la ciudad más cantada y piropeada del mundo, y mientras canto lo bonita que eres Giralda y cuánto te quiero calle Betis, tiro el paquete de tabaco o cualquier otro residuo al suelo. A mí personalmente me gustaría que se la quisiera menos y se la tratara mejor; así no tendríamos que seguir viendo por el suelo esa cantidad de plásticos, papeles, envoltorios, excrementos caninos, botellas de cristal rotas…

Esta dejadez tiene mucho que ver con esa mentalidad de la España de los nuevos ricos que piensan que ya lo limpiará otro, que para eso están los servicios de limpieza de la ciudad, que es un derecho que nos asiste porque pagamos impuestos. Evidentemente las ciudades hay que limpiarlas, pero la razón no debería ser que sus habitantes sean tan sucios. No hay excusas: no faltan contenedores ni papeleras para depositar nuestros residuos y si en algún sitio no los hay, podemos utilizar nuestros propios bolsillos temporalmente. Es muy común ver que personas de todas las edades comen algo por la calle y dejar caer el envoltorio al suelo, a pesar de tener papeleras a la vista.

Mención aparte merecen los graffiti y el botellón. El graffiti es un medio loable e incluso admirable de expresión cuando se elige bien el lugar donde hacerlo, pero quiénes son esos artistas para dañar monumentos que llevan siglos embelleciendo la ciudad o fachadas de edificios cuyos habitantes se gastan periódicamente bastante dinero en adecentar. Hemos dado por bueno –o por mal irremediable- que cuando los jóvenes se juntan para socializar, dejen todos sus residuos de botellas, plásticos y tabaco en el lugar elegido para el botellón. Que sea así no significa que deba ser así, ni que tenga por qué suceder de ese modo.

Los padres parecen haber dejado la educación cívica, como tantas otras cosas, en manos de los maestros. Sin embargo, esta enseñanza debe ser recibida en casa y complementada en la escuela. Por mucho esmero y profesionalidad que el maestro ponga en enseñar al niño cómo hay que hacer ciertas cosas, si éste ve que su padre ensucia la ciudad, él hará lo mismo.

Mi idea de un mundo mejor parte del principio de que el mundo debe ser mejor sólo porque yo estoy dentro. Esta frase entraña una enorme responsabilidad y, en el sentido que nos ocupa, significa que los sitios de los que yo me vaya deben estar, al menos, igual de limpios que antes de llegar yo.

Fernando Rivero

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