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Un lugar para la izquierda - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Un lugar para la izquierda
En España no se puede adelantar por la derecha

En España no se puede adelantar por la derecha

     Uno de los grandes engaños del gobierno de Aznar fue querernos convencer de que ya no había ideologías, sino gestión, si bien el que primero nos inculcó esa idea fue González, para poder llevar así a cabo su política de un pasito para adelante y otro para atrás. Por supuesto que hay ideologías: una que apuesta por la gente, por el pueblo, y otra que vela más por los intereses de los grandes capitalistas, en contra de los trabajadores y pequeños empresarios. El problema, lo que nos confunde, es que un partido llamado de izquierdas, como el PSOE, no ha dejado muchas veces claro con sus actuaciones de qué parte estaba, con una política económica y financiera más cercana a las tesis de la derecha, porque era lo único que se podía hacer. Ahora estamos viendo y sufriendo en nuestras carnes a dónde nos han llevado esas políticas conservadoras que dejaron de lado el idealismo para dar paso a la pragmática.

     Un lugar común muy frecuente en estos días es que todos los políticos son iguales, que qué más da uno que otro. Yo no estoy en absoluto de acuerdo con esa reflexión (si se la puede llamar así). Claro que hay diferencia, pues lo que Zapatero ha hecho porque la crisis y el capital lo ha obligado –bajada de sueldos, recortes de prestaciones…-, la derecha de Rajoy o Aznar lo hace porque se lo pide el cuerpo, porque el egoísmo es su posicionamiento ante la vida. ¿O lo que se le criticaba a Zapatero no era precisamente que daba demasiadas cosas a las personas, que era un despilfarrador del bien común? Había que ahorrar para dárselo todo a Bankia. La prueba más contundente de lo que digo es que Aznar, en época de bonanza económica, pretendió con el llamado decretazo acabar con muchos derechos de los trabajadores, sin más razón que su propia visión del mundo: la de unos empresarios eficientes y unos trabajadores vagos cuya ilusión era vivir de la teta del Estado.

     Por lo que yo critico a Zapatero –aparte de otras cosas con las que he llenado artículos anteriores- es por no decir la verdad acerca del sistema. A mí me habría gustado que hubiera sido valiente durante la crisis y hubiera dicho: “señores, esto está organizado de tal modo que no es su Presidente, la persona que ustedes han votado, quien manda en el país, sino los poderes económicos: la gran empresa y el capital”. Ése habría sido un acto de valentía por el que yo me habría quitado el sombrero. Pero no lo hizo.

     El PSOE, herencia quizá de González -que lo desubicó para siempre-, se ha mostrado en todo momento como un partido acomplejado que no ha sabido transmitir sus ideas (las que le queden) y no ha sabido ni querido desenmascarar a la derecha recalcitrante de este país, que siempre ha buscado la gresca, una bronca en la que ellos tienen las de ganar por una simple cuestión de hábito. Ellos se están quitando otra vez la máscara (con la mayoría absoluta al lobo le molesta la piel de cordero) y están bajando en las encuestas porque esto no es lo que la gente quiere, pero ello no está significando un aumento del apoyo del pueblo al PSOE, dado que los políticos de este partido no han llevado a cabo una didáctica de sus políticas, no han sabido explicárselas a la gente.

     Una persona de izquierdas se siente en la actualidad, cuando más razones hay para ser de izquierdas, totalmente desubicada. No nos vale el dogmatismo en que cae muchas veces Izquierda Unida, con frases absolutamente obsoletas y formas de pensar que más tienen que ver con estúpidos lugares comunes que con la reflexión, ni el pragmatismo escurridizo y camaleónico del PSOE. Tampoco en la calle me identifico con muchos de los que se autodenominan de izquierdas, aunque yo mismo lo sea, cuyo discurso rancio se echó a dormir años atrás y sólo despierta para conminarnos a hablar de forma políticamente correcta y co-educada, izquierda moralista y ñoña más preocupada por la superficie de las cosas que por los problemas profundos y de base que se ciernen sobre los trabajadores.

     Comenzamos el milenio con una gran empresa omnipotente, depredadora y egoísta y unos trabajadores que habían ganado en poder adquisitivo y contaban con unos servicios públicos que garantizaban su calidad de vida. Con el advenimiento de la crisis económica, causada precisamente por la avaricia de los que más tenían, los grandes capitalistas se han hecho aún más poderosos y despiadados, más indecentemente ricos; sin embargo, los trabajadores han perdido de un plumazo muchos de sus derechos, e incluso sus trabajos, y el gobierno del PP tiene como objetivo principal acabar también con los servicios sociales básicos. ¿Es que no tiene la izquierda motivos para luchar?

     Me pregunto si el drástico recorte en los derechos de los trabajadores que ha traído la última reforma laboral es un mal necesario para salir de la crisis o, por el contrario, la crisis una buena excusa para acabar con ellos. Me inclino por lo segundo. Parece que los trabajadores habían conseguido demasiadas cosas y debemos volver al siglo XIX. Ni siquiera las definiciones son correctas: a la cobertura por desempleo se la llama torticeramente subsidio, cuando es un seguro que el trabajador debe pagar religiosamente mientras está dado de alta, y si no, no se cobra luego. Nos están haciendo creer que la persona que está en paro vive bien, que no trabaja porque no quiere, y es admitido como verdad general. ¿Conocéis a muchas personas que estén voluntariamente en el paro, que no busquen trabajo porque sin trabajar ni tener más ingresos que la prestación vivan mejor? El PP es especialista en convertir mentiras en verdades a fuerza de repetirlas como tales, y nuestra función debe ser desmentirlas.

     Otro problema grave que afronta la clase trabajadora de este país, quizá el peor, es que se ha quedado sin voz. Los sindicatos mayoritarios, los que deberían ser la voz de los trabajadores, se han vendido ya demasiadas veces al poder, a cambio de limosnas y lisonjas, y ya no son la voz de nadie sino de sí mismos. Ahora que hay más motivos que nunca para las barricadas y las huelgas feroces, no creo que estén seguros de sus adhesiones, porque saben que cuanto mayor poder han conseguido, más débiles se han ido haciendo ante los trabajadores. Veremos qué pasa el día catorce.

     Sin embargo y para concluir, desde la Transición que en España hicimos, no ha habido una coyuntura tan propicia para la lucha de los trabajadores, nunca un momento tan claro para la izquierda, que debe aprender otra vez a posicionarse, a mostrarse fuerte y tajante en defensa de los derechos de los trabajadores y los bienes públicos.

     No obstante...

Fernando Rivero

 

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Ana Rincón 11/10/2012 12:49

Absolutamente de acuerdo con Nando...además de maravillada...puede que la crisis (su crisis) exista, no voy a decir que no, pero desde luego es la excusa perfecta para acabar de un "decretazo"con tantos derechos de los trabajadores conseguidos a golpe de luchas. Y que nadie se llame a engaño...esto no es reversible. Nadie más que nosotros mismos nos va adevolver las conquistas robadas. Y nadie más que nosotros mismos podrá conquistar mucho más, hasta donde todos queramos. Esto es la guerra...antes también lo era, pero los muertos (de hambre) nos quedaban demasido lejos...ahora ya empezamos a verlos entre nosotros...y hay que organizarse. Habrá que volver a entonar, ahora más que nunca algo parecido al "agrupemonos todos"...sí, ya sé que suena a antiguo...pero más antigua es la esclavitud.

Luis Rivero 11/14/2012 12:17

La cuestión es que la izquierda debe zafarse primero de la izquierda... y eso cuesta. Si por "izquierda" entendemos lo que de ella han hecho dirigentes como González, Blair, Almunia o Mitterrand y todos sus fieles seguidores -sus "bases"-, tal vez compartáis conmigo el escepticismo. Si por "izquierda" entendemos la búsqueda irrenunciable de principios de libertad, de dignidad, observaréis que hay mucha gente dispuesta a no inclinar el cuello y a no cantar ningún himno ni portar banderas.

Fernando Rivero 11/10/2012 17:48

Sin embargo, Ana, no creo que esté el horno para bollos. La gente no parece estar dispuesta a unirse, a luchar, a desprenderse de todos esas cosas que han ido acumulando estos años y, si no sueltas lastre, no alzas el vuelo. No sé realmente cuál va a ser ese detonante imprescindible que nos vuelva a hacer humanos, seres que luchan por lo suyo y los suyos.

Antonio Jimenez 11/09/2012 19:24

No ha habido una coyuntura tan propicia para la izquierda, pero tampoco una necesidad mayor de su posicionamiento, de su capacidad de aglutinar a las personas afectadas por este expolio programado.Nunca tampoco, desde la transición, una derecha ha merecido más que "cabalguemos hasta enterrarlos en la mar..."

Lola García 11/09/2012 13:39

Me ha gustado mucho, como todos los tuyos, y como casi todos los que he leido en el blog. A ver si de verdad hacemos algo y salimos de esta somnolencia anestesiada en la que nos han instalado y de la que no parece que seamos capaces de liberarnos.Que Prometeo nos ayude!