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Un cero a la derecha - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Un cero a la derecha

         Una creencia tan dañina como extendida entre los padres es que su hijo no vale para estudiar. En la actualidad eso es falso en todos los casos. Ahora que se adaptan los contenidos al nivel real del alumno, ahora que hay clases de apoyo con profesorado especializado para alumnos con retraso educativo, ahora que se imparten clases mucho más personalizadas, no hay ningún alumno que se quede atrás si se esfuerza. Pensar lo contrario es tirar la toalla antes de empezar el combate, la postura fácil. Me exaspera ver cómo hay padres que permiten impasibles que sus hijos finalicen la E.S.O. sin conseguir el título más básico del país (el que poseen la mayoría de los españoles), convirtiéndose así en parias de la sociedad.

         La Junta de Andalucía se muestra muy preocupada por el fracaso escolar, pero las únicas medidas que pone en práctica van encaminadas a presionar a los profesores, bien comprándolos, bien haciéndoles la vida difícil, nunca dirigidas a los padres o a los alumnos. Echo de menos alguna campaña institucional que recuerde a los padres que los hijos son suyos.

       Realmente los profesores buscamos lo mismo que nuestros jefes políticos: la promoción de los alumnos. Se mire como se mire, cada alumno que obtiene malos resultados o finaliza sus estudios sin el título es un fracaso; fracaso de los padres, del alumno, de los profesores, de las instituciones y los políticos, de la sociedad; de nadie en concreto y de todos un poco. Lo que diferencia a los políticos que dirigen el Sistema y a los profesores es que a aquéllos les importa un bledo si los resultados positivos se corresponden con la adquisición de conocimientos y habilidades y a éstos les importa mucho.

         De todas formas, me gustaría desmontar otro mito muy perjudicial. Aún quedan profesores que piensan que el bueno es aquel con el que los alumnos suelen suspender, el exigente; y el malo el que tiene un alto porcentaje de aprobados. Nada más lejos de la realidad. Alguna vez, en algún caso concreto, la cosa puede no ir bien, pero si es algo sistemático, ya puedes ir pensando que eres un fracaso como profesor porque, cuando menos, no consigues transmitir los conocimientos que quieres y debes. Tampoco parece que regalar calificaciones positivas ayude mucho. El deseable término medio reside en la valoración del esfuerzo personal, al menos en las etapas obligatorias. Así, cada alumno llegará donde sus posibilidades intelectuales le permitan y habremos sacado lo mejor de él. Debemos hacerle ver que la constancia y el trabajo diario le reportarán beneficios a medio y largo plazo. Esto es lo que nos proponemos en mi instituto con el Plan de Motivación, programa propio con el que pretendemos obtener lo mejor de cada alumno.

         Pero claro, en la motivación de un individuo hacia algo son muy importantes las fuentes externas, que se le diga lo bueno que es y lo bien que lo hace, sin miedo a exagerar, porque sin ese espaldarazo raro es el que persevera por mucho que le guste la actividad, y más aún si la detesta. ¿Cómo te va a gustar, me pregunto, ir a un lugar donde te sabes inútil desde que entras hasta que sales? Si te dicen que bailas mal, acabarás dejando de bailar con la excusa barata de que no te gusta. Si los lectores me dijeran que no les agrada qué ni cómo escribo, probablemente este blog habría muerto hace tiempo.

         Asumimos, sobre todo en la adolescencia, los papeles con los que la gente que nos rodea nos etiqueta; “eres un cero a la izquierda que no sirve ni para hacer la o con un canuto y viene aquí sólo a molestar”. Automáticamente te conviertes en un alumno inaguantable. Hace poco un estudiante que había suspendido diez asignaturas en la Primera Evaluación protagonizó un hecho poco de mi agrado. Después de una larga charla, dura pero a la vez motivadora hacia sus posibilidades, le impuse la sanción de suspender seis como mucho. Cada vez que lo veía le preguntaba por su progreso y veía cambiar su cara día a día. En la Segunda ha suspendido cinco. Probablemente esté en Tercero el año que viene en vez de repitiendo Segundo, como era de esperar.

         Hay otros muchos factores que influyen en el éxito y el fracaso, la cosa no es tan fácil y siempre se va a quedar gente en el camino, pero para mí es tan evidente que la autoestima influye en esto por encima de todas las cosas que no entiendo que todos los padres y todos los profesores no busquemos juntos esa meta.

         Ésta es una profesión que llena -vocacional dígase lo que se diga- en la que el voluntarismo marca la diferencia. He oído cómo se utiliza este término peyorativamente. Voluntarismo es dar lo que no se te pide, es decir, generosidad. A un instituto, como a cualquier trabajo, uno va a ver qué puede ofrecer o a ver qué puede arañar para sí. Aquél me tendrá siempre a su lado, éste en frente. A veces oigo cosas que no son de recibo, como “a mí es que no me gusta dar clase” o “no soporto a los adolescentes”. Pues muy fácil: haz el petate. Si te da miedo el toro, ¿para qué te metes? Hay profesores a quienes agradaría más desarrollar otro trabajo y, sin embargo, son magníficos profesionales, pero ¿os imagináis un médico que diga que le da asco la sangre o que no quiere ver a los pacientes, un bombero que proclama su miedo al fuego para no acercarse a los incendios, sirviendo eso como argumento para echarse siempre atrás? Más que excusas, deberían ser frases que inhabilitaran para la profesión.

         Por fortuna, en Pino Montano se ha acogido con ilusión esta forma colegiada de elevar la autoestima de los alumnos y a la vez ser exigentes, de inculcarles que son personas necesarias e importantes con talentos aún por explorar, de mostrarles que no están en el límite sino en el principio de su desarrollo intelectual, de, en definitiva, hacerles ver que quizá sean ceros, pero a la derecha. Ésos son los compañeros que tengo y si alguien viene con otro talante, es muy probable que se haya equivocado de instituto.

 Fernando Rivero

         Una creencia tan dañina como extendida entre los padres es que su hijo no vale para estudiar. En la actualidad eso es falso en todos los casos. Ahora que se adaptan los contenidos al nivel real del alumno, ahora que hay clases de apoyo con profesorado especializado para alumnos con retraso educativo, ahora que se imparten clases mucho más personalizadas, no hay ningún alumno que se quede atrás si se esfuerza. Pensar lo contrario es tirar la toalla antes de empezar el combate, la postura fácil. Me exaspera ver cómo hay padres que permiten impasibles que sus hijos finalicen la E.S.O. sin conseguir el título más básico del país (el que poseen la mayoría de los españoles), convirtiéndose así en parias de la sociedad.

         La Junta de Andalucía se muestra muy preocupada por el fracaso escolar, pero las únicas medidas que pone en práctica van encaminadas a presionar a los profesores, bien comprándolos, bien haciéndoles la vida difícil, nunca dirigidas a los padres o a los alumnos. Echo de menos alguna campaña institucional que recuerde a los padres que los hijos son suyos.

         Realmente los profesores buscamos lo mismo que nuestros jefes políticos: la promoción de los alumnos. Se mire como se mire, cada alumno que obtiene malos resultados o finaliza sus estudios sin el título es un fracaso; fracaso de los padres, del alumno, de los profesores, de las instituciones y los políticos, de la sociedad; de nadie en concreto y de todos un poco. Lo que diferencia a los políticos que dirigen el Sistema y a los profesores es que a aquéllos les importa un bledo si los resultados positivos se corresponden con la adquisición de conocimientos y a éstos les importa mucho.

         De todas formas, me gustaría desmontar otro mito muy perjudicial. Aún quedan profesores que piensan que el bueno es aquel con el que los alumnos suelen suspender, el exigente; y el malo el que tiene un alto porcentaje de aprobados. Nada más lejos de la realidad. Alguna vez, en algún caso concreto, la cosa puede no ir bien, pero si es algo sistemático, ya puedes ir pensando que eres un fracaso como profesor porque, cuando menos, no consigues transmitir los conocimientos que quieres y debes. Tampoco parece que regalar calificaciones positivas ayude mucho. El deseable término medio reside en la valoración del esfuerzo personal, al menos en las etapas obligatorias. Así, cada alumno llegará donde sus posibilidades intelectuales le permitan y habremos sacado lo mejor de él. Debemos hacerle ver que la constancia y el trabajo diario le reportarán beneficios a medio y largo plazo. Esto es lo que nos proponemos en mi instituto con el Plan de Motivación, programa propio con el que pretendemos obtener lo mejor de cada alumno.

         Pero claro, en la motivación de un individuo hacia algo son muy importantes las fuentes externas, que se le diga lo bueno que es y lo bien que lo hace, sin miedo a exagerar, porque sin ese espaldarazo raro es el que persevera, por mucho que le guste la actividad y más aún si la detesta. ¿Cómo te va a gustar, me pregunto, ir a un lugar donde te sabes inútil desde que entras hasta que sales? Si te dicen que bailas mal, acabarás dejando de bailar con la excusa barata de que no te gusta. Si los lectores me dijeran que no les agrada qué ni cómo escribo, probablemente este blog habría muerto hace tiempo.

         Asumimos, sobre todo en la adolescencia, los papeles con los que la gente que nos rodea nos etiqueta; “eres un cero a la izquierda que no sirve ni para hacer la o con un canuto y viene aquí sólo a molestar”. Automáticamente te conviertes en un alumno inaguantable. Hace poco un estudiante que había suspendido diez asignaturas en la Primera Evaluación protagonizó un hecho poco de mi agrado. Después de una larga charla, dura pero a la vez motivadora hacia sus posibilidades, le impuse la sanción de suspender seis como mucho. Cada vez que lo veía le preguntaba por su progreso y veía cambiar su cara día a día. En la Segunda ha suspendido cinco. Probablemente esté en Tercero el año que viene en vez de repitiendo Segundo, como era de esperar.

         Hay otros muchos factores que influyen en el éxito y el fracaso, la cosa no es tan fácil y siempre se va a quedar gente en el camino, pero para mí es tan evidente que la autoestima influye en esto por encima de todas las cosas que no entiendo que todos los padres y todos los profesores no busquemos juntos esa meta.

         Ésta es una profesión que llena -vocacional dígase lo que se diga- en la que el voluntarismo marca la diferencia. He oído cómo se utiliza este término peyorativamente. Voluntarismo es dar lo que no se te pide, es decir, generosidad. A un instituto, como a cualquier trabajo, uno va a ver qué puede ofrecer o a ver qué puede arañar para sí. Aquél me tendrá siempre a su lado, éste en frente. A veces oigo cosas que no son de recibo, como “a mi es que no me gusta dar clase” o “no soporto a los adolescentes”. Pues muy fácil: haz el petate. Si te da miedo el toro, ¿para qué te metes? Hay profesores a quienes agradaría más desarrollar otro trabajo y, sin embargo, son magníficos profesionales, pero ¿os imagináis un médico que diga que le da asco la sangre o que no quiere ver a los pacientes, un bombero que proclama su miedo al fuego para no acercarse a los incendios, sirviendo eso como argumento para no echarse siempre atrás? Más que excusas, deberían ser frases que inhabilitaran para la profesión.

         Por fortuna, en Pino Montano se ha acogido con ilusión esta forma colegiada de elevar la autoestima de los alumnos y a la vez ser exigentes, de inculcarles que son personas necesarias e importantes con talentos aún por explorar, de mostrarles que no están en el límite sino en el principio de su desarrollo intelectual, de, en definitiva, hacerles ver que quizá sean ceros, pero a la derecha. Ésos son los compañeros que tengo y si alguien viene con otro talante, es muy probable que se haya equivocado de instituto.

Fernando Rivero

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academia majadahonda 09/15/2016 04:28

Espero que el proyecto vaya lo mejor posible Fernando porque todo lo que he leído me ha parecido precioso y genial, mucho ánimo

Esther 04/17/2013 00:03

Ánimo con este proyecto tan necesario.

Fernando Rivero 04/17/2013 04:34

Gracias, Esther.