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Todo por la Patria - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Todo por la Patria

           Cuando un país, un Estado, va a entrar en guerra, lo primero que hace es preparar anímicamente a su población, creando un ambiente belicista que urge a los ciudadanos a abandonar sus habituales vidas y quehaceres para matar y morir: se eleva la tensión diplomática, se demoniza al enemigo y él mismo se carga de razón y de moral en un ejercicio tan maniqueo como útil. El ciudadano se sabe del lado del bien -así se lo han hecho saber- y hará lo que sea por defender a la Madre ultrajada. Cobran entonces importancia palabras como valor, honor, valentía y, sobre todo, Patria, disponiéndose todos los súbditos a morir por ella, y por Dios. Pero, por mucho que en el pasado se utilizara el nombre de Dios, no en vano, para enviar a las personas a la muerte, en la época descreída que vivimos en Europa cada día es más evidente que en el fondo de cualquier guerra, en su justificación más íntima e inconfesable, residen el Dinero y las ansias expansivas de cualquier Estado, para poder así construir un imperio donde no se ponga el sol o hacer más ricos a sus más poderosos. Aunque eso siempre haya sido así, nunca tan palpable y notorio ha sido, tan evidente la inmoralidad como en la guerra contra Irak, tratando Bush de convencernos de una mentira que sólo los más incultos y seguidistas se creían; ese Aznar que volvía a vomitar su bilis y a la vez nos aseguraba que los americanos nos iban a hacer partícipes de los despojos, que una pequeña parte de la reconstrucción del país que habían de devastar iba a caer en manos de España, que podría por fin salir del oscuro rincón de la Historia donde los socialistas –supongo- nos tenían cautivos. ¡Qué pena, José María, que no tuvieras tiempo de devolver el aguilucho a la bandera! Una foto verdaderamente infame, la de Las Azores, funesto presagio de muerte injusta. Lo que me resulta extraño de esa imagen, tanto que no alcanzo a entender sus motivos, es que Bush y Blair dejaran a Aznar posar de pie, y no a cuatro patas, como había estado antes y estuvo después. Es como si nos quisieran decir: “Mirad, si sabe levantarse”, pero el caso Couso demostró que eso no era así.

         Diréis que hay guerras justas, que hay que luchar contra el tirano, que a Hitler había que pararle los pies. Cuando las guerras no nacen del pueblo ocultan siempre intereses bastardos e, incluso éstas, las revoluciones, se vuelven Poder cuando lo consiguen y, por tanto, nuevos enemigos del pueblo. En principio los alemanes no tendrían por qué ser enemigos de nadie, a pesar de la sensación de impotencia creada por la Gran Guerra, pero Hitler, ayudándose del miedo, inoculó en muchos de ellos el sentimiento de odio hacia todo lo que no fuera ellos mismos. Por otro lado, hasta que las pretensiones expansionistas de Hitler fueron inaceptables, éste había estado bien visto por las potencias que a la postre serían sus enemigas –las mismas que no ayudaron a nuestra República contra el sedicioso-, pues veían en Hitler a un poderoso abanderado del capitalismo en la Europa central, alguien que podía contrarrestar la fuerza del temido Stalin.

         Hussein siempre fue un tirano, al igual que los demás impuestos por Estados Unidos en América, África y Asia, pero, al parecer, mientras permanezcan fieles al imperio serán menos genocidas y menos enemigos de sus pueblos.

         Me pregunto qué tendrían que ganar los vasallos de los señores feudales si iban a seguir siendo pobres como ratas venciera quien venciera, qué los marines norteamericanos –cuerpo cuyas bases se nutren de la clase más pobre e iletrada-, qué los parias en general que engrosan la primera línea de fuego en cualquier guerra y a lo más que pueden aspirar es a, virgencita, quedarse como estaban.

         Sin embargo, el todo-por-la-patria, la muerte y el sufrimiento que acarrea toda guerra con quien más se ceba es con la clase trabajadora, esa que no obtendrá pingües beneficios con la venta de armas, esa que no reconstruirá ningún país, la que vivirá en las mismas penosas condiciones independientemente de que, tras una hipotética guerra, Guinea o Argentina volvieran a ser españolas, a cuya vida diaria, fuera de todo romanticismo, no afectaría que Euskalerría fuera independiente o siguiera formando parte de España.

         Lo que resulta ridículo de todo esto, y tristísimo, es que la gente no parece darse cuenta de que sí estamos en guerra, una guerra no por más disimulada, menos abierta, en la que un bando poco numeroso pero muy fuerte (aquellos que se hacen llamar Patria) está lanzando dentelladas inmisericordes a la yugular del otro que, por no haberse percatado del estado de guerra en que se halla, se deja morder a voluntad y encima justifica las laceraciones.

         No es una guerra a la antigua usanza con cañones, bayonetas y un enemigo tangible; las armas son ahora el Dinero –como siempre pero más que nunca-, las leyes y los políticos dóciles al Poder. Las nuestras, por otro lado, son la razón y el número de posibles combatientes, ninguna de las cuales será válida y mordaz mientras nos sigamos creyendo las patrañas que vierten los medios de formación.

         Hay una guerra abierta y no es la Patria lo que está en peligro, sino nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro y el de nuestros hijos, nuestros derechos como ciudadanos y personas, nuestra libertad de pensamiento y de conciencia. Hasta ahora lo único que hemos hecho es perder y ya va siendo hora de recuperar y querer aún más. Si no, ¿qué futuro esclavo vamos a legar a nuestros hijos? Si no lo hacemos por nosotros, debemos hacerlo por ellos. Por la patria lo arriesgaríamos todo, derramaríamos hasta la última gota de nuestra sangre, mataríamos y moriríamos, en fin, nos dejaríamos sacrificar en el altar del dios Patria-Dinero. Me pregunto si no hay patria más tangible y digna de amor y sacrificio que nuestros propios hijos.

Fernando Rivero

         Cuando un país, un Estado, va a entrar en guerra, lo primero que hace es preparar anímicamente a su población, creando un ambiente belicista que urge a los ciudadanos a abandonar sus habituales vidas y quehaceres para matar y morir: se eleva la tensión diplomática, se demoniza al enemigo y él mismo se carga de razón y de moral en un ejercicio tan maniqueo como útil. El ciudadano se sabe del lado del bien -así se lo han hecho saber- y hará lo que sea por defender a la Madre ultrajada. Cobran entonces importancia palabras como valor, honor, valentía y, sobre todo, Patria, disponiéndose todos los súbditos a morir por ella, y por Dios. Pero, por mucho que en el pasado se utilizara el nombre de Dios, no en vano, para enviar a las personas a la muerte, en la época descreída que vivimos en Europa cada día es más evidente que en el fondo de cualquier guerra, en su justificación más íntima e inconfesable, residen el Dinero y las ansias expansivas de cualquier Estado, para poder así construir un imperio donde no se ponga el sol o hacer más ricos a sus más poderosos. Aunque eso siempre haya sido así, nunca tan palpable y notorio ha sido, tan evidente la inmoralidad como en la guerra contra Irak, tratando Bush de convencernos de una mentira que sólo los más incultos y seguidistas se creían; ese Aznar que volvía a vomitar su bilis y a la vez nos aseguraba que los americanos nos iban a hacer partícipes de los despojos, que una pequeña parte de la reconstrucción del país que habían de devastar iba a caer en manos de España, que podría por fin salir del oscuro rincón de la Historia donde los socialistas –supongo- nos tenían cautivos. ¡Qué pena, José María, que no tuvieras tiempo de devolver el aguilucho a la bandera! Una foto verdaderamente infame, la de Las Azores, funesto presagio de muerte injusta. Lo que me resulta extraño de esa imagen, tanto que no alcanzo a entender sus motivos, es que Bush y Blair dejaran a Aznar posar de pie, y no a cuatro patas, como había estado antes y estuvo después. Es como si nos quisieran decir: “Mirad, si sabe levantarse”, pero el caso Couso demostró que eso no era así.

         Diréis que hay guerras justas, que hay que luchar contra el tirano, que a Hitler había que pararle los pies. Cuando las guerras no nacen del pueblo ocultan siempre intereses bastardos e, incluso éstas, las revoluciones, se vuelven Poder cuando lo consiguen y, por tanto, nuevos enemigos del pueblo. En principio los alemanes no tendrían por qué ser enemigos de nadie, a pesar de la sensación de impotencia creada por la Gran Guerra, pero Hitler, ayudándose del miedo, inoculó en muchos de ellos el sentimiento de odio hacia todo lo que no fuera ellos mismos. Por otro lado, hasta que las pretensiones expansionistas de Hitler fueron inaceptables, éste había estado bien visto por las potencias que a la postre serían sus enemigas –las mismas que no ayudaron a nuestra República contra el sedicioso-, pues veían en Hitler a un poderoso abanderado del capitalismo en la Europa central, alguien que podía contrarrestar la fuerza del temido Stalin.

         Hussein siempre fue un tirano, al igual que los demás impuestos por Estados Unidos en América, África y Asia, pero, al parecer, mientras permanezcan fieles al imperio serán menos genocidas y menos enemigos de sus pueblos.

         Me pregunto qué tendrían que ganar los vasallos de los señores feudales si iban a seguir siendo pobres como ratas venciera quien venciera, qué los marines norteamericanos –cuerpo cuyas bases se nutren de la clase más pobre e iletrada-, qué los parias en general que engrosan la primera línea de fuego en cualquier guerra y a lo más que pueden aspirar es a, virgencita, quedarse como estaban.

         Sin embargo, el todo-por-la-patria, la muerte y el sufrimiento que acarrea toda guerra con quien más se ceba es con la clase trabajadora, esa que no obtendrá pingües beneficios con la venta de armas, esa que no reconstruirá ningún país, la que vivirá en las mismas penosas condiciones independientemente de que, tras una hipotética guerra, Guinea o Argentina volvieran a ser españolas, a cuya vida diaria, fuera de todo romanticismo, no afectaría que Euskalerría fuera independiente o siguiera formando parte de España.

         Lo que resulta ridículo de todo esto, y tristísimo, es que la gente no parece darse cuenta de que sí estamos en guerra, una guerra no por más disimulada, menos abierta, en la que un bando poco numeroso pero muy fuerte (aquellos que se hacen llamar Patria) está lanzando dentelladas inmisericordes a la yugular del otro que, por no haberse percatado del estado de guerra en que se halla, deja morderse a voluntad y encima justifica las laceraciones.

         No es una guerra a la antigua usanza con cañones, bayonetas y un enemigo tangible; las armas son ahora el Dinero –como siempre pero más que nunca-, las leyes y los políticos dóciles al Poder. Las nuestras, por otro lado, son la razón y el número de posibles combatientes, ninguna de las cuales será válida y mordaz mientras nos sigamos creyendo las patrañas que vierten los medios de formación.

         Hay una guerra abierta y no es la Patria lo que está en peligro, sino nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro y el de nuestros hijos, nuestros derechos como ciudadanos y personas, nuestra libertad de pensamiento y de conciencia. Hasta ahora lo único que hemos hecho es perder y ya va siendo hora de recuperar y querer aún más. Si no, ¿qué futuro esclavo vamos a legar a nuestros hijos? Si no lo hacemos por nosotros, lo debemos hacer por ellos. Por la patria lo arriesgaríamos todo, derramaríamos hasta la última gota de nuestra sangre, mataríamos y moriríamos, en fin, nos dejaríamos sacrificar en el altar del dios Patria-Dinero. Me pregunto si no hay patria más tangible y digna de amor y sacrificio que nuestros propios hijos.

Fernando Rivero

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Elena V. 09/09/2013 21:57

Tal como dices al comienzo de tu artículo (magnífico me ha parecido) el Estado prepara anímicamente a su población para la guerra y también para el conformismo, Siria está muy lejos algo habrán hecho, me preocupa que suba la luz........... y que tenga menos dinero para las cervezas mientras pueda ir tirando , tener cubiertas "mis necesidades" me importa un comino lo demás, pues asumo que todos los políticos son iguales y que nada cambiará ... votaré a Alibaba y los 40 ladrones para asegurarme que sólo son 40 los que roban. ¿qué hacemos para cambiar este triste pensamiento? ¿qué estamos transmitiendo a nuestros hijos?

Manuel Rivero 09/06/2013 19:35

Acabo de leer un libro de relatos póstumos de Kafka titulado el silencio de las sirenas y me ha gustado especialmente uno: Durante la construcción de la muralla china. Al final va a resultar que los enigmáticos escritos de este autor captan mejor que ningún otro el sinsentido del estado.

Manuel rivero 09/06/2013 17:38

La mano oculta del mercado nunca actúa sin un puño enguantado. El estado de bienestar no es ninguna conquista social. Deberíamos distinguir de una vez por todas público (casi inexistente) de estatal. No hay capitalismo sin estado, ni éste sin ejército. Esta es la democracia.

Luis 09/06/2013 19:16

Amén, Manolo: has hablado sabiamente.

Fernando Rivero 09/06/2013 18:36

¡Coño! Pues si parece que estamos en La Zarza discutiendo de política delante de un chato de vino, como hacían nuestros padres no sin miedo a pelearse. ¡Qué jodía generación, que no pueden hablar de política sin encenderse!

b 09/06/2013 12:49

El actual "orden" o desorden mundial surge de la II Guerra Mundial, lejos de frenar el expansionismo alemán los motivos eran mucho mas oscuros, pero bueno eso es otro tema.
Creo que está todo pérdido, la crisis es donde los pueblos se revelan y en la actual ni con eso mueve una ceja, pero yo buscaría el problema en nosotros, no en el estado de bienestar y el aborregamiento generalizado. Lo que va a pasar en SIRIA es un crimen nos cuesta pensar que el "negro" es un asesino. Pero si somos críticos realmente, deberíamos pensar que muchas guerras que son abominables nos permiten mantener el modus vivendi actual. Yo creo que el fin no justifica los medios, habría que renunciar a muchas cosas en pos de la justicia social...pero tú crees que cuando se le diga a la gente que luz/agua/gas/combustible no está a 500 metros de su casa y que no está garantizada ¿como reaccionaría?
En fin por avivar esto...un abrazo primo

Luis 09/06/2013 14:17

Seguramente tienes razón, Blas, en mucho de lo que dices, pero la única respuesta cabal a tu pregunta que se me ocurre es: "Veamos cómo reaccionaría. Veamos si apretarían ellos mismos el gatillo con tal de garantizar su suministro de gasolina y víveres. Veamos con qué cara saldrían a la calle a partir de ese día...".
Que entre "el pueblo" hay muchísimos borregos, o sea súbditos que dan los parabienes al yugo que se les impone, es tan claro y evidente como que el machismo se sustenta de modo importante en el apoyo de tantas y tantas féminas. Ante eso lo único que cabe es decir "no" a lo inadmisible y tratar de seguir siendo honestos.
Un abrazo,
L.

Fernando Rivero 09/06/2013 13:12

Pues, sí. Todo parece estar al carajo, pero si no reaccionamos ya, el futuro inmediato no parece muy prometedor.

Ana 09/06/2013 11:41

Espectacular, Nando...pero, ¿qué queremos?...se han encargado de ir domesticando cuando no aniquilando físicamente nuestro espíritu crítico, de lucha y de dignidad...individual y, sobre todo, por ser más peligrosa, la colectiva...las guerras también sirven para eso.
Dicen que cuando una rana se introduce en un recipiente con agua hirviendo, salta de inmediato. Sin embargo, cuando se va subiendo la temperatura muy despacito, la rana no se da cuenta y acaba muriendo cocida. No sé si será verdad, ni pienso repetir el experimento, pero, desde luego, resulta revelador.

Luis 09/06/2013 08:29

Pues sí, Nando, creo que es exactamente como lo has expresado. Y sorprende que renunciemos tan dócilmente todos los días a usar nuestras armas: podemos hundir en tres días el sistema bancario sacando nuestros dineros; podemos derrocar un gobierno en quince días apagando televisores, radios, internetes e ignorando los periódicos; podemos hundir una empresa injusta haciéndole el vacío... pero al final vamos en reata, móvil y tarjeta en ristre, al carrefú, que la leche está dos céntimos más barata... pero lo hacemos por nuestros hijos, por supuesto.

Lola R 09/05/2013 18:57

Te has superado! Precioso aunque extremadamente duro articulo. Cada generacion es responsable de sus logros y sus fracasos ante la Historia. En este sentido, la nuestra no va a salir muy bien parada y nuestros hijos y nietos harån bien en reprochârnoslo.