Blog de educación y de crítica social y política que busca luchar contra la estulticia y falta de sentido común instalados en nuestra sociedad.
21 Enero 2014
No os asustéis, que no voy a hacer un panegírico de la sevillana recién ascendida a santa; de lo que quiero hablar es del colegio donde estudian mis hijos. Erraréis también si el nombre os hace pensar que es un centro concertado; le viene aquél de la época en que se confundía lo laico con lo religioso y este colegio recibió el de una monja ilustre que nació a pocos metros. Hoy no me apetece reflexionar acerca de si la enseñanza pública es mejor que la privada o concertada; allá cada uno con su elección. Sólo quiero decir que, si me dan a elegir entre bellota o recebo, me quedo con lo primero.
En España muchas personas no son conscientes de la importancia que la Educación tiene en la vida de sus hijos y conceden a los centros educativos de Primaria y Secundaria su valor en tanto guarderías que son, es decir, espacios de recogimiento mientras los padres trabajan, más que como lugar de maduración personal e intelectual; sin embargo, ésta es la función primordial de la Enseñanza: instruir a los alumnos y prepararlos en esas materias que los harán luego competentes para afrontar la vida de adultos, ricos en conocimientos y ávidos por seguir aprendiendo.
Hace años, mi muy querido compañero Andrés Oyola me hizo ver la importancia que nuestro instituto de Fregenal de la Sierra tenía desde un punto de vista sociológico. En una tierra históricamente dominada por los hombres, que eran los que aportaban el dinero y los pantalones a la casa, cada vez se daba más el caso de parejas en las que él no había estudiado y ella era licenciada, con todos los cambios sociales y personales que ello conlleva, relaciones basadas ahora más en la equidad, la igualdad y la libertad. Sin esas enseñanzas Primaria y Secundaria integradoras, gratuitas y universales eso no habría sido posible.
Nieto, hijo y hermano de profesores, mi vida siempre ha tenido que ver con la Enseñanza y, por tanto, mi conocimiento del funcionamiento de la escuela y el instituto me viene de mucho antes de ser profesor, de las conversaciones y la vida cotidiana en mi casa. Aun así, cuando tuvimos que elegir el colegio para nuestro hijo mayor, a Reme y a mí nos vinieron muchas incertidumbres y miedos, porque errar en esa elección habría sido muy perjudicial para él y su desarrollo. No nos equivocamos.
Hoy, con un hijo en 6º y una hija en 3º de Primaria, y tras nueve años de relación con este colegio, creo que tengo suficientes elementos de juicio para valorar el trabajo que en él se lleva a cabo. El CEIP Sor Ángela de la Cruz es un Centro dinámico y moderno que asienta sus cimientos en la calidad del aprendizaje, sin dejar de lado la integración y la atención a la diversidad. Creo que la Dirección ha tenido mucho que ver en ello. Esto no es fácil de aunar. Hace unos años hubo padres que se quejaron, creo que sin motivo, del exceso de alumnos con problemas de distinta índole. Demasiado integrador me parece una acusación más bonita que excluyente o segregacionista.
Este colegio es lo suficientemente abierto como para que quepan en él el hijo del ilustrado y del inculto, del pobre y del rico, del conservador y del progresista, del que luce la bandera de España y del que lleva pantalones amantelados. Y es precisamente eso lo que confiere grandeza a los centros públicos: que todas las sensibilidades quepan y haya influencia mutua. Conseguir un alto nivel de calidad de enseñanza con alumnos de muy diversa procedencia es más difícil que si éstos son previamente seleccionados. Y, sin embargo, aquí se hace. Por ejemplo, el nivel de Inglés con que se sale del colegio es muy bueno, sobre todo en lo que se refiere al vocabulario y a esas cuatro destrezas que los hacen realmente competentes. Me gustaría resaltar un par de proyectos que considero muy positivos para los alumnos: gracias al Plan de Lectura que se lleva a cabo desde hace algún tiempo, y al seguimiento que de él venimos haciendo los padres, por supuesto, muchos alumnos, como mis hijos, han adquirido el hábito hasta tal punto, que no son capaces de irse a la cama sin leer un rato. Y en 6º hacen el Trabajo de Fin de Semana, consistente en escribir textos de diversos tipos (descripciones, relatos, comentarios, noticias…), con los que están adquiriendo gran competencia en el ámbito de la producción escrita.
El del Sor Ángela es un claustro cohesionado, con maestros ya mayores y otros muy jóvenes, donde la madurez y la experiencia se contagian de la fuerza y el espíritu de cambio y modernización, y viceversa. Lamentablemente, la edad de la jubilación llega también a quienes nunca deberían jubilarse. Entre los maestros que a mis hijos han tocado en suerte ha habido de todo, como es lógico (¿en qué lugar podemos encontrar un cien por cien de excelencia?), pero os aseguro que las luces superan con mucho a las sombras. No quiero dar nombres de maestros y maestras excelentes (aquí no me importa incurrir en la detestable corrección política, para marcar aún más el término ya marcado); ellos y ellas lo saben y probablemente cometería el descuido imperdonable de dejar a alguien fuera. Contar con ellos (se acabó la corrección) es un lujo que no debemos pasar por alto. Lo que más les agradezco es que hayan sabido transmitir que el cariño y la empatía no están reñidos con la seriedad y el trabajo bien hecho y que hayan dado con la clave de qué destrezas, por ejemplo de expresión, necesita un niño para afrontar futuros estudios. Sin embargo, creo que en la última etapa deberían ser más exigentes con el trabajo que el alumno realiza en casa -defecto atribuible a la Primaria en general-, porque en 1º de ESO se les nota mucho esa falta de hábitos de estudio.
Tampoco me parece desdeñable la actitud con que los padres afrontamos nuestra relación con el colegio; es decir, sabemos que nuestra función está en la retaguardia, en el ánimo necesario a nuestros hijos, cerciorándonos de que trabajan adecuadamente y apoyando cuantas actividades se realizan, pero sin querer mayor protagonismo ni suplantar a los profesionales en los ámbitos de su competencia, como desgraciadamente he visto que ocurre en algún colegio e instituto de la zona. Aquí sabemos que somos sólo padres, que, en lo que se refiere a la educación de nuestros hijos, no es decir poco.
Leyendo estas líneas, alguien habrá que me acuse de cobista. Si estuviera cantando las excelencias de un político, un futbolista o un cantante, no se caería en tal tentación. ¿Por qué lo voy a ser, pues, si valoro y agradezco una labor que me afecta tan de lleno?
Acostumbrado a estar en la picota, el maestro no es persona que busque ni espere el aplauso (esperaría sentado), pero es bueno y justo que sepamos reconocer el trabajo bien hecho, para que se siga por ese camino, o incluso se busquen mejores sendas. Sean éstas, pues, las palabras de reconocimiento y aliento de un padre agradecido que sabe, además, que el barco en que navegan sus hijos se dirige a buen puerto.
Fernando Rivero García