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Resto de España - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Resto de España

La crisis económica que padecemos en nuestro país está viniendo como anillo al dedo al conservadurismo más extremista, a la derecha más cavernícola de este país, es decir, al Partido Popular. Me pregunto hasta qué punto son necesarios los recortes que nos imponen y cuánto hay de excusa para acabar con tantos derechos sociales y laborales que nuestros padres y abuelos consiguieron con esfuerzo.

En la actualidad se está poniendo en tela de juicio todo aquello que beneficia a las personas, a los trabajadores, y nos están convenciendo de que el sistema, de repente, es insostenible.

Uno de los conceptos que están en el punto de mira –para su inminente aniquilación- es el sistema autonómico español. No siendo defensor a ultranza, creo que la capacidad que tienen las regiones de gestionar sus propias riquezas, su identidad, ha sido muy beneficiosa para las mismas. Cuando el señor Mariano Medina nos hablaba, años ha, del tiempo en España, hacía un repaso por toda la geografía de nuestro país, y quedando ya sólo Extremadura y poco más, decía “En el resto de España….”. Hasta tal punto es así que aquí ya no sabíamos si éramos extremeños o resteños. Pues bien, los extremeños, mal que pese a muchos, ahora tenemos una magnífica red de carreteras, hospitales fuera de las ciudades de Cáceres y Badajoz, ofrecemos una educación de la misma calidad que en el resto de España (ahora os toca a los demás ser resteños) y Las Hurdes –comarca antaño olvidada, cuando no maltratada- es hogaño tierra del Siglo XXI. En Andalucía hemos demostrado que podemos ofrecer algo más que una guitarra y un cante.

Parece que hay gente a la que complacería vernos otra vez con la hogaza y el trozo de tocino como única esperanza, pero, lo siento, ese tiempo se marchó. Ahora que hemos conseguido nuestra propia identidad, secularmente negada por aquellos que nos pisaban, no vamos a permitir que vuelvan a arrebatárnosla. Hay personas que, influidas por esa corriente de opinión proveniente de otras partes de España, ven las regiones meridionales como un lastre para el país, regiones de vagos que viven de los subsidios, y piensan que el PER es el responsable de todos los males que padecemos. A todo ello ayudan ciertos comentarios de ministros del Partido Popular. Debemos recordar que el PER nació para contrarrestar la triste herencia de no haber hecho, como en los demás países, la revolución agrícola. Asumimos como algo natural que los madrileños reciban más dinero del estado que nadie y que las empresas catalanas y vascas obtengan subvenciones estatales por una cantidad que multiplica por mucho lo que el Estado se gasta en el PER, pero eso de ayudar a quien menos tiene no se perdona con facilidad. ¿Que con el PER se firmaron peonadas no trabajadas? Bien no está, pero se hizo para que las familias pudieran llegar a fin de mes. De la corrupción en grandes empresas en otras regiones están ya saliendo casos –no todos, seguro- y nadie piensa que no debamos subvencionar a la SEAT, por ejemplo.

Sin embargo, las críticas-excusas que se vierten y sirven de base para tumbar el sistema de las Comunidades Autónomas son de alguna manera ciertas. Un país con diecisiete cortes y reyezuelos legislando y gestionando sale caro, se ha instalado el clientelismo político y la corrupción está a la orden del día. Es evidente que hay que atajar tales deficiencias con rigor y contundencia, desburocratizar y rediseñar la Administración, mandar a su casa al que no valga y a la cárcel a quien meta la mano en la caja común.

No es eficiente que haya más de un organismo para realizar una misma función, pisándose y estorbándose, organismos de tres administraciones diferentes que no dejan de sacar leyes, decretos y órdenes para justificar su sueldo y competencias, volviendo así locos a los ciudadanos y a los subordinados que deben en última instancia aplicarlas. El inconveniente es que quienes deben rediseñar el sistema, los partidos políticos, no están interesados en hacerlo, porque sería perder su cuota de poder. Otro problema viene del hecho de que un acto que debe ser exclusivamente altruista, aunque remunerado, como es la dedicación a la cosa pública, se ha convertido en un oficio, una carrera que ofrece grandes beneficios económicos y de poder, por lo que quien entra intenta por todos los medios no salir y se crean puestos más por la necesidad de los partidos de colocación de sus efectivos –sean mediocres o no-, que por la propia coherencia de la Administración.

Ninguna de las tres administraciones que coexisten en España -estatal, autonómica y local- se salva de los problemas mencionados y, sin embargo, nadie se plantea acabar con la estatal y la local.

No obstante, no nos engañemos: nada de esto es nuevo. Lo que sucede es que cuando todo venía de Madrid no nos enterábamos (entre otras cosas porque esto era una dictadura). Siempre ha habido clientelismo y corrupción, pero es lógico pensar que cuanto mayor es la tarta, más manos esperan su tajada y se llevan tajadas más grandes. La tarta de los últimos años ha sido enorme, aunque la mayoría no hayamos probado ni la guinda.

La concepción antigua del Estado, esa que algunos quieren que vuelva, sólo sabía de la existencia de Madrid, epicentro del que emergen todas las cosas, y quizá Barcelona en el extrarradio. Los demás éramos considerados despectivamente de provincias, como si el mero hecho de vivir en esas ciudades hiciera a sus ciudadanos cultos e instruidos. Nada más lejos de la realidad.

Mejoremos las tres administraciones haciéndolas más eficaces y coherentes, impidiendo que los administradores que nos gobiernan desde mayor o menor altura se conviertan en reyezuelos y vivan con lujos a costa del dinero de todos, pero no nos planteemos acabar con las autonomías, pues volveríamos a los gobernadores civiles, y eso ¿quién lo quiere?

Fernando Rivero

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