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Querida Junta - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Querida Junta

Porque no todo va a ser malo.

Querida Junta

“Yo también soy un inútil. Exijo mi puesto en la Junta”, rezaba el cartel con el que entró un hombre en una Consejería de la Junta de Andalucía en los años ochenta. No sabía que el tiempo iba a hacer cada vez más verosímiles sus palabras.

A veces pienso que la Junta no puede caer más bajo, error del que ella misma me saca con frecuencia, pues siempre puede caer más bajo: nos lo demuestra todos los años. No penséis nunca que hemos llegado al límite de la desorganización, la incompetencia y la estupidez, porque en estos campos nuestros loados políticos saben muy bien cruzar todas las fronteras.

La ampliación del horario laboral de los funcionarios en dos horas semanales no es tal para los profesores, pues se nos ha subido en horas lectivas, lo que conlleva un grupo de alumnos más, con la consiguiente preparación de clases, seguimiento, corrección de pruebas…, lo cual significa de facto un aumento de entre cuatro y cinco horas. Menos mal que, por lo menos, nos pagan menos. Supongo que se ha adoptado esta medida para mejorar la tan cacareada calidad de enseñanza. Pensarán ustedes que ésta ha sido una decisión del gobierno central del PP; cierto, pero me consta que hay Comunidades Autónomas que han optado por incrementar nuestra dedicación en horas de guardia y otras cosas.

Al gobierno del señor Griñán le ha venido muy bien la decisión del PP, porque así se ha quitado de encima de un plumazo al diez por ciento de sus profesores, varios miles de compañeros –no se nos olvide- que se han ido a la calle de la noche a la mañana. Y lo mejor es que, como encima ha sido una medida decidida por los otros, miel sobre hojuelas, porque se pueden permitir el lujo de criticarla y al mismo tiempo beneficiarse de ella.

Estos que han invertido lo que no tenían en llenar los centros de pizarras digitales (maravilloso invento, por cierto); los que han instalado ordenadores en muchas aulas de Primaria y Secundaria y además le han dado un ordenador portátil a cada alumno, duplicando así inútilmente los recursos; los que han enterrado millones de euros en la creación de Agencias de todo tipo, que lo único que han conseguido ha sido enterrar en papeles y trabajo a unos profesores que ya no saben cuándo van a sacar tiempo para enseñar; los que han liderado la medida populista de dar los libros de texto gratuitos a todos los alumnos de Primaria y ESO; esos mismos son los que no tienen dinero para pagar a sus trabajadores y los han puesto de patitas en la calle. Y todo ello se ha hecho con la aquiescencia y el beneplácito, con la complicidad involuntaria pero cobarde del resto de los profesores.

Los mencionados ordenadores para cada dos alumnos se han retirado de las aulas en algunos centros de Primaria por falta de uso y porque al alumno le queda poco espacio para sus cuadernos y libros, para escribir a mano, como debe hacer un niño de esta edad. Con la gratuidad de los libros la Junta ha entrado en guerra con las editoriales y los perjudicados han sido las familias y la enseñanza. Las empresas editoriales, que no quieren perder dinero, han subido el precio de los cuadernillos de ejercicios de unos doce a más de veinte euros, con lo que una familia se viene gastando entre ciento cincuenta y doscientos euros en los libros gratuitos. Como resultado de ello, la Junta ha prohibido a los profesores de las etapas de enseñanza obligatoria pedir libros de ejercicios y de lectura. Imagino que es otro paso más en favor de la calidad de enseñanza. ¿Tan grave era que una familia sin demasiados problemas económicos –como las había en la época en que se implantó la gratuidad- se gastase doscientos euros en que el Estado se ocupase del cuidado y la instrucción de sus hijos durante buena parte del día y del año? ¿No se podría haber intervenido el precio de los libros de texto en la etapa obligatoria, haber creado una red de libros de segunda mano y regalar el libro a aquel que de verdad lo necesitase? No, la solución que han adoptado es la supresión de herramientas eficaces para la instrucción de los alumnos.

Ante todo este panorama negativo, los profesores tiramos para delante y los centros educativos abren sus puertas el día indicado por la Junta; todo está dispuesto con las nuevas cargas horarias, los alumnos matriculados y distribuidos en los distintos grupos, los miles de compañeros que han perdido su trabajo ya están en su puta casa, que es donde los quiere la Junta: ya se puede subir el telón. Pues bien, el día antes de comenzar todo, la Consejería llama a muchísimos institutos y les dice que les ha correspondido un profesor más (la realidad es que les sobran no sólo interinos, que se van a la calle, sino funcionarios que hay que redistribuir), que tenemos que aceptar sí o sí. “Ah bien”, les digo “Yo necesito uno de Lengua”. “No señor”, me contestan “Ha de ser de Tecnología, Plástica o Música” (que no necesitamos en mi centro). “Elegid, que ya enviaremos lo que nos interese”.

Así ha sido. Y eso que afecta sobremanera la organización del centro, que obliga a hacer nuevos horarios y repartos de materias lo han hecho el día antes de comenzar el curso. Pero ahí estamos los funcionarios, los trabajadores, para llevarlo a cabo con la habilidad suficiente para que el alumno y las familias lo noten lo menos posible.

Por eso digo en otro artículo que las cosas públicas funcionan gracias a los funcionarios y a pesar de los políticos, cuya ineptitud está sirviendo sólo para poner trabas a nuestra organización y a nuestro trabajo diario. Le lavamos la cara a la Junta de Andalucía porque, en definitiva, the show must go on.

Fernando Rivero

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Raúl 10/07/2012 12:34

Real como la vida misma, certero artículo que evidencia la incapacidad manifiesta y la hipocresía ilimitada de nuestros politicastros sean del supuesto signo que sean. Desafortunadamente este tipo de cuestiones nunca trascienden a la opinión pública en su conjunto porque obviamente ni importa ni interesa siempre y cuando tengamos fútbol y cotilleos.