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Padre, me acuso de haber pecado - Prometeo Liberado

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Padre, me acuso de haber pecado

Quiero pedir públicamente perdón porque desde los quince años he querido ser profesor. Me acuso de haber dirigido mi vida hacia ese objetivo y de haberlo conseguido, rechazando en el camino ofertas de la enseñanza privada/concertada, en la que no creo. Me acuso de que mi vida se restringiera a estudiar como un condenado en la época del paro y a estudiar y trabajar al mismo tiempo cuando comencé. Tuve suerte de aprobar pronto las oposiciones y no me vi como otros tantos acusados, que pueden haber pasado perfectamente una o dos décadas preparándose un examen que, cada dos años, es más Espada de Damocles que apuesta de futuro.

Pido perdón por todos los kilómetros que he hecho en los distintos coches que he ido quemando, por todos los sitios (maravillosos) en los que he vivido y trabajado durante los dieciocho años que he estado en la diáspora (aunque parte de ellos hayan sido más bien un reencuentro con mis orígenes).

Me acuso de levantarme a las seis y media de la mañana para comenzar a trabajar a las ocho, día tras día, y de no faltar a clase sino por causa de fuerza mayor. Deseo extender esta acusación a mis compañeros, a los que he visto trabajar enfermos en muchas ocasiones. Los acuso también, como a mí mismo, de faltar a nuestra palabra cuando hace dos años prometimos, y no cumplimos, trabajar un siete coma dos por ciento menos (dinero que Zapatero decidió quitarnos en un alarde de imaginación para salir de la crisis). Cuando tienes alumnos delante es difícil que cosas externas a nuestra propia interacción influyan en la misma. Ahora, como vaticinio, auguro que sucederá lo mismo cuando Rajoy y Vert suban la ratio y el número de horas lectivas (dos horas lectivas vienen a ser unas cinco horas de trabajo) y Griñán nos bage (perdón, baje) el sueldo nuevamente: encajaremos el golpe y seguiremos a lo nuestro.

Pido perdón por llevar más de veinte años enseñando a promoción tras promoción de ya distintas generaciones, por la ilusión volcada en mi trabajo durante estos años, por haber sido un profesor de trincheras que no ha querido ni sabido medrar en política para obtener ventajas. Lo pido por mí y por mis compañeros (y por mí primero), porque la inmensa mayoría de ellos actúan de la misma manera que yo, con ilusión y tenacidad a pesar del zapato en nuestro cuello.

Me acuso de no haberme enriquecido rápido ni haber despilfarrado, de no saber lo que es el dinero fácil, ni haberme vuelto loco, comprando compulsivamente, endeudándome hasta las orejas y contribuyendo a la inflación de los precios.

Me acuso fundamentalmente de ser esa rémora que tiene el Estado, ese parásito social, imposible de erradicar, responsable de todos los males económicos que no dejan a nuestro país salir del atolladero.

Pido, en definitiva, perdón por ser funcionario.

Fernando Rivero

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Judi 05/31/2015 05:24

Bravo,

Judi 05/31/2015 05:24

Bravo,