Blog de educación y de crítica social y política que busca luchar contra la estulticia y falta de sentido común instalados en nuestra sociedad.
4 Mayo 2013
Hay ya muchas evidencias que nos llevan a pensar que el actual sistema capitalista que padecemos está llegando a su fin, en palabras de Antonio Jiménez, devorándose a sí mismo, tiburones voraces a quienes jamás ha importado nada ni nadie, pero ahora lo hacen con el mayor descaro, sabedores de que el pueblo lleva décadas adormecido con la deliciosa flor de loto que ponen ante nuestros ojos y no vamos a despertar.
Es un sistema depredador y depravado, basado en la injusticia social y geográfica, que necesita su cuota de hambre, cada vez mayor, para su subsistencia. Hasta ahora no ha habido problemas, pues la pobreza se cebaba con África, Asia y Sudamérica, pero en los últimos tiempos está llamando a las puertas de Europa y eso ya son palabras mayores. Ésta es una de las pruebas más claras de su inminente derrumbe. La segunda evidencia, quizá aún más nítida, tiene que ver con el planeta que, aun en el caso de que la economía fuera boyante (más aún si lo es), está diciendo basta, que ya no soporta más nuestra inmundicia.
Hay personas que ven en esta crisis un intervalo entre dos ciclos de bonanza, otras piensan que es el final de un imperio y otras que lo que está por caer es el sistema de producción capitalista. Yo me inclino por esto último; el problema es que no tenemos ningún otro sistema que echarnos a la mano, ni demasiados pensadores que lo promuevan.
En cualquier caso, si no cae el capitalismo, sí parece seguro que el imperio americano y su libertad imaginada toca a su fin, la transferencia de poder de occidente a oriente cada vez más evidente. Me pregunto si estamos preparados para el final del secular eurocentrismo, para dejar de ser los reyes del mambo, probar el lado amargo del macabro juego del capitalismo. Oigo hablar y apoyo la idea de la insumisión del pago de la deuda –como si nos lo fueran a permitir- pero recuerdo los movimientos que abogaban por la condonación de la injusta deuda externa de Hispanoamérica y cómo nos echábamos las manos a la cabeza ante tal despropósito. Arrieritos somos.
Que China se convierta en la mayor potencia mundial va a tener muchas consecuencias negativas para nosotros. En primer lugar, que sean mil cuatrocientos millones de personas las que consuman desaforadamente va a resultar devastador para el planeta. Tampoco nos va a beneficiar la hegemonía de una cultura tan distinta, pero es difícil que aporten menos ni peores cosas que los americanos. La consecuencia, sin embargo, más aterradora es que el país dominante es el que exporta formas de vida: China ha abrazado el capitalismo aunando en un solo sistema lo peor de éste y lo peor del comunismo: la depredación y el totalitarismo.
Carlos López, creador del blog Euribor.com.es, analiza una serie de empresas chinas, públicas y privadas, y sus conclusiones no pueden ser más desoladoras. Por ejemplo, Foxconn, fabricante de electrodomésticos y electrónica, con un millón doscientos mil empleados. Ha construido toda una ciudad para una de sus fábricas de casi medio millón de trabajadores, recinto amurallado con dormitorios, cines, restaurantes… y miles de psiquiatras que intentan frenar la avalancha de suicidios, porque chino y tonto no son sinónimos y a nadie le gusta trabajar doce horas diarias, seis días a la semana. Han instalado redes para amortiguar las caídas y los empleados deben comprometerse en el contrato a no suicidarse. Imagino que escupirán sobre los cadáveres de los infractores y bailarán sobre sus tumbas. Otro vaticino cumplido, señor Orwell.
Esta empresa es sólo un ejemplo. Podríamos hablar de ZTE, Huwaei, Lenovo, Haier… Habernos hecho dependientes de sus productos y su economía no es lo único que produce miedo, sino que, además, como proveedores que son de las redes sociales que utilizamos, tienen la más exhaustiva información acerca de nuestras propias vidas.
Si en algo destaca Europa sobre otras culturas es en su visión humanista del hombre, humanismo que se ha ido perdiendo en las últimas décadas y los poderosos y los políticos han aniquilado en los últimos años. Este camino hacia la deshumanización nos lleva a China, a estas empresas donde el ser humano se ha convertido en el ser máquina, mero elemento de producción de un sistema aniquilador del individuo. ¿Queremos China? No tenemos más que seguir comprando sus productos.
Fernando Rivero
Hay ya muchas evidencias que nos llevan a pensar que el actual sistema capitalista que padecemos está llegando a su fin, en palabras de Antonio Jiménez, devorándose a sí mismo, tiburones voraces a quienes jamás ha importado nada ni nadie, pero ahora lo hacen con el mayor descaro, sabedores de que el pueblo lleva décadas adormecido con la deliciosa flor de loto que ponen ante nuestros ojos y no vamos a despertar.
Es un sistema depredador y depravado, basado en la injusticia social y geográfica, que necesita su cuota de hambre, cada vez mayor, para su subsistencia. Hasta ahora no ha habido problemas, pues la pobreza se cebaba con África, Asia y Sudamérica, pero en los últimos tiempos está llamando a las puertas de Europa y eso ya son palabras mayores. Ésta es una de las pruebas más claras de su inminente derrumbe. La segunda evidencia, quizá aún nítida, tiene que ver con el planeta que, aun en el caso de que la economía fuera boyante (más aún si lo es), está diciendo basta, que ya no soporta más nuestra inmundicia.
Hay personas que ven en esta crisis un intervalo entre dos ciclos de bonanza, otras piensan que es el final de un imperio y otras que lo que está por caer es el sistema de producción capitalista. Yo me inclino por esto último; el problema es que no tenemos ningún otro sistema que echarnos a la mano, ni demasiados pensadores que lo promuevan.
En cualquier caso, si no cae el capitalismo, sí parece seguro que el imperio americano y su libertad imaginada toca a su fin, la transferencia de poder de occidente a oriente cada vez más evidente. Me pregunto si estamos preparados para el final del secular eurocentrismo, para dejar de ser los reyes del mambo, probar el lado amargo del macabro juego del capitalismo. Oigo hablar y apoyo la idea de la insumisión del pago de la deuda –como si nos lo fueran a permitir- pero recuerdo los movimientos que abogaban por la condonación de la injusta deuda externa de Hispanoamérica y cómo nos echábamos las manos a la cabeza ante tal despropósito. Arrieritos somos.
Que China se convierta en la mayor potencia mundial va a tener muchas consecuencias negativas para nosotros. En primer lugar, que sean mil cuatrocientos millones de personas las que consuman desaforadamente va a resultar devastador para el planeta. Tampoco nos va a beneficiar la hegemonía de una cultura tan distinta, pero es difícil que aporten menos ni peores cosas que los americanos. La consecuencia, sin embargo, más aterradora es que el país dominante es el que exporta formas de vida: China ha abrazado el capitalismo aunando en solo sistema lo peor de éste y lo peor del comunismo: la depredación y el totalitarismo.
Carlos López, http://www.euribor.com.es/2012/10/30/grandes-empresas-chinas-que-dan-miedo/ creador del blog Euribor.com.es, analiza una serie de empresas chinas, públicas y privadas, y sus conclusiones no pueden ser más desoladoras. Por ejemplo, Foxconn, fabricante de electrodomésticos y electrónica, con un millón doscientos mil empleados. Ha construido toda una ciudad para una de sus fábricas de casi medio millón de empleados, recinto amurallado con dormitorios, cines, restaurantes… y miles de psiquiatras que intentan frenar la avalancha de suicidios, porque chino y tonto no son sinónimos y a nadie le gusta trabajar doce horas diarias, seis días a la semana. Han instalado redes para amortiguar las caídas y los empleados deben comprometerse en el contrato a no suicidarse. Imagino que escupirán sobre los cadáveres de los infractores y bailarán sobre sus tumbas. Otro vaticino cumplido, señor Orwell.
Esta empresa es sólo un ejemplo. Podríamos hablar de ZTE, Huwaei, Lenovo, Haier… Habernos hecho dependientes de sus productos y su economía no es lo único que produce miedo, sino que, además, como proveedores que son de las redes sociales que utilizamos, tienen la más exhaustiva información acerca de nuestras propias vidas.
Si en algo destaca Europa sobre otras culturas es en su visión humanista del hombre, humanismo que se ha ido perdiendo en las últimas décadas y los poderosos y los políticos han aniquilado en los últimos años. Este camino hacia la deshumanización nos lleva a China, a estas empresas donde el ser humano se ha convertido en el ser máquina, mero elemento de producción de un sistema aniquilador del individuo. ¿Queremos China? No tenemos más que seguir comprando sus productos.
Fernando Rivero