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Mi vida por un centavo - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Mi vida por un centavo

En muy pocos años se ha pasado en Europa de la euforia colectiva al pesimismo más absoluto; y no faltan razones para esto último. Como cualquier rico, nos quejamos del poder perdido, de lo mal que van las cosas después de habernos acostumbrado a vivir bien durante una década. Realmente, Europa y España no van bien desde mucho antes, si bien la bonanza económica ocultaba las deficiencias de una sociedad a la deriva.

Nos están dando donde más nos duele, lo único que nos duele: el dinero; y vivimos con miedo porque no vemos el final del túnel. Sin embargo, hemos estado tan ocupados en consumir, adquirir y trabajar para poder seguir haciéndolo y manteniéndolo, que hemos acabado olvidándonos de nosotros mismos, prescindiendo de lo que somos. En este país se valora cada vez más lo que uno tiene o representa, que lo que uno es. No nos engañemos: esto no ha surgido de la nada; más bien es el fruto deseado de una política económica al servicio de la gran empresa, que necesita personas que trabajen y, sobre todo, consumidores que consuman. Por tanto, si España consigue salir de la crisis, volverá a ser hiperconsumista. No obstante, más profundo que el pozo donde está nuestra economía, más negro y largo el túnel, es aquel donde se hayan los valores de nuestra sociedad, que, al venderse, se fue perdiendo; y por ahora no ve la manera de encontrarse.

Oigo a muchas personas quejarse con razón de que nos han engañado, nos están engañando. Pero nadie se queja de todo lo que se nos robó cuando éramos ricos: cosas más importantes para la vida. En España nos hemos acostumbrado a lo cómodo y lo fácil, lo que no suponga esfuerzo alguno. Lo demás lo desdeñamos y lo tildamos de inútil, sin darnos cuenta de que sólo lo que no sirve para nada es importante, lo que no da réditos a corto plazo.

No habría mal que por bien no viniera si esta crisis económica supusiera una vuelta a valores esenciales del individuo y del ser humano, pero eso me temo que no va a suceder. Los amos de Europa, los enemigos, son demasiado poderosos y nosotros, sus marionetas, demasiado tontos.

Fernando Rivero

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