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Los irresponsables - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Los irresponsables

           Me cuesta mucho trabajo poner etiquetas y calificativos a colectivos enteros, si bien en España somos muy dados a ello. Cuando proferimos despropósitos tales como “todos los catalanes son unos tacaños” o “chulo, como buen madrileño” (¿quién no ha dicho algo así alguna vez?), debemos aplicarnos el cuento y pensar si nos agrada que nos llamen “vagos” o “pandereteros” por el hecho de ser andaluces, sobre todo si uno no lo es. Quizá haya idiosincrasias geográficas, culturales, genéticas, educativas, qué sé yo, que influyan en la personalidad de las gentes, pero pensar que todos adolecen de los mismos defectos o virtudes es tan absurdo como creer que todos lo aries comparten rasgos.

         El zarpazo de la difamación se cierne ahora sobre la gente más joven, acusada de no ser responsable. Como profesor en constante contacto con ellos,  he podido comprobar que, como en todos los colectivos, hay de todo, desde el que no da un palo al agua, hasta el que vive para estudiar. ¡Cómo podría ser de otra manera! En mi ya larga experiencia trabajando (diréis que peino canas, pero, al menos, puedo peinarlas, no te fastidia), ése ha sido un tema recurrente, una reiterada censura de los mayores a los jóvenes. Y más aun: ¿no se nos criticaba a nosotros por lo mismo, a los hippies sesenteros o a los rockeros ancestrales? No nos percatamos pero caemos en los mismos errores generación tras generación. Parece que la única forma de ser calificados de “responsables” es ir entrando en el redil.

         Yo, sin embargo, veo chavales de todo tipo y, si es cierto que algunas cosas son mejorables, lo achaco a problemas de educación, tanto del colegio y el instituto como, fundamentalmente, de casa. Ser responsable tiene que ver con asumir responsabilidades, cosa que uno no hace motu proprio si nadie te las ha exigido. Si un alumno no trabaja lo suficiente y, según el padre, el profesor es el responsable/culpable de su suspenso y el inspector viene a pedirle a éste explicaciones y papeles, ¿qué responsabilidad le dejamos al chico? Si a un niño no se le enseña en casa que de un adulto jamás se debe mofar, ¿por qué va a ser un adolescente respetuoso?

         La responsabilidad tiene que ver con la capacidad de decidir y, sinceramente, no les estamos dejando demasiado espacio para ello. Un alumno de Bachillerato no puede salir del recinto en el recreo hasta que no cumple los dieciocho años (que ya es esperar, allí plantado), no le vaya a pasar algo. Diréis “pues eres tú como Jefe de Estudios quien se lo impide”. Ciertamente. Y lo seguiré haciendo, pues son tremendas las sanciones penales que tendría que soportar en caso contrario. Rizando el rizo, el otro día al recoger a mi hija Ana, de siete años, la esperé fuera, a la vista de la profesora, que no me la enviaba y me urgía a entrar. La razón era que hasta que yo no pusiera un pie dentro del colegio, la responsabilidad legal y penal de lo que le ocurriera recaería sobre el Director, aunque yo estuviera delante y con ella. Os parecerá demencial, pero yo también lo haría. Lo demencialmente absurdo es la ley que lo sustenta.

         A estas generaciones las veo más bien como víctimas de la estulticia colectiva. Los que debemos ser su guía –para que un día ellos puedan ser nuestro báculo- no sabemos dónde tenemos nuestra mano derecha, más preocupados por tener que por ser, más por criar que por educar y enseñar. Son víctimas de la técnica –relegado el humanismo al oscuro rincón del olvido y la desmemoria-, víctimas de una sociedad que no ha sabido o querido enseñarles unos valores básicos.

          Pero la cosa, les digo, no puede quedar ahí. Uno no puede conformarse con la realidad sólo porque tenga justificación para ella. Ellos son responsables ante sí mismos, ante su propia vida, y deben cambiar aquello que no esté bien. Soy psicópata porque el mundo me hizo así, porque mis padres me pegaban y todos de mí se reían. Pero no dejas de ser un psicópata, cacho cabrón. No hay excusas, les digo, para no querer ser cada día mejor persona, para no dar de ti mismo lo que se te pide y lo que no. Los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos la responsabilidad de mejorar cada día, de no acostarnos sin haber aprendido algo nuevo, de ser felices y estar orgullosos de lo que somos, de, en definitiva, construir un mundo mejor para nosotros y para los que nos rodean.

Fernando Rivero

         Me cuesta mucho trabajo poner etiquetas y calificativos a colectivos enteros, si bien en España somos muy dados a ello. Cuando proferimos despropósitos tales como “todos los catalanes son unos tacaños” o “chulo, como buen madrileño” (¿quién no ha dicho algo así alguna vez?), debemos aplicarnos el cuento y pensar si nos agrada que nos llamen “vagos” o “pandereteros” por el hecho de ser andaluces, sobre todo si uno no lo es. Quizá haya idiosincrasias geográficas, culturales, genéticas, educativas, qué sé yo, que influyan en la personalidad de las gentes, pero pensar que todos adolecen de los mismos defectos o virtudes es tan absurdo como creer que todos lo aries comparten rasgos.

         El zarpazo de la difamación se cierne ahora sobre la gente más joven, acusada de no ser responsable. Como profesor en constante contacto con ellos,  he podido comprobar que, como en todos los colectivos, hay de todo, desde el que no da un palo al agua, hasta el que vive para estudiar. ¡Cómo podría ser de otra manera! En mi ya larga experiencia trabajando (diréis que peino canas, pero, al menos, puedo peinarlas, no te fastidia), ése ha sido un tema recurrente, una reiterada censura de los mayores a los jóvenes. Y más aun: ¿no se nos criticaba a nosotros por lo mismo, a los hippies sesenteros o a los rockeros ancestrales? No nos percatamos, pero caemos en los mismos errores generación tras generación. Parece que la única forma de ser calificados de “responsables” es ir entrando en el redil.

         Yo, sin embargo, veo chavales de todo tipo y, si es cierto que algunas cosas son mejorables, lo achaco a problemas de educación, tanto del colegio y el instituto como, fundamentalmente, de casa. Ser responsable tiene que ver con asumir responsabilidades, cosa que uno no hace motu proprio si nadie te las ha exigido. Si un alumno no trabaja lo suficiente y, según el padre, el profesor es el responsable/culpable de su suspenso y el inspector viene a pedirle a éste explicaciones y papeles, ¿qué responsabilidad le dejamos al chico? Si a un niño no se le enseña en casa que de un adulto jamás se debe mofar, ¿por qué va a ser un adolescente respetuoso?

         La responsabilidad tiene que ver con la capacidad de decidir y, sinceramente, no les estamos dejando demasiado espacio para ello. Un alumno de Bachillerato no puede salir del recinto en el recreo hasta que no cumple los dieciocho años (que ya es esperar, allí plantado), no le vaya a pasar algo. Diréis “pues eres tú como Jefe de Estudios quien se lo impide”. Ciertamente. Y lo seguiré haciendo, pues son tremendas las sanciones penales que tendría que soportar en caso contrario. Rizando el rizo, el otro día al recoger a mi hija Ana, de siete años, la esperé fuera, a la vista de la profesora, que no me la enviaba y me urgía a entrar. La razón era que hasta que yo no pusiera un pie dentro del colegio, la responsabilidad legal y penal de lo que le ocurriera recaería sobre el Director, aunque yo estuviera delante y con ella. Os parecerá demencial, pero yo también lo haría. Lo demencialmente absurdo es la ley que lo sustenta.

         Yo a estas generaciones las veo más bien como víctimas de la estulticia colectiva. Los que debemos ser su guía –para que un día ellos puedan ser nuestro báculo- no sabemos dónde tenemos nuestra mano derecha, más preocupados por tener que por ser, más por criar que por educar y enseñar. Son víctimas de la técnica –relegado el humanismo al oscuro rincón del olvido y la desmemoria-, víctimas de una sociedad que no ha sabido o querido enseñarles unos valores básicos.

          Pero la cosa, les digo, no puede quedar ahí. Uno no puede conformarse con la realidad sólo porque tenga justificación para ella. Ellos son responsables ante sí mismos, ante su propia vida, y deben cambiar aquello que no esté bien. Soy psicópata porque el mundo me hizo así, porque mis padres me pegaban y todos de mí se reían. Pero no dejas de ser un psicópata, cacho cabrón. No hay excusas, les digo, para no querer ser cada día mejor persona, para no dar de ti mismo lo que se te pide y lo que no. Los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos la responsabilidad de mejorar cada día, de no acostarnos sin haber aprendido algo nuevo, de ser felices y estar orgullosos de lo que somos, de, en definitiva, construir un mundo mejor para nosotros y para los que nos rodean.

Fernando Rivero

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dieguito 04/01/2013 14:19

Cierto es, amigo