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Ley del tabaco - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Ley del tabaco

Es innegable que fumar es muy perjudicial para la salud. Eso los fumadores lo sabemos mejor que nadie. Si buscamos algo positivo en ese hábito no encontraremos nada que no sean excusas baratas para no dejarlo. Cuando uno lo abandona se siente bien, no sólo porque físicamente esté mejor, sino porque se libera de esa esclavitud; y cuando vuelve a fumar, lo más desagradable es la sensación de pérdida de la libertad que habíamos recuperado. No seré yo, por tanto, quien lo defienda.

Sin embargo, el Estado, actuando con un paternalismo insoportable, se presenta ante los ciudadanos como un padre autoritario e injusto que gusta de discriminar a sus hijos, criminalizando a unos y haciendo creer que está defendiendo a los otros, como si unos y otros fuéramos enemigos. El gobierno y los talibanes antitabaco perecen disfrutar marginando a los fumadores y haciéndoles sentir mal. No quiero con ello decir que el que no fuma sea persona visceral y moralista. Muy al contrario, existen muchos no fumadores comprensivos y dados a dejar a sus semejantes en paz. Del mismo modo, si yo veo que mi humo puede molestar a alguien, aunque la ley me ampare, no fumaré, porque todo esto tiene que ver con el sentido común, con el deseo de no perturbar la vida de los demás.

Esta ley, que no es sino otra vuelta de tuerca contra los fumadores, esta basada en el moralismo más rancio, el mismo que llevó a las mujeres de Estados Unidos a la lucha contra el alcohol, mujeres cuyo objetivo en la vida era poner el grito en el cielo. Ya no se puede fumar en los sitios cerrados ni en los lugares de trabajo, ni siquiera queda la opción de hacerlo en un habitáculo pequeño e insalubre, aunque haya común acuerdo en que no molesta. La razón que se arguye es que el humo molesta a los que no fuman. Sin embargo, el hecho de que no te permitan ya fumar en las inmediaciones de hospitales ni centros educativos nos demuestra que es una ley moralista, porque no hay razón más allá de la estética para ello. ¿Qué daño hace un fumador en estos sitios? Mayor daño hay en que el Estado margine y trate de apestados a varios millones de personas de este país.

¡Ah, no…! que la razón es que los niños no deben ver a ese apestado junto a su colegio (el apestado es su profesor, su padre…). Ya lo voy entendiendo. Bueno, lo de los hospitales todavía no. Es decir, que el Estado pone el grito en el cielo si un niño ve a un adulto fumando, pero permite comercializar videojuegos en los que aquél entra con los cinco sentidos, psicológicamente indefenso, en el reino de la violencia gratuita, la muerte atroz y al mismo tiempo ficticia. El niño mata y destruye sin la enseñanza de qué es eso de la muerte o el dolor; mata sin saber que ha dejado a un niño sin padre, a un padre sin hijo o que, en definitiva, ha acabado con una vida humana. Al gobierno no le supone ningún problema que el niño vea y viva esas cosas, pero, por favor, ¡cómo va a ver a alguien fumar a la puerta de la escuela! En los colegios se utiliza a los alumnos, haciéndolos partícipes del chantaje moral más repugnante: se les dice que sus padres se van a morir si siguen fumando. Un niño que no quiere que su padre se muera es el arma más poderosa que ha encontrado el gobierno contra los fumadores. En los institutos se dan charlas obligatorias que son abusivamente maniqueas. Aún estoy esperando que en los colegios se les diga a los alumnos que se van a volver imbéciles si siguen viendo Disney Channel o se den charlas contra el consumismo desmedido.

No. Ésta no es una ley contra el tabaco, sino contra los parias que fuman. De hecho, el tabaco proporciona al Estado pingües beneficios que no está dispuesto a perder. La filosofía principal de la ley, la oculta e inconfesable, es acabar con la conversación de las personas y meterlas en casa, que es donde deben estar, viendo la tele y descansados para trabajar mejor al día siguiente. No vaya a ser que de tanto hablar, piensen y se les ocurran ideas subversivas, a ver si van a ser conscientes en masa del daño que se les está haciendo como seres humanos. De esta filosofía intrínseca de la ley se han dado perfecta cuenta mis vecinos, en el bar de cuyo bloque han puesto un cartel que reza Por favor, si salen a fumar, hablen en voz baja, aunque lo que de verdad quieren decir es esténse callados, escoria.

Esta ley nos trajo un día de Año Nuevo la manipulación informativa más flagrante de toda la era Zapatero. Era una noticia medida y perfectamente secuenciada. Primero aparecía en un bar una mujer con su hijo lactante, muy contenta porque ya podía ir al bar con el niño. Después un no fumador y acto seguido un converso; y acababa con un italiano al que no le suponía ningún problema porque en su país era así hacía ya tres años. Todos contentos con la nueva ley, un país paradisíaco. No entrevistaron a nadie que se opusiera a ella. Recuerdo que cuando vi el telediario me pregunté ¿es que el bar es sitio para un recién nacido?

Esta ley es un paso más allá en el adocenamiento de las personas. Aún estoy esperando una ley contra la estulticia y la estupidez, pero ésa la puedo esperar sentado.

Fernando Rivero

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