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La tele - Prometeo Liberado

Publicado por H;

La tele

     Cuando me emancipé (si es que en algún momento he llegado a hacerlo verdaderamente) decidí que no iba a tener tele en casa, lo cual no me hace, como dicen algunas, más interesante o al menos no mucho más allá del interés que pueda aflorar de una anécdota. Sin embrago, el hecho de no tener tele me permite hablar de lo que os voy a contar como alguien que se enfrenta a un fenómeno nuevo o casi desconocido.

     Hace tiempo, en casa de mi madre, fui testigo de tres hechos, tres situaciones televisivas que lejos de ser una coincidencia temporal, me temo que son la norma en el funcionamiento de este servicio público.

       Primero fue el fin de la serie Amar en Tiempos Revueltos, que emitía TVE desde hace siete u ocho años, que culminaron con dos capítulos en los que atropelladamente remataron las varias historias que mal tejían la trama de la serie. Tal manera de acabar con la serie me pareció una absoluta falta de respeto para aquellas personas que habían estado siguiéndola con una fidelidad a prueba de Tours de Francia, sopores de verano y la progresiva extensión del Telediario.

     Al día siguiente o así, estaba viendo la serie Castle de Cuatro. Para aquellos que no conozcan la existencia de esta serie os diré que es una de las muchas series de policías en las que un extraño, en este caso un escritor de novelas policíacas, colabora en la resolución de los casos. La agente protagonista es especialmente guapa, o al menos a mí me lo parece y es la única razón por la que me paro en el zappeo cuando la veo en pantalla. Pues bueno, el caso es que estaba viéndola a ella cuando un malo malísimo (y esta vez de verdad) va y la mata. “¡Joder, qué putada!” – pensé mientras ella exhalaba su último aliento. Sin embrago, con esa costumbre de empalmar un capítulo con otro para que no hagas zapping, al segundo siguiente aparece ella tan lozana y buena moza como siempre. No me había dado tiempo de apenarme por la muerte de la heroína cuando la volvía a tener delante enfrascada en detener a otro malo malote. También eso me pareció una falta de respeto a los telespectadores que habíamos, por un momento, roto las barreras entre la ficción y la realidad y nos habíamos quedado un poco tristes por la muerte de Beckett, a la que habíamos convertido en persona y, por lo tanto, incapaz de resucitar.

       Por último, estaba viendo la serie de Neox The Big Bang Theory, una serie compuesta por sketches de poco más de un minuto, entre los cuales colocan una cortinilla en la que aparece un átomo o algo similar. Bueno, pues estaba hablando el protagonista, Sheldon, cuando en mitad de una palabra cortan para meter publicidad. ¡En una serie que tiene un corte cada minuto o minuto y medio! Pero como hay que hacer coincidir la publicidad con los cortes de Antena 3, pues nada, se corta en mitad de la palabra y aquí paz y después gloria.

     Todo este rollo sobre la tele no sería especialmente preocupante si no fuera una metáfora de lo que lleva pasando en el país desde hace mucho tiempo, esto es, la falta de amor por el trabajo bien hecho, el frangollismo imperante en casi todas las facetas de la vida. Esa sensación de impunidad, ese “¿qué más da?” que tiene más que ver con la crisis actual de lo que uno puede creer en un primer momento. Nos hemos acostumbrado a trabajar a un ritmo infernal en el que no hay espacio para revisar, sopesar, repensar, mejorar o rematar lo que estamos haciendo. Lo importante es hacerlo, tenerlo hecho, independientemente de si está bien o menos bien, de si sirve para lo que estaba pensado o no. Estoy convencido de que trabajar más despacio es trabajar mejor, porque no hay que repetir o rehacer (cuando lo hecho se puede repetir o rehacer); porque con tiempo puedes ensayar nuevas cosas, puedes innovar, en lugar de dejarte llevar por las inercias; porque en tiempos de menores recompensas económicas, el trabajo bien hecho puede ser una bonita recompensa, una manera de hacer más agradables los lunes por la mañana (incluso los de después de un puente).

 

H;

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Manuel Rivero 11/24/2013 19:27

No estoy tan seguro de esa difuminación de las clases, lo que digo es que sería más factible un cambio real si se movilizan todos los sectores sociales juntos, y eso, de momento no ocurre.

H; 11/25/2013 09:44

Creo que Manolo tiene razón. Aunque un buen sistema educativo permmite una mayor igualdad de oportunidades y una movilidad social tamnbién mayor, lo cierto es que las diferencias en España eran (y son) tan grandes que no basta con una generación para igualar al nivel de espectativas e intereses. Sin olvidar a toda esa gente que abandonó los estudios y que, incluso cuando tuvieron trabajo y dinero, no participaban de la vida política y que ahora, desposeidos de casi todo, sólo esperan que vuelvan los "buenos tiempos".
Por otro lado, Nando, me temo que el acceso a la Universidad ha ido acompañado por un sistemático esfuerzo por convertirla en una FP3 que ha servido para poner a muchos profesionales a disposición del "mercado de trabajo" con la consiguiente devaluación de sus servicios y su estatus, pienso en médicos, ingenieros, farmacéuticos.
Por eso me temo que movilizar a todas esas personas que no tienen cultura política va a ser muy complicado, porque las reivindicaciones por un cambio en profundidad son muy minoritarias (si os fijáis las únicas reivindicaciones que tienen éxito son las exclusivamente "profesionales", las que tienen que ver con condiciones actuales de trabajo y ni esas ganan siempre).
Siento tanto pesimismo, pero qué queréis, es lunes por la mañana...

Fernando Rivero 11/24/2013 19:39

Eso desde luego, pero no parece estar el horno para bollos.

Manuel Rivero 11/24/2013 18:05

Es que movimientos como el 15 M parecen representar sólo a las clases medias, que ahora visitan la precariedad laboral de las clases trabajadoras.

Fernando Rivero 11/24/2013 18:24

Con al acceso de la clase trabajadora a los estudios y la universidad, ahora tan tambaleante, creo que se han difuminado en gran medida las diferencias entre ésta y la clase media. Eso pienso cuando a las seis y media me levanto todos los días para ir a trabajar. Y, en todo caso, si el cambio viene de la clase media, de los que aún no están del todo asfixiados, bienvenido sea.

Manuel Rivero 11/24/2013 16:44

Los mecanismos de comparación/emulación social suelen tener un cierto componente de elitismo que ya denunciaba Veblen en su teoría de la clase ociosa.
Muy poca gente puede disfrutar de verdad con su trabajo y suelen ser de las clases medias-altas.
¿Qué hacer con los Canis, las Chonis, los Ninis que no sea exhibirlos en TV para reafirmación y mofa por parte de las clases superiores?

H; 11/25/2013 09:24

http://www.youtube.com/watch?v=Gtizr2G_7Bk
Ahí llevas el original de Tommy Edwards por si quieres comparar los dos temas.

Manuel Rivero 11/24/2013 11:43

Hermosa la música y las fotos.

Lola 11/23/2013 14:23

Tienes toda la razón, el trabajo, cada vez más farragoso y lleno de papeleo, se hace para salir del paso, abusando del corta y pega y sin tiempo para releer lo que se escribe o copia, haciendo traducciones imposibles con el traductor de google o, si es en el propio idioma, sin tiempo para al menos filtrar y adaptar lo que se copia descaradamente.

H; 11/22/2013 12:46

Iba a contestaros, pero tengo que entregar hoy una cosa y no me puedo parar. Así es la vida, pura contradicción.

Elena V. 11/21/2013 21:12

Cuanta verdad en el artículo y en la respuesta de Luis he encontrado, cómo me identifico en que efectivamente hay mucha gente que siente placer en el hecho de esmerarse y que por ello soporta comentarios del tipo "pringao, ni que esto fuera tuyo" "que esto no lo vas a heredar" etc.... desgraciadamente y en demasiadas ocasiones al "pringao" es al que se le carga de trabajo y al indolente se le beneficia y eso es realmente lo peor, es complicado que el trabajador siga motivado cuando observa que el inútil de compañero tiene las mismas recompensas que él o incluso más pues bajo el lema "yo no sé" el jefe premia su incompetencia asignándole menos tarea.En fin que la figura del "listillo" no es nueva aunque ahora abunda más.

Fernando Rivero 11/21/2013 21:29

Siento tener que darme por aludido, Helen, ¿pero a quien se lo voy a encargar sino a vosotros?

Luis 11/21/2013 20:24

El esmero ha sido secularmente ridiculizado en nuestro país por sus personajes más ruidosos: los pillos, que suelen ser los que están arriba, dominando a costa de todos y forrándose. "¡Mira el pringao ése, esforzándose tanto para sacar lo mismo que si lo hiciera en la cuarta parte de tiempo!", vienen a decir.
El caso es que nuestro país también está lleno, desde siempre, de gente con buen gusto, de gente que siente placer en el mismo hecho de esmerarse, de combatir a los frangollos y borucones con un buen ejercicio de acribía. Ésos son los mejores; ésos, los más castigados.