Blog de educación y de crítica social y política que busca luchar contra la estulticia y falta de sentido común instalados en nuestra sociedad.
8 Febrero 2013
Por más que lo intento, no consigo entender tanta indignación como se percibe estos últimos días, no comprendo por qué nos rasgamos las vestiduras y nos horrorizamos al saber que la cúpula del Partido Popular ha realizado actividades económicas ilícitas, aceptando sobres con dinero negro. Supongo que no nos lo esperábamos, que no concebíamos que nuestro idolatrado Presidente del Gobierno se dedicara a poner la mano cual mendigo en umbral de iglesia.
No sé de qué nos extrañamos, a qué viene tanto arrebato, si esto siempre ha sido así. La mentalidad de la derecha es ésa, coger cuanto se pueda y beneficiar a los poderosos, entre los que ellos se encuentran o a los que aspiran a unirse. Basan su acción política en la restricción de libertades, la desigualdad y el desequilibrio social, la ley del más fuerte, una competición trepidante en la que ellos participan con las cartas marcadas por estar mejor relacionados. Los colegios concertados no ofrecen a priori una instrucción mejor, un nivel más elevado de conocimientos a los alumnos, pero sí les aportan unas relaciones personales con las que al cabo del tiempo conseguirán altos puestos en la Administración o en las empresas (o que les regalen Telefónica). La derecha, vístase como se vista, es por definición egoísta, clasista y depredadora. La española es, además, cateta y cavernícola, nostálgica de un pasado de galones y mantillas.
No olvidemos que esta vez no han sido los cañones los que los han llevado al poder, no las balas ni los sables, sino una inmensa mayoría de votantes que hoy se sienten decepcionados. ¿Decepcionados de qué? Hemos puesto al zorro a cuidar de las gallinas y nos quejamos de que se las esté comiendo. No me vengan con historias, que sabíamos muy bien a quién y qué votábamos. ¿Es que hemos perdido la memoria? No, no me voy a remontar a un pasado tan remoto, aunque sean sus herederos, no necesito ejemplos tan antiguos: me bastan los ocho años en que el Partido Popular quiso subastar el Estado al mejor postor y en la bonanza trató infructuosamente de acabar con derechos básicos de los trabajadores e hizo de la mentira su arma más hiriente. ¿No recordáis a aquel que juraba que había armas de destrucción masiva en un país que había que devastar para apoyar al jefe?, ¿no al otro, que ahora es éste, que hablaba de minúsculos hilitos de petróleo?, ¿o aquel que mintió y ofendió a las víctimas de un accidente de aviación?, ¿no a todos ellos, que decidieron que había víctimas del terrorismo de primera y de segunda categoría, dependiendo de quién pusiera la bomba, y a éstos últimos había que ningunearlos, hasta el punto de inventarse toda una conspiración para ocultar sus vergüenzas? Dio la impresión de que las víctimas habían sido los culpables de sus propias muertes, por haberse puesto al alcance de unas bombas que no iban a aportar réditos electorales al Partido Popular.
Ya desde los tiempos de Fraga recuerdo las falsedades de Alianza, esos “difama que algo quedará” y "cuando el río suena, agua lleva" que tan buenos resultados les han proporcionado. Llegó Aznar al poder basando su campaña en dos pilares: la corrupción y la lucha sucia contra el terrorismo, falacias hipócritas pues con ambas cosas estaban de acuerdo. Es su estrategia: tensar la cuerda hasta hacer caer al contrincante. “Dejemos que el país se hunda”, dijo un alto cargo del partido en la última etapa de Zapatero, “que ya lo levantaremos nosotros”. No les importa nada ni nadie con tal de conseguir el poder y tener las manos libres.
Ahora presenciamos una guerra interna, lucha a muerte entre chacales; ¿o qué creéis, que es casual esto de Bárcenas, un impecable trabajo de investigación periodística?, ¿ha funcionado de repente la Fiscalía cuando no se la suele dejar trabajar? Esto ha sido más bien una montería, apostados tras los matorrales esperando, rifle en mano, que pasara por allí un ingenuo y distraído Mariano Rajoy, que ha demostrado desde el principio que esto le viene grande. El culebrón no ha hecho más que empezar, las hienas ya han afilado sus dientes y garras y han lanzado la primera dentellada. No, no se andan con chiquitas, que la primera ha ido directa al corazón. No les ha importado que esto diezme su propio partido, pues todo está bien siempre y cuando ellos salgan fortalecidos. El aznarismo parecía cosa del pasado, pero, ya sabéis, mala hierba nunca muere.
Si esto ya pintaba mal, yo estoy absolutamente horrorizado con lo que se avecina. Hasta tal punto es así, que no deseo que Rajoy y su equipo dimitan, porque entonces vendrán los verdaderos salvadores de la patria, que esperan su desquite. Creo que un gobierno y un partido que están dando evidencias tales de corrupción no deben dimitir sin convocar elecciones anticipadas, pues si creéis que éstos son reaccionarios, conservadores recalcitrantes, esperad que vengan los que agazapados esperan en lo más recóndito de la caverna.
Fernando Rivero