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Funcionario maldito - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Funcionario maldito

Cuando un gobierno quiere dañar a un colectivo de personas, lo primero que hace es desprestigiarlo. Es viejo ya el truco. Así, por ejemplo, en las manifestaciones de estudiantes o del 15-M la policía se infiltra de paisano, no para controlarlas ni para evitar la violencia de personas que quieren desestabilizarlas, sino para desestabilizarlas ellos mismos y mostrar a esos grupos de manifestantes ante la sociedad como personas violentas que quieren acabar con el orden establecido. Ya los medios de comunicación, mezquinos, serviles y rastreros, la voz de su amo, se encargarán de enseñar las imágenes adecuadas y dar la versión que más interese de los hechos. Eso no le quita responsabilidad a los salvajes del 15-M, que yo he visto cómo los pobres policías tenían que huir de ellos hacia adelante, mientras los otros les pegaban con las cabezas en sus porras –hay que ser animal-. Otras veces el policía levantaba la mano con la porra (había entendido “arriba las manos” y, como se sentía amenazado, obedecía) y al bajarla, ya más tranquilo, el otro ponía la cabeza debajo. He llegado a ver cómo alguna muchacha nada inocente golpeaba la porra del policía con su espalda y otra, cosa increíble, daba espaldazos desde el suelo a la punta de la bota de ese pobre padre de familia con insignias. Si es que, qué perversa es la gente que se sale del redil.

El colectivo que más tiempo y más lleva sufriendo la difamación por parte de su patrón es el de los funcionarios. Y se hace exclusivamente para que la sociedad vea con buenos ojos que se recorten sus derechos adquiridos y se congelen o bajen sus ya exiguos sueldos. Es decir, cornudos y apaleados. Hay una corriente de opinión cada vez más extendida que ve a los funcionarios del país como una rémora con la que hay que acabar, una pandilla de vagos y parásitos sociales que están esquilmando las arcas públicas, que piden, habrase visto, que se les pague a fin de mes por el trabajo que han realizado, gente que se pasa el día tomando café –deben de tener los nervios desquiciados- y rascándose el callo que tienen en la barriga. Digo yo que hay que tener por tino y mal acierto para elegir a los más vagos de todas la carreras universitarias y los ciclos formativos como empleados públicos. Deberían poner en las bases de los concursos y oposiciones “absténganse aquellos que quieran trabajar”. Más bien parece que las administraciones quieren tener a su servicio personas altamente cualificadas, en la enseñanza por ejemplo, y pagarles poco.

Ahora resulta que lo único bueno y que funciona es la empresa privada, que ese que te salva la vida cuando llegas a la UCI más muerto que vivo o el que te pone un corazón nuevo, el bombero que combate las llamas de tu casa o el maestro que instruye a tus hijos son parásitos inútiles que mejor hacían yéndose a casa. Ah no, me dice, esos sí hacen falta (porque sabe que yo soy profesor, por dentro está deseando que engrose las listas del INEM), los que no son necesarios son los de la ventanilla, que se pasan la mañana pintándose las uñas de los pies (¿ellos también?). Sin embargo, cuando en esta sociedad absolutamente burocratizada necesitamos que nos muevan papeles importantes, queremos que ellos estén ahí, que nos solucionen nuestros asuntos.

La gente, estúpida e ignorante como nunca, seguidista de la voz del gobierno como siempre, no sabe apuntar más arriba, hacia las verdaderas responsabilidades. Si sobran trabajadores en las administraciones y éstas están triplicadas, no es por culpa del funcionario, que simplemente ha aceptado un trabajo que se le ha ofrecido y se ha preparado unas oposiciones que el de la empresa privada no ha hecho. El diseño de la administración no corresponde a éste, sino al político, ese cuyo sueldo se ve incrementado por la responsabilidad que conlleva su cargo y después no es responsable de nada. Si hay funcionarios poco dados a doblar el lomo –dudo mucho de que en la privada no los haya- tienen como jefe inmediato un político responsable de que trabaje. Estoy seguro además de que no es una apatía tan extendida como se nos quiere hacer creer. En mi caso, como profesor de unos cuantos institutos ya que ha trabajado con muchos compañeros, puedo decir que me he encontrado de todo, personas muy trabajadoras y personas que no querían implicarse en su trabajo, pero en un porcentaje muy elevado mis compañeros son y han sido trabajadores de alta cualificación profesional y personal que han mostrado ganas de trabajar a pesar de toda la basura que nuestros jefes llevan años echándonos encima. En ese sentido he de decir que la administración, lo tengo muy claro, funciona gracias a los funcionarios y a pesar de los políticos, porque sabemos hacer nuestro trabajo tan bien que desfacemos los entuertos creados por nuestros jefes, aunque ahora hay tantos jefes y entuertos que todo se está liando y burocratizando mucho y va a ser difícil devanar esta madeja.

La gente haría bien en considerarnos lo que somos, trabajadores con un horario y un cometido que cumplir, que sabemos hacer las cosas y las hacemos bien, a pesar de los pesares, y si quieren compararse con nosotros, que lo hagan en toda la dimensión de nuestro trabajo: nuestro sueldo, nuestra falta de promoción profesional, nuestras oposiciones obligatorias –que no son moco de pavo-… Entiendo que en una época de turbulencia económica como la actual las personas miren con recelo a quien tiene un trabajo fijo (cada vez más trabajo, cada vez menos fijo), pero deben acordarse de que cuando se vivía bien nos miraban como a parias que no se lo estaban llevando, mientras otros arramplaban con todo a manos llenas.

Los funcionarios vemos con buenos ojos que nos quiten todos los meses de nuestra nómina bastante dinero para pagar el INEM, por ejemplo, porque somos solidarios, así que, que no se nos acuse luego de lo contrario. Y si alguna ventaja tiene la función pública, los demás trabajadores mostrarían una actitud más inteligente aspirando a obtenerla, que intentando que nosotros la perdamos. Es como cuando en los ochenta decían los hombres que las mujeres tenían que hacer la mili para que hubiera igualdad. No seas necio, chico, nuestra aspiración ha de ser que nosotros no la hagamos, no que ellas sí. Eso es sólo envidia, malsana como toda.

En definitiva, la función pública es como cualquier otro trabajo asalariado, jodidos por los de arriba e intentado sobrevivir como se pueda.

Fernando Rivero.

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celso 10/05/2012 22:38

Hola, en primer lugar felicitarle por su blog y segundo solo decirle que usted se deja llevar por los mezquinos medios de comunicacion que solo se acuerdan de santa Barbara cuando llueve y creo que las primeras lineas de este articulo usted olvidó una cosa, igual que defiende al funcionario, culpando de malas gestiones a "los de arriba" y sabe que ovejas negras hay en todas partes, debería saber que aunque algun miembro del cuerpo de policia no haga bien su trabajo, no deberia generalizar por que le recuerdo q son ordenes a cumplir por los mismos que mal gestionan al resto de funcionarios y tambien en la policia hay ovejas negras, pero policias tambien son aquellos que se juegan la vída cada día para detener a quien roba, viola y mata, sus palabras me parecen crueles para estar generalizando, espero nunca se vea con el agua al cuello y tenga que pedir ayuda a ese cuerpo de funcionarios que solo da golpes y se dedican a alborotar. Un saludo.