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En defensa de Luis F. Bárcenas Gutiérrez - Prometeo Liberado

Publicado por H:

En defensa de Luis F. Bárcenas Gutiérrez

         Sí, amigas, a mí también me han empezado a escocer las yemas de los dedos al ponerle título a esto que me dispongo a escribir. Pero no creáis que el calor ha terminado por fundir mi última neurona, ni que trato de llevar la contraria al mundo (como muchos, erróneamente, pensáis que hago de manera habitual), ni que intento emular el monólogo de Marco Antonio en el Julio César de Shakespeare (en vano lo haría si lo pretendiese) y digo una cosa para terminar convenciéndoos de lo contrario. Y tampoco es una provocación para atraer vuestra disipada atención veraniega.

       Es que creo que ha llegado el momento de que cada palo aguante su vela, porque desde que empezó el mal llamado “Caso Bárcenas” tengo la sensación de que estamos errando el tiro, que estamos centrando la atención en un actor secundario, sin duda clave, pero secundario al fin. Y creo que esa perspectiva nos está haciendo perder de vista los elementos centrales, esenciales, del problema.

      No quiero decir con esto que Bárcenas me parezca inocente (ni decente), pero desde luego no es “el malo” de la película, al menos no es el único ni el más malo de la película. Porque Luis Bárcenas es responsable de gestionar un procedimiento, de manejar una herramienta para hacer funcionar un sistema diseñado por otros. Seguramente él aportó alguna idea para mejorar su funcionamiento y, además, se aprovechó a nivel personal (que es por lo que finalmente lo han pillado, como a aquel Roldán).

Bárcenas se corrompió al aceptar el enfangado encargo, pero la decisión de crear el sistema la tomó otro u otras. Otra u otros que necesitaban más dinero del que la ley les permitía para sus campañas electorales; otro u otras a quienes no les bastaba con su sueldo de Presidente del Gobierno o de Ministra y necesitaban un empujoncito para llegar a Miami (Marbella, Oropesa del Mar o Benidorm) a fin de mes; otra u otros que necesitaban quedarse con una obra, una concesión o ambas cosas para cuadrar sus balances.

        Y es ahí donde está el núcleo del problema, de donde nace la podredumbre que se nos está comiendo y que nos ha convertido en una sociedad envilecida y depauperada. Porque lo realmente escandaloso (y hay muchas cosas escandalosamente indecentes en todo este asunto) no es que el Tesorero del partido con la mayor concentración de poder de los últimos cuarenta años tuviera más de 40 millones de euros en Suiza; tampoco es lo más escandaloso que el actual Presidente del Gobierno cobrase, siendo Ministro, sobresueldos ilegales y por los que no tributó a Hacienda ni cotizó a la Seguridad Social, es motivo suficiente para su dimisión y su posible incriminación, pero no es lo más escandaloso; tampoco lo es que la Secretaria General de ese partido y Presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha nos mintiera a cara descubierta, no en diferido pero sí simulando. También es motivo de dimisión, pero no lo más escandaloso.

         A mi juicio lo realmente escandaloso es que quienes eran responsables de velar por el interés público pusieran el Estado al servicio de unos pocos. Lo realmente escandaloso es que quienes dictan las leyes y las deberían hacer cumplir (¡y bien que las hacen cumplir cuando les conviene!) crearan un sistema opaco de adjudicaciones “públicas” para favorecer, no a sus amigos, sino a ellas mismas.

        Porque la teoría de las “puertas giratorias”, según la cual los servidores públicos favorecían a las empresas para las que después terminaban trabajando, se queda corta para explicar lo que está pasando. Porque no estamos hablando de dos partes enfrentadas; no se trata de que el despiadado empresario engatusa con dinero al hasta entonces honrado funcionario. Ni del funcionario corrupto sabedor del valor de su firma imprescindible que extorsiona al emprendedor empeñado en sacar su empresa adelante. ¡NO! Son los mismos a un lado y al otro de la mesa. Más aún, es una mesa redonda en la que sólo existe el “aquí” y el “nosotros”, sentados alrededor de la bolsa de los Presupuestos del Estado.

          Por eso, lo realmente escandaloso no es Bárcenas, sino la corrupción sistemática que se implantó en este país y de la que el caso Gürtel es sólo un ejemplo evidente de cómo unos pocos se hicieron de oro contratando con el Estado a un precio muy superior al que marca ese mercado que estos ultraliberales dicen defender. Lo escandaloso es pensar cuánto hemos pagado de más cada uno de nosotros por cada metro del AVE, por los Aeropuertos (no sólo por los vacíos, también por la T4 o por el nuevo Prat), por las autovías, por las presas, por las recogidas de basuras, por la limpieza y cuidado de nuestros jardines, por la sanidad privatizada, por la seguridad de los edificios públicos, por…

         El escándalo es tan descomunal que ni la chulería de Bárcenas debe hacernos perder de vista dónde están los verdaderos responsables, para que no traten de venir ahora las mismas que crearon el sistema a presentarse como víctimas o, peor aún, como salvadores y para que, si lo intentan, les gritemos a la cara que no los queremos y que no nos pueden representar porque no somos como ellos.

H:

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Lola García 09/01/2013 22:20

Ni por un momento me he dejado engañar por el título. Bien sabía yo desde que lo empecé a leer que sería un artículo serio, riguroso, culto y con sus detallitos de humor inteligente. ! Bravo, hijo!
Y a ver si te decides a escribir de una vez. Nos darías una alegría a los que desearíamos que lo hicieras y disfrutaríamos leyéndote.
Sigue!

Manuel 09/01/2013 00:47

Hola Fernando, en primer lugar decirte, que ya te estaba echando de menos, ya que siempre para mi, a sido un placer leer tus artículos. Y segundo: observo que vienes con las pilas bien cargadas y pisando fuerte (eso es muy buena señal).
Un abrazo y nos vemos pronto.

Fernando Rivero 09/01/2013 05:53

Hola Manuel. Muchas gracias, pero habrás observado que el artículo no es mío, sino de H:

Fernando Rivero 08/31/2013 15:17

Gracias, H:, por este artículo tan agudo y meditado como suelen ser los tuyos.