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El sistema educativo - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

A todos nos gusta sentir que pertenecemos al grupo de los buenos, de los superiores, y juzgamos a los demás con más dureza que a nosotros mismos. Así, uno critica y desprecia a los adictos a la heroína, aunque él mismo beba hasta la inconsciencia, o las palizas con que obsequia a su mujer se cuenten por docenas. Del mismo modo, he oído criticar el actual Sistema Educativo y a los alumnos de hoy a ignorantes que no saben expresar correctamente las pocas ideas que tienen y han caído en todas las trampas y fases concebidas por el hiperconsumismo feroz. Desgraciadamente, en España ninguno de los Sistemas Educativos, ni presente ni pasados, contienen el germen de la excelencia, sino, más bien, todo lo contrario. Cualquier tiempo no es mejor sólo por ser pasado, aunque sea el tiempo de nuestra dorada adolescencia.

Dicho esto, es evidente que la enseñanza que se perpetra en este país desde la implantación de la LOGSE es de muy baja calidad. Ésta no es, como se piensa, una buena ley que ha salido mal; la LOGSE está dando los frutos deseados por los poderes (no sólo políticos) que la implantaron: personas incultas, si bien altamente cualificadas, a quienes llamar ciudadanos -para que se crean algo- pero considerar consumidores sin más, eslabones de esa gran cadena que es el Capitalismo, ladrillos que alimenten el muro voraz. Si no, ¿por qué acabaron con las Humanidades y relegaron a una segunda fila esas áreas del conocimiento que enseñan a pensar? Así, es habitual ver que los profesores de Latín y Griego no completan su horario con sus materias y se ven obligados a impartir asignaturas afines. El hecho de que de las materias de letras se hayan salvado las lenguas modernas es debido exclusivamente a la función beneficiosa que tienen para la gran empresa. En los años 80, las facultades de ciencias no movieron un dedo cuando la política del país se encaminó a acabar con las de letras. Pobres, no sabían que estaban cavando su propia tumba. Si uno se acerca a las facultades de Física, Biología o Matemáticas, las verá con muchos menos alumnos, y llenas, sin embargo, las llamadas técnicas, de las cuales se han creado muchas titulaciones nuevas. Por el camino que vamos, me temo que pronto tendremos la diplomatura en Peluquería. Cosas veredes. Desde lo más profundo de mi corazón quiero agradecer todo esto a los señores Maravall, Solana y Marchesi, y a González en última instancia.

La Geografía y la Historia son también hermanas pobres. Si comprobáramos cuánto saben al respecto los alumnos que acaban la Primaria, nos caeríamos del susto. Aquí juega un papel muy importante la política aberrante y cateta, también llamada pujolismo, que Cataluña exportó al resto de Comunidades Autónomas, política de cortas miras que desprecia lo que proviene de fuera o simplemente falsea la verdad. En un libro de textos aprobado por la Generalitat se dice que “el Ebro es un río catalán que nace en tierras extrañas”.

En cualquier caso, la pregunta clave es otra y bien distinta: ahora que el Estado, las Comunidades Autónomas en última instancia, se gasta más dinero que nunca en educación, aunque siga siendo a todas luces insuficiente, ahora que hay más profesores con titulación de alto nivel y la enseñanza reglada ha abierto sus puertas a la mayoría de los niños mayores de tres años, ¿por qué se obtienen tan pobres resultados? La Junta de Andalucía, que es de la que puedo hablar, está mucho más preocupada por las estadísticas que por la formación real de los alumnos y la idea genial que se les ha ocurrido para mejorar los porcentajes de titulados es abaratar la educación, estableciendo vías fáciles para la obtención del título, presionando e intentando comprar a unos profesores que, los muy desleales, no se han querido vender, y otras medidas en la misma línea.

Una de las causas de este fiasco es que se les fue la mano en ese proceso de embrutecimiento masivo de la población y muchos no dan ni para sacar el título. Como se ha dicho arriba, la pretensión oculta de la LOGSE es formar consumidores ignorantes, útiles para la gran empresa. Sin embargo, no contaban con tan exigua cantidad de graduados en Secundaria. Para profundizar en este tema, recomiendo el libro Una Escuela de Beneficencia de mi profesor Pedro Ruiz Morcillo.

Otra causa importante es la pérdida de peso social y profesional de los profesores. ¿Qué referencia puede ser para un adolescente ese adulto si aquél oye habitualmente que el encargado de su formación es un vago que tiene muchas vacaciones y, al mismo tiempo, hace no tanto, el tonto que no se ha enriquecido? La idea del Sistema Educativo es perfecta: dejar que ciertos adultos cualificados (la verdad es que algunos se deberían quedar en casa) formen a los chicos de este país. Es más, deben provenir de distintas carreras universitarias para ofrecer una enseñanza más especializada. Es, sin duda, un desperdicio y un despilfarro utilizar mano de obra tan cualificada y al mismo tiempo difamarla y denostarla, y es una inmoralidad –y debería ser delito- que los políticos, sus jefes, sean los instigadores de ese desprestigio. Señor Presidente (de lo que sea), déjese de regalar títulos y comprar profesores y otórgueles a éstos el prestigio y la dignidad que les ha arrebatado.

Los colegios e institutos de este país se han convertido en centros de educación –cuando ésta corresponde a los padres- y han dejado de ser lo que un día fueron y deberían seguir siendo: instituciones donde se instruye a los niños. Son, en efecto, lugares que recogen y guardan a los muchachos, y los profesores sus guardianes. Demasiada cualificación, parece, para un trabajo que puede hacer cualquiera.

Tampoco están ayudando mucho los padres, cuyos abusivos horarios laborales no les permiten estar con sus hijos. Por ello, o por propia comodidad, han delegado en muchos casos la responsabilidad de la educación y formación de sus hijos en las instituciones, pero desconfiando de los profesionales encargados. Debido a la sensación de culpa que produce no estar cuando se debe, parece que se ha instaurado como nuevo dogma que el niño siempre tiene razón. Da la impresión de que la estulticia se ha apoderado de muchos padres y los hijos han aprendido a torear fino.

Aparte de todo lo expuesto, la formación reglada de los alumnos tiene muchos otros adversarios, distracciones infinitamente más atractivas que estudiar, que, aunque la LOGSE nos haya enseñado lo contrario, sigue siendo una actividad dura que requiere un esfuerzo. En efecto, la televisión, el móvil, las redes sociales, los videojuegos, el chat… son más divertidos que estudiar Historia o Química. En otras épocas se ha apreciado el esfuerzo como una de las cualidades fundamentales del ser humano. Sin embargo, en este tiempo del pelotazo aquello que suponga cierta dificultad es desdeñado e infravalorado y lo fácil es lo que tiene más adeptos. Siempre ha habido personas que han elegido esta opción, pero ahora se ha generalizado. De esta sociedad en la que triunfan los mediocres más incultos y rastreros, ¿qué ejemplo positivo puede obtener un joven? Tenemos la educación que nos merecemos. ¿Puede contar con una enseñanza de calidad una sociedad como esta que nos ha tocado en mala suerte vivir? Evidentemente no. Si lo fuera, sería un islote en este mar de mediocridad y sinrazón, y eso no suele suceder. Primero debemos acabar con todas barbaridades que nos están destruyendo como país y como sociedad.

Si tras leer este artículo piensan que abogo por la enseñanza privada o concertada, nada más lejos hay de la realidad. Aparte de que la enseñanza concertada me parezca, cuando menos, poco ética como concepto –por el hecho de que la paguemos entre todos-, y sin ánimo de generalizar, los problemas y engaños que he tratado de analizar arriba se hacen mucho más evidentes en una enseñanza basada más en la doctrina y menos en la instrucción de los alumnos. Salvando, por supuesto, alguna excepciones, la enseñanza pública tiene a día de hoy mucha más calidad que la concertada.

Más nos vale a padres y profesores agarrar el toro por los cuernos y buscar lo mejor para la formación integral de nuestros hijos, sin complejos, que opresor no se es sólo por marcar un camino. Y debemos hacerlo nosotros, los ciudadanos, porque de los políticos, esos necios que están más preocupados por las estadísticas y por no caerse del sillón, nada debemos esperar.

Fernando Rivero

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