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El nacionalismo - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

La Vera

La Vera

     Fue al siempre sensato José Luis Sampedro a quien escuché hace años la definición de patria que más se ajusta a lo que creo. Él hablaba dos patrias: una correspondía a esos lugares que de alguna manera formaban parte de tu vida, donde te has criado, las calles que has recorrido y sentido tuyas, donde te han ocurrido cosas, aquellas que te han regalado vivencias y recuerdos para toda la vida; y, por otro lado, la segunda patria de Sampedro era el mundo entero, sin límites.      

      Yo soy un extremeño de honda raigambre, orgulloso de la tierra en que nací y de las gentes que me vieron y ayudaron a crecer. Extremadura es esa tierra a la que debo volver regularmente para poder sentirme vivo. Me pasa lo mismo que con mis padres: yo no los elegí ni como cuna ni como padres, pero ellos a mí sí. La fortuna esta vez se puso de mi lado.      

     Pero me he criado en Sevilla. ¿Cómo podría renegar de esta tierra maravillosa que me ha obsequiado también con tantos momentos inolvidables: el colegio, el instituto, la universidad, tantos amigos entrañables de antaño y de hogaño, tantas vivencias…? Andalucía también es mi tierra, por supuesto. Decir lo contrario sería renegar de una parte importante de mí mismo, mutilarme y empobrecerme.      

      También siento mío el barrio londinense de Kingston, el parque de Richmond, la cuidad danesa de Aarhus, la inglesa Sheffield o Guanabacoa, barrio de La Habana, porque soy así de ansioso: hago míos los lugares y las gentes que me han hecho feliz. Con respecto a España, la he recorrido casi entera y siempre me ha gustado sentir que era mi tierra, personas con las que comparto un idioma, una cultura, una historia, pero cada lugar con una idiosincrasia diferente, lo cual hace más vivo y rico este maltratado país.      

     El problema que tenemos los españoles es que la ultraderecha nos ha robado el término patria. Es una bellísima palabra latina, que en poesía suena rotunda, lean si no a Neruda, pero ni a mí ni a otros muchos se nos ocurre utilizarla, por las connotaciones franquistas que tiene. Tampoco esa bandera que ondea cada vez más es la mía.  

      Desde mi punto de vista, el nacionalismo es todo lo contrario a cuanto acabo de expresar. Tiene más de negación de lo foráneo que de amor por lo propio; por tanto, resta, no suma. Es, aparte de egoísta, palurdo y de estrechas miras. A mí no me va a hacer más extremeño negar al resto de la humanidad, ni despreciar y renegar de las otras tierras de España. Muy al contrario, Extremadura será más rica por lo que pueda aportar al mundo, por aquellas cosas por las que se sale de sus propias fronteras.      

     Una vez conocí a un tipo de Extremadura Unida. Os preguntaréis, igual que yo, qué es eso. Es uno de esos partidos políticos donde entra quien quiere medrar en política y no tiene una ideología definida. Decir soy extremeño, soy andaluz o soy catalán es fácil. A este tipo le interesaba entrar en el ayuntamiento porque tenía un bar y se afilió a ese partido extraño. Debatiendo con él acerca del concepto de nacionalismo, parecía que el mundo se limitaba a Extremadura, pero según avanzaba la conversación, mi tierra se iba haciendo cada vez más pequeña: Badajoz no, hombre, si ésos son medio andaluces, del Tajo para abajo no tienen nada que ver con nosotros… Al final, todo parecía reducirse a La Vera, cuando supe que Jarandilla, el pueblo siguiente al nuestro, tampoco era de su agrado. Creo que si hubiésemos seguido la charla, Extremadura no habría tenido más extensión que los límites de su propia casa. Este chico no había salido mucho fuera de su terruño.      

    Creo que ésa es la base del nacionalismo, la idea primigenia que pondera y ensalza lo propio y niega e infravalora lo ajeno. Es por tanto egoísta y palurdo, capaz de estudiar y enseñar cada meandro del Ter, sólo porque es catalán, y olvidarse de que existen el Tajo o el Ganges.      

     Además, y esto es algo que un día tendrán que explicar tanto Esquerra como los abertzale, el nacionalismo es un concepto burgués, de derechas. Ya decía aquél que le daba igual si le mandaba el Emperador Carlos V o el Rey Francisco I, si él iba a estar igual de jodido con uno que con otro. Tiene mucho que ver con el Poder, preferir ser el pez grande en la pecera pequeña, antes que el pez pequeño en la pecera grande. ¿Quién gana más con el nacionalismo, Pujol o el trabajador de la SEAT? La respuesta es evidente. Es, en este sentido, otra forma más que tienen los poderosos de subyugar al pueblo, haciéndoles creer que son sus salvadores.        

     Pero, cuidado, no es menos cateto ni menos de derechas ese nacionalismo español-castellano que surgió como respuesta en época de ese gran estadista que nunca debía haber salido de Valladolid. Ahora ves por la calle, gracias al fútbol, gente cantando “yo soy español” sin saber realmente qué es eso de ser español.      

      Porque ser español, hacer patria, en los tiempos que vivimos tiene más que ver con defender unos derechos que, como personas y como trabajadores, hemos ido adquiriendo durante décadas y el gobierno cavernícola de Rajoy quiere pisotear y pisotea. Ser español tiene que ver con transmitir esa cultura ancestral que hemos heredado, en peligro de muerte por la colonización anglosajona, mimar la lengua que este país nos ha regalado. Ser español tiene que ver con ayudar a la economía del país y no atacarla desde la bolsa y los paraísos fiscales; apoyar a las personas que han perdido a alguien en algún atentado, en vez de vilipendiarlas, ayudar a las personas a quienes la vida no sonríe, mostrar una actitud cívica y respetuosa con tus congéneres, no ensuciar las calles que transitas. Eso es hacer patria y lo demás, pompas de jabón al viento.

Fernando Rivero  

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Antonio Jimenez 12/01/2012 12:44

Sí; nos rodea la miseria; la peor de todas, la intelectual que afecta a las personas , haciéndolas vulnerables a la manipulación interesada de los oportunistas. Esa miseria nos roba lo mejor de nosotros, la conciencia de que nuestra patria verdadera es la humanidad, aunque amemos lo propio con el amor tranquilo y profundo de los seres sensatos y agradecidos.

Fernando Rivero 12/01/2012 12:59

Y además, Antonio, se hace siempre buscando réditos económicos o de poder. No tienen, por ello, empacho en convertir en enemigos a los que son iguales. Es la base de las guerras.