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El Miedo - Prometeo Liberado

Publicado por Tomás del Rey

El Miedo

Se conoce como periodización al campo de las ciencias sociales que trata de dividir la historia en distintos periodos que posean unos rasgos comunes entre sí, lo suficientemente importantes como para hacerlos cualitativamente distintos a otros periodos.

La edad contemporánea, en la que actualmente vivimos, comienza en 1789 con la revolución francesa, los hechos ocurridos en ese periodo revolucionario son el origen de muchas de las estructuras políticas y económicas que aún rigen en nuestro tiempo, a saber entre otras:

  • estados nacionales fuerte y nacimiento de las naciones modernas.

  • sistema democrático y sufragio universal.

  • división de poderes.

  • libertad de expresión, reunión y pensamiento.

  • menor influencia religiosa y mayor influencia del método científico.

  • el desarrollo del capitalismo y el comercio mundial.

  • acceso de las mayorías a la educación, la formación y la sanidadSobre estos pilares se alza la actual civilización occidental.

Precisamente Occidente está dando síntomas, poco más de 2 siglos después, de agotamiento de algunas de las estructuras emanadas de la revolución francesa y, o bien se han ido quedando obsoletas o bien han perdido durante el tiempo la esencia o el espíritu con los que fueron creados. Durante el siglo XX ha habido experimentos de crear otros modelos de sociedad, buscando el avance de la humanidad, pero han fallado y no sobrevivieron al siglo. Precisamente el fallo estrepitoso de estos otros sistemas nos ha metido de lleno en un capitalismo atroz en el que ya no hay enemigo ni posiciones de fuerza contrarias. Digamos que el sistema capitalista ha triunfado y ha ganado sus batallas, lo malo y, suele pasar muchas veces al ganador, es que no sabe ahora como administrar su aplastante victoria para satisfacer a la mayoría de la población. Actualmente en el mundo occidental nos encontramos con algunos de estos supuestos:

Los estados se muestran más débiles ante otros poderes, sobre todo el poder de los mercados financieros.

- La economía occidental en su ansiedad por abrir mercados y solventar los “elevados” costes industriales en occidente, se ha encontrado en apenas una década con que la producción industrial se ha trasladado y su eje ya no está en occidente. Oriente es la gran fábrica del mundo. Occidente, al abrir los mercados a la globalización, se ha disparado un tiro en el pie, y todo por la avaricia capitalista de conseguir reducir costes a mínimos infrahumanos para la mentalidad occidental, no así para la oriental, que vivía en sociedades agrícolas de subsistencia y que acepta de muy buen grado, de momento, los miserables sueldos ofrecidos por la industria.

- El sistema democrático y el sufragio universal siembran dudas sobre su verdadero poder de representación ya que este, está sometido de manera aberrante, a los poderes económicos actuales.

- La división de poderes en los países occidentales no es tal, ya que el ejecutivo/legislativo, se ha apoderado de parcelas que no son de su competencia, dejando al poder judicial sometido a los dictados de los poderes políticos y, por ende, económicos.

- La libertad de expresión también se encuentra secuestrada por los mismos intereses de poderes, la información es sesgada y obedece a los consejos de administración o a las fuerzas políticas, dueños de estos medios. Solo Internet y las redes sociales, por su juventud, escapan de momento a sus tentáculos y han demostrado durante 2010, 2011 y 2012, que tienen un poder de convocatoria enorme y que son capaces por si solos de montar revoluciones y derrocar gobiernos.

- La menor influencia religiosa a desde un punto de vista dogmático fue un logro que se inició con la revolución francesa y, en efecto, es un logro para esta parte del mundo, no así para otra gran parte del mundo islámico, que aún tiene pendiente esa revolución, pero la sustitución de valores morales y éticos en occidente ha llevado consigo la consagración del dinero como fin vital y el empobrecimiento de nuestros valores éticos. Algo que fue necesario para la prosperidad y el desarrollo de la humanidad, despojarse de la superchería y el dogma, ha ido dando paso en estos últimos 500 años a unas sociedades sin cortapisas de conciencia en las que el hombre sustituyó a sus dioses por otros más cercanos, más tangibles. Dioses como “El dinero”. Dioses que no conocen de preceptos, ni dogmas, excepto el beneficio y la rentabilidad. Una vez que el hombre se ha liberado de tener que ganarse el cielo, se ha lanzado a ganarse el derecho a tener una existencia lo más placentera y exitosa posible, pasando para conseguirlo por encima de cualquier comportamiento contrario a la consecución de estos objetivos.

A la mayoría silenciosa de la población occidental ya no nos sirve la organización política actual, su carísimo coste y su servidumbre a los poderes económicos internacionales. El sistema democrático desarrollado durante los siglos XIX y XX, aunque siga siendo la mejor opción hasta ahora, ofrece carencias importantes, ya que tiene la obligación de actualizarse y reinventarse, puesto que cada vez se aleja más de su objetivo de representación popular y ha pasado a convertirse en un sistema que sirve , ante todo, para mantener una endogámica casta de políticos profesionales, que han convertido la representación popular en una forma de vida y que van a mantener esa forma de vida sea como sea y pasando por encima de quien sea y de lo que sea. Los partidos políticos del mundo occidental son maquinarias pesadas, incapaces de cambiar al ritmo que la población y el mundo actual exige. Si los poderes económicos están controlando todas las demás estructuras de la sociedad y la búsqueda de beneficios, se sobrepone por encima de cualquier otra consideración o precepto de los que antes hablaba y que emanaban de la revolución francesa.

Entonces es que hemos llegado al límite o punto de saturación, del sistema de la sociedad que ha crecido en esta edad contemporánea, que si bien ha servido para el desarrollo humano y tecnológico, está dando muestras de agotamiento para la actual y las próximas generaciones al no dar respuesta positiva al futuro desarrollo humano. A muchos niveles estamos estancados desde hace al menos tres décadas, salvo en el desarrollo y universalización del sistema de comunicaciones y precisamente por esto último:

¿No es quizá tiempo de un nuevo ciclo histórico? ¿No se dan todas y cada una de las circunstancias que propician ese cambio?

El avance de la humanidad se debe hacer en el sentido de dotarnos de un mayor avance democrático, con una participación más directa de los ciudadanos en la gestión de la organización, de dotarnos de un mayor grado de bienestar, de dotarnos de herramientas para erradicar la violencia o la pobreza, de dotarnos de instrumentos para la universalización de la educación y la sanidad, de conseguir que la sociedad avance en justicia e igualdad.

Todo esto choca frontalmente con la búsqueda insaciable de beneficios por parte de grandes empresas, que solo tienen el afán de acumular riquezas sin sentido ni dirección, simplemente para acumular más que otras, o alcanzar cada vez más poder e influencia.

¿No es quizá tiempo de cambiar la dictadura del sistema financiero y de un capitalismo salvaje, que tanto daño está haciendo a los ciudadanos occidentales, al propio planeta y a sus recursos o a los millones de pobres del tercer mundo?

¿No será tiempo de la implantación de comportamientos éticos reconocidos y aceptados por la mayoría? ¿De que la codicia sea rechazada e incluso perseguida, igual que la corrupción o que la violencia?

¿No será tiempo de cambiar la justicia y liberarla de otros poderes políticos o económicos?

¿No es tiempo de cambiar muchas de las estructuras de esta civilización, que están impidiendo el desarrollo humano? ¿Cómo? ¿Una revolución?

Creo que el grado de civilización y educación al que se ha llegado en Occidente no permite soluciones violentas que exijan bajas. A eso la gente de Occidente ya no está dispuesta ni acostumbrada. ¿Cómo entonces? Ya enseñó Gandhi el camino en el siglo XX, ya vimos como las movilizaciones masivas y la no violencia, tienen fuerza suficiente para tumbar a todo un imperio y mucho más ahora con la fuerza y espontaneidad que nos ofrece Internet y las redes sociales. El enemigo de este cambio es el aburguesamiento de los ciudadanos de las sociedades occidentales, el no moverse del sofá, el creer que nada puede cambiar, la desilusión, la desidia, la comodidad. En definitiva “El miedo”, que junto con la codicia son los grandes enemigos del progreso humano.

¿No habrá voces diciendo que eso sería el caos? ¿Acaso no hubo esas mismas voces en cada cambio de ciclo que ha experimentado la humanidad?

Son las voces del miedo, del miedo a lo desconocido, del miedo a lo que pueda pasar, de lo pernicioso que es el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, del miedo a la utopía, del miedo en general, que es la herramienta del poderoso, de ahora y de siempre.

Si vencemos al miedo, todo puede pasar, todo puede cambiar, todo puede abrirse al progreso del mundo, a unas sociedades más justas. No podemos esperar cambios trascendentales en poco tiempo, nunca ocurren así, pero si podemos sembrar las semillas que hagan en un futuro cercano que las próximas generaciones puedan vivir en un mundo mejor.

¿Os imagináis una única manifestación a nivel planetario a una misma hora en todas las ciudades del mundo? Una única manifestación y un lema que pueda aglutinar a todos los hombres, cualquiera que sea su condición, sus ideas o su religión. Un lema contra la codicia o contra el miedo, una manifestación silenciosa, sin pancartas, sin violencia, sin nada que pueda provocar una reacción contraria. Solo una idea simple, una idea sencilla y fácil de entender y en la que podemos estar de acuerdo la mayoría de la humanidad.

Y que de esa manifestación surgiesen acciones unidas para apagones generales contra las cias eléctricas, apagones generales de los motores de coches contra las cias petrolíferas, apagones en medicamentos contra la avaricia sin fin de las farmacéuticas, puede haber un sinfín de acciones no violentas que hagan que estos poderes se doblen ante los hombres. Que sustituyan su ansiedad en los beneficios por otros fines que vayan encaminados al desarrollo de nuestro planeta, de nuestra especie.

¿No podría ser esto un hecho concreto que significase el inicio de una nueva edad histórica?

Tomás del Rey Méndez

El Miedo

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