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El enemigo - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

El enemigo

Ya decía Sócrates que los conceptos se definen por sus opuestos. No habría belleza si no existiera la fealdad, opulencia sin miseria o fortaleza sin debilidad. El poder siempre ha necesitado, por tanto, un enemigo que lo defina y, al mismo tiempo, que le permita amedrentar a sus propios súbditos. De ese modo, durante la Guerra Fría los americanos pensaban que los rusos tenían cuernos, rabo y tridente y aquéllos eran para éstos el diablo mismo. Es curioso que cuando cayó el Telón de Acero y el comunismo dejó de ser una amenaza surgiera de forma espontánea un nuevo enemigo, otro eje del mal, proveniente precisamente de un antiguo aliado, Sadam.

Siempre me he preguntado si de verdad los rusos nos hicieron algo, si los árabes ahora. Pienso más bien que todos tenemos el enemigo en casa, que vivimos con él y para él. La amenaza de Husein para Estados Unidos fue una invención absolutamente maniquea, pero tanto Sadam como Stalin –por poner dos ejemplos- fueron auténticos enemigos de sus propios pueblos. Los rusos, los árabes, los europeos o americanos de a pie buscamos las mismas cosas: tener una vida plena y al mismo tiempo tranquila y económicamente estable y ver a nuestros hijos crecer felices, cultos y libres, convertirse en mejores personas que nosotros mismos.

Las luchas de ETA contra el gobierno, de la URSS o los árabes contra EEUU, son luchas de poder en las que nada tienen que ver los ciudadanos, si bien somos en definitiva las víctimas –los occidentales menos, los demás más-. Si algún beneficio económico han aportado las guerras de Afganistán o Irak, por ejemplo, no ha sido para los ciudadanos, sino para las grandes compañías de energía de gas o petróleo.

Sí creo, sin embargo, que existe un enemigo, cada vez menos tangible y visible, intocable, que gracias a la publicidad vemos como amigo o padre que apoya y asiste. Esto se ha visto muy claramente en la época de bonanza en la que el banquero, el banco, era esa mano amiga que te permitía salir adelante y realizar tus sueños mientras te iba echando la soga al cuello a sabiendas de que lo hacía.

Europa y América deben aprender a asumir al enemigo, que no es otro que el capital, las grandes fortunas que quieren ser más grandes aún, cada vez más voraces y despiadadas, más libres de fronteras. Estamos empezando a saber lo que los países pobres conocen desde hace tiempo: que las riquezas del mundo están muy mal repartidas, cada vez en menos manos, manos cada vez más codiciosas e inmorales.

El pueblo acuñó hace años una frase ahora absolutamente obsoleta y pasada de moda –el pueblo unido jamás será vencido-. En estos tiempos uno se siente ridículo gritándola. Sin embargo, la acuñada por el poder –divide y vencerás- no parece que vaya a pasar tan fácilmente, no en balde no han dejado jamás de ponerla en práctica. Así, un trabajador piensa que el causante de esta crisis la tiene el otro, el funcionario, que ya se han encargado los políticos y los poderosos de mostrar como un parásito social; y éste cree que todo viene de ésos que han vivido por encima de sus posibilidades. Señores, los funcionarios, los autónomos, los parados y los demás trabajadores estamos todos en el mismo bando, el bando de los oprimidos, aquéllos a quienes se dirigía esa finísima parlamentaria de alta calidad humana e intelectual cuando dijo “que se jodan”. En el otro lado están los opresores, individuos sin escrúpulos que han querido tener más aún de lo que ya tenían, que han jugado a sabiendas y sin miramientos con nuestras economías, nuestros derechos adquiridos con sangre y sudor, nuestros bienes comunes, ahora amenazados, que daban esperanza y posibilidades a quienes no las tenían –la Educación, la Cultura, la Sanidad, los subsidios por desempleo, la jubilación-. Y en ese lado están también los políticos que les hacen el juego y sacan su tajada, o si no la sacan, no tienen la suficiente valentía para decir “hasta aquí llego, y me voy”.

Es cierto que ha habido gente que ha vivido por encima de sus posibilidades, pero no lo es menos que el banco, ese que debe actuar como asesor financiero, no sólo se lo ha permitido, sino que además lo ha propiciado, le ha hecho creer al trabajador que orégano era todo el monte y que ya lo pagaría, sabiendo que eso no iba a ser posible. Y si todo este sistema se viene abajo, ya vendrán los gobernantes a quienes ellos gobiernan a vender, regalar, el Estado al mejor postor para sacarlos del atolladero.

A mí no me engañan. Orange, Movistar o Repsol, y mucho menos el banco Santander, no son mis amigos, por muy atractiva que sea la publicidad que hagan. Ellos y otros son los que están apretando la soga en nuestro cuello. Mis amigos, mis iguales, son los que se están quedando sin trabajo, los que tienen la encomiable ambición de salir para delante y darle un futuro mejor a sus hijos. Ellos, todos, y nadie más.

Las épocas de bonanza adocenan a la gente y ese mal lo llevamos sufriendo ya tiempo en España, pero tenemos la responsabilidad moral de ser conscientes del engaño y no actuar unos contra otros, sino contra los verdaderos responsables de la situación: los ricos y sus secuaces con corbata. Lo primero que deberíamos hacer es ignorar los medios de comunicación, que tan bien están sirviendo a los poderosos.

Se puede pensar que mi postura es radical. Si por “radical” entendemos que alguien sabe dónde está, cuáles son sus raíces, asumo el adjetivo con orgullo. No lo confundamos, no obstante, con “extremista”, postura de la que siempre me ha gustado distanciarme. ¿No estarán siendo extremistas, más bien, las actuaciones de nuestros enemigos? Me pregunto qué fondo debemos tocar para darnos cuenta de esta gran mentira que vivimos y que nos están haciendo creer. Me temo que hasta que no sintamos el hambre en nuestros vientres no vamos a dejar de culpar a nuestros congéneres de cosas que tienen otros responsables. Y me fastidia pensar que los otros se están partiendo de risa en sus grandes sillones viendo cómo nos culpamos unos a otros y a ellos les permitimos hacer lo que quieren.

De todas formas, si alguien espera que esa gentuza se apiade y rectifique, que espere sentado. Esto sólo se arregla con medidas fuera de la ley, pero la gente no está preparada y el sistema está muy firmemente cimentado.

Fernando Rivero García

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