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Doble rasero - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Doble rasero

         Preguntado el otro día Alfonso Guerra por la calidad humana e intelectual de la clase política, contestó que la diferencia entre los de su generación y la actual, mucho mejor preparada, es que entonces entraban en política los mejores de cada profesión, mientras que los que eligen ahora ese mundo son los peores. No sé si la primera parte de su afirmación es cierta, pero la segunda sin duda lo es.

         Me produciría zozobra y vergüenza ver cómo dirimen sus disputas si no fuera porque son vuestros representantes –que no míos-, los que proponen leyes y hacen que se cumplan, los que manejan nuestro dinero y hacen que el país y las comunidades naveguen, naufraguen más bien, por los mares de su elección. Dada su responsabilidad, más que vergüenza, sus palabras y actuaciones me producen una mezcla entre asco y desazón, absoluta desesperanza en un país en el que un día creí.

         Cuando dos niños se pelean y el único argumento que esgrimen para tener más razón que el contrario es que el otro lo ha hecho peor, la paja en el ojo ajeno, se les afea su actitud y se les hace ver que ellos son responsables de sus propios actos, independientemente de lo que el otro haya hecho. Reprobamos no sólo sus actos, sino también la manera en que esquivan su responsabilidad ante los hechos.

         Pues éste es precisamente el panorama que tenemos en el Parlamento, lugar donde nos han enseñado que reside la soberanía popular. Es un modus operandi que por repetido se nos revela evidente como estrategia, pero, también por repetido, el pueblo ha interiorizado y por tanto normalizado, es decir, que sabemos a priori que la respuesta de un político cuando es cogido en falta, cuando no en flagrante ilegalidad, va a ser el consabido y tú más y el debajo de mi cama tengo una luz, todo lo que me digas eres tú, y lo aceptamos como mal inevitable. Esta estrategia usada por el PSOE y el PP fundamentalmente tiene otro apoyo importante: el seguidismo ciego e irracional de los diputados del partido y de sus votantes acérrimos. Y ellos, los dirigentes, como es fácil y les da buenos resultados, siguen con su política pueril y ridícula.

         Cuando a un político del PP se le pregunta por Bárcenas u otro de sus muchos casos de corrupción, contesta indefectiblemente hablando de los EE.RR.EE. de Andalucía; cuando se inquiere a uno del PSOE, responderá con el caso Gürtel. Si hablamos del paro, el problema será la herencia recibida, si hacen una reforma laboral inmoral y asfixiante, el otro partido también la hizo. Y mientras, el parado sigue en paro, el trabajador sigue perdiendo derechos, se siguen privatizando servicios públicos esenciales –para lo cual antes se han dictado normas que redunden en su mal funcionamiento-, se sigue permitiendo la deslocalización de empresas importantes y subvencionadas y los bancos –los máximos culpables de la crisis- se siguen yendo de rositas. Es como si se hubieran parado para pelearse a mitad del túnel y se hubiesen olvidado de buscar la luz.

         En el sueldo de un político o de cualquier alto cargo se paga la responsabilidad que asume. Esto quiere decir que cuando las cosas salen mal, aunque no seas culpable de la situación, debes cuando menos presentar tu dimisión. No serás el culpable, pero sí el responsable de lo que ha sucedido. Así son las cosas y por ello ganas más dinero. Sin embargo, en este país, no muy ducho al parecer en actitudes democráticas, asumir la responsabilidad de un hecho que haya acaecido significa que eres culpable del mismo, y así serás juzgado por la prensa hostil. Dimitir es una prueba fehaciente de que estás implicado en un caso de corrupción y por ello el político se defiende como gato panza arriba y no dimite hasta que no está con el agua al cuello, argumentando en ese caso que son motivos personales, como Griñán, los que lo han llevado a ello. Es absurdo; uno debería dimitir como paso natural cuando él o su departamento están bajo sospechas fundadas, al margen de la calumnia y la difamación a la que nos tienen acostumbrados los políticos contrarios.

         Los servidores públicos, dada su responsabilidad, deberían ser las personas más generosas con su tiempo y con sus actos, las mejor formadas y las superiores desde el punto de vista moral. Sin embargo, en ese mundo encontramos una mayoría aplastante de personas egoístas a las que lo único que interesa es su propio beneficio, el de su partido y el de sus amigos pudientes (que ya me caerá algo), gente que más que en su formación intelectual se ha esmerado en su saber estar y medrar en ese mundo despiadado e implacable que es la política, en el funambulismo de andar por la cuerda floja y subir y subir y no caer (aunque bien saben que si caen tendrán la red de otro cargo esperando), personas cuya altura moral no es superior a la de un hincha en un partido de fútbol, con su doble rasero y sus dos diferentes varas de medir de acuerdo con quien sea el imputado: si un caso de corrupción afecta a alguien de su partido, dirán que hable la Justicia, en la que creemos ciegamente, mientras por detrás desacreditan al juez acusándolo de tendencioso y buscando sus puntos débiles; si ese mismo caso, u otro parecido, afecta a alguien del partido contrario, se dirá al menor indicio que es un corrupto que no puede seguir ni un minuto más en política y la cárcel debe ser su único destino.

         Mientras tanto, el Pueblo observa estas peleas estériles atónito y desesperanzado con la descorazonadora certeza de que España se está yendo a pique y que esos de las recetas magistrales no sólo no saben ni freír un huevo, sino que además están envenenando nuestras depauperadas sopas.

 Fernando Rivero 

         Preguntado el otro día Alfonso Guerra por la calidad humana e intelectual de la clase política, contestó que la diferencia entre los de su generación y la actual, mucho mejor preparada, es que entonces entraban en política los mejores de cada profesión, mientras que los que eligen ahora ese mundo son los peores. No sé si la primera parte de su afirmación es cierta, pero la segunda sin duda lo es.

         Me produciría zozobra y vergüenza ver cómo dirimen sus disputas si no fuera porque son vuestros representantes –que no míos-, los que proponen leyes y hacen que se cumplan, los que manejan nuestro dinero y hacen que el país y las comunidades naveguen, naufraguen más bien, por los mares de su elección. Dada su responsabilidad, más que vergüenza, sus palabras y actuaciones me producen una mezcla entre asco y desazón, absoluta desesperanza en un país en el que un día creí.

         Cuando dos niños se pelean y el único argumento que esgrimen para tener más razón que el contrario es que el otro lo ha hecho peor, la paja en el ojo ajeno, se les afea su actitud y se les hace ver que ellos son responsables de sus propios actos, independientemente de lo que el otro haya hecho. Reprobamos no sólo sus actos, sino también la manera en que esquivan su responsabilidad ante los hechos.

         Pues éste es precisamente el panorama que tenemos en el Parlamento, lugar donde nos han enseñado que reside la soberanía popular. Es un modus operandi que por repetido se nos revela evidente como estrategia, pero, también por repetido, el pueblo ha interiorizado y por tanto normalizado, es decir, que sabemos a priori que la respuesta de un político cuando es cogido en falta, cuando no en flagrante ilegalidad, va a ser el consabido y tú más y el debajo de mi cama tengo una luz, todo lo que me digas eres tú y lo aceptamos como mal inevitable. Esta estrategia usada por el PSOE y el PP fundamentalmente tiene otro apoyo importante: el seguidismo ciego e irracional de los diputados del partido y de sus votantes acérrimos. Y ellos, los dirigentes, como es fácil y les da buenos resultados, siguen con su política pueril y ridícula.

         Cuando a un político del PP se le pregunta por Bárcenas u otro de sus muchos casos de corrupción, contesta indefectiblemente hablando de los EE.RR.EE. de Andalucía; cuando se inquiere a uno del PSOE, responderá con el caso Gürtel. Si hablamos del paro, el problema será la herencia recibida, si hacen una reforma laboral inmoral y asfixiante, el otro partido también la hizo. Y mientras, el parado sigue en paro, el trabajador sigue perdiendo derechos, se siguen privatizando servicios públicos esenciales –para lo cual antes se han dictado normas que redunden en su mal funcionamiento-, se sigue permitiendo la deslocalización de empresas importantes y subvencionadas y los bancos –los máximos culpables de la crisis- se siguen yendo de rositas. Es como si se hubieran parado para pelearse a mitad del túnel y se hubiesen olvidado de buscar la luz.

         En el sueldo de un político o de cualquier alto cargo se paga la responsabilidad que asume. Esto quiere decir que cuando las cosas salen mal, aunque no seas culpable de la situación, debes cuando menos presentar tu dimisión. No serás el culpable, pero sí el responsable de lo que ha sucedido. Así son las cosas y por ello ganas más dinero. Sin embargo, en este país, no muy ducho al parecer en actitudes democráticas, asumir la responsabilidad de un hecho que haya acaecido significa que eres culpable del mismo, y así serás juzgado por la prensa hostil. Dimitir es una prueba fehaciente de que estás implicado en un caso de corrupción y por ello el político se defiende como gato panza arriba y no dimite hasta que no está con el agua al cuello, argumentando en ese caso que son motivos personales, como Griñán, los que lo han llevado a ello. Es absurdo; uno debería dimitir como paso natural cuando él o su departamento están bajo sospechas fundadas, al margen de la calumnia y la difamación a la que nos tienen acostumbrados los políticos contrarios.

         Los servidores públicos, dada su responsabilidad, deberían ser las personas más generosas con su tiempo y con sus actos, las mejor formadas y las superiores desde el punto de vista moral. Sin embargo, en ese mundo encontramos una mayoría aplastante de personas egoístas a las que lo único que interesa es su propio beneficio, el de su partido y el de sus amigos pudientes (que ya me caerá algo), gente que más que en su formación intelectual se ha esmerado en su saber estar y medrar en ese mundo despiadado e implacable que es la política, en el funambulismo de andar por la cuerda floja y subir y subir y no caer (aunque bien saben que si caen tendrán la red de otro cargo esperando), personas cuya altura moral no es superior a la de un hincha en un partido de fútbol, con su doble rasero y sus dos diferentes varas de medir de acuerdo con quien sea el imputado: si un caso de corrupción afecta a alguien de su partido, dirán que hable la Justicia, en la que creemos ciegamente, mientras por detrás desacreditan al juez acusándolo de tendencioso y buscando sus puntos débiles; si ese mismo caso, u otro parecido, afecta a alguien del partido contrario, se dirá al menor indicio que es un corrupto que no puede seguir ni un minuto más en política y la cárcel debe ser su único destino.

         Mientras tanto, el Pueblo observa estas peleas estériles atónito y desesperanzado con la descorazonadora certeza de que España se está yendo a pique y que esos de las recetas magistrales no sólo no saben ni freír un huevo, sino que además están envenenando nuestras depauperadas sopas.

Fernando Rivero

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Elena V. 09/23/2013 14:55

Dear Fernando: me parece recurrente volcar nuestra ineficacia como país en la figura del "ama de casa", no trataba de hacer un análisis de los actuales sistemas ecónomicos (en el fondo no tan dispares) simplemente remarcaba la diferencia entre unos representantes y otros......no crees que son índices aceptables para medir la capacidad de un gobernante: el desempleo, la productividad, la seriedad, la honestidad (en la medida que puede tenerla un político),la austeridad, la eficiencia etc.................. hemos tenido tiempos de muchos subsidios, becas.... y la riqueza se ha malgastado y se sigue malgastando y ¿quién asume la responsabilidad de tanto despilfarro, de tanta cara dura, de tanta corrupción, evasión, comilonas? podría seguir pero me deprime, elijo seguir haciendo mi parte lo mejor que sepa como muchos otros que no estamos representados desde hace décadas por nuestros electos gobernantes.

Fernando Rivero 09/23/2013 17:16

Vamos estando de acuerdo.

Elena V. 09/21/2013 00:45

Acabo de leer un artículo del País que viene que ni pintado con el tuyo ,desde mi punto de vista, muestra otro tipo de político que desgraciadamente desconozco en este nuestro país y que además es odiada por muchos aqui ,como tú bien sabes no por mi, me permito reproducirlo:
La mujer razonable y poco dada a aventuras. La mutti (mamá) conservadora que se preocupa por el bienestar —y la cartera— de sus conciudadanos. La doctora en Física y política de indudable éxito que, pese a todo, sigue comportándose como haría cualquier hausfrau (ama de casa) alemana, que busca un momento libre en su jornada laboral para hacer un recado. Los democristianos alemanes han basado toda su campaña en la popularidad de su máxima líder y canciller. No es la ideología lo que hará ganar el próximo domingo a su CDU, sino la percepción de que en tiempos convulsos conviene dejar la nave en manos de alguien como Angela Merkel. Una persona que a dos días de unas elecciones que día a día parecen más igualadas entre el centroizquierda y el centro derecha encuentra tiempo para salir a hacer la compra a un supermercado del centro de Berlín, como pudo comprobar este viernes EL PAÍS.
No es la primera vez que se ve a la mujer más poderosa de Europa eligiendo tomates, verduras o vino. Los medios alemanes ya han publicado alguna foto de Merkel saliendo del súper. Y los clientes que esta mañana estaban en Ullrich, un establecimiento de gama media al lado de la estación de metro de Möhrenstrasse, unos dos kilómetros de la cancillería, no parecían muy extrañados ante una imagen que sería totalmente inusual en España, Italia o Francia. Nadie se dirigía a ella para felicitarla por ponerse dura con el sur de Europa o para recriminarle que la factura de la luz sea cada vez más alta. Cada uno iba a lo suyo como si Merkel fuera una cliente más. Solo se veía alguna cara sorprendida al reconocerla. “Sí, es ella”, le susurraba a su hija una mujer.
Empujando su carrito con gesto serio, la jefa de Gobierno y del partido democristiano hacía sus compras sin dar la impresión de tener mucha prisa. Aunque ayer estaba en un establecimiento frecuentado por la clase media, en otras ocasiones se le ha visto en la sección de quesos de las lujosas Galerías Lafayette. Tras pasar por la caja y cargar los alimentos en una bolsa que ya llevaba, la canciller salió del establecimiento pasadas las once de la mañana y se metió en el coche oficial. Un mitin en Hannover le esperaba.
Pese a que se trataba de una escena totalmente espontánea —este enviado especial se encontró la escena por casualidad, no había ni fotógrafos ni periodistas alemanes— la imagen que transmite Merkel en el supermercado dos días antes de las elecciones coincide a la perfección con la que su campaña quiere dar. Mientras sus rivales se desgañitan convocando una acción de 72 horas para arañar los últimos votos disponibles, ella sigue impertérrita, convencida de que pase lo que pase el próximo domingo, su partido seguirá siendo el más votado. Los electores podrán forzarle a pactar con los liberales, con los socialdemócratas o incluso con los verdes, pero salvo catástrofe imprevisible ella seguirá al mando. El candidato socialdemócrata, Peer Steinbrück, ha animado la campaña con titulares y gestos que se recordarán. Ella, no. Sabe que tiene las de ganar y no quiere arriesgar.
Las fotografías tomadas por este periódico refuerzan su imagen de líder conectada a la realidad del ciudadano de a pie y que sabe cuánto cuesta un kilo de arroz. Mientras Steinbrück se vanaglorió de solo consumir vino que cueste más de cinco euros, Merkel va por la mañana a la compra en Berlín y por la tarde a Hannover con la misma chaqueta.
Los ciudadanos aprecian esta llaneza y cercanía de Merkel. Cuando se va de compras y pasea su aspecto de persona sin pretensiones, la mujer más poderosa del mundo se parece mucho a cómo los alemanes prefieren verse a sí mismos: un país fuerte, sí; pero austero y sustentado en la racionalidad mercantil de sus empresas, el trabajo duro y en las sencillas ecuaciones económicas del que va al súper. Es la filosofía de la famosa hausfrau suaba —pese a que su perfil vital tiene poco de ama de casa— que la canciller suele mencionar como el modelo para una política financiera prudente: algo tan simple como no gastar más de lo que entra casa.
Cuando Merkel impone sus políticas de austeridad en Europa, gran parte de los alemanes creen, con ella, que no hay alternativa. Cuando Merkel se niega a acompañar a sus aliados en las campañas de Libia o en una hipotética intervención militar en Siria, la aplastante mayoría de los ciudadanos de la tercera potencia exportadora de armas del mundo respiran aliviados desde el franco pacifismo.
En tiempos de crisis, Merkel capitaliza las simpatías de unos votantes que en periodos más tranquilos preferían perfiles más propensos al espectáculo. Al principio de la legislatura que ahora termina, el ministro más popular de su Ejecutivo era Karl-Theodor zu Guttenberg, un aristócrata multimillonario y apuesto, nacido en un palacio. El anterior canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, se distinguía por su arrojo político ante decisiones impopulares. A Merkel no le gustan las aventuras por lo que conllevan de incertidumbre. El pronóstico para las elecciones parece ahora más abierto que hace unas semanas. Pero ella se negó ayer a romper su rutina de ir de compras los viernes. La rutina es lo contrario de la aventura.
Probaría con un político racional....... donde están?

Fernando Rivero 09/22/2013 22:03

Querida Elena, te voy a contestar no con mis palabras, sino con el último artículo del amigo común, Antonio Jiménez:
http://antoniojimenezca.blogspot.com.es/2013/09/una-mujer-razonable.html

Fernando Rivero 09/22/2013 08:52

Después de leer este artículo esta mujer parece maravillosa. Qué pena que esté de parte del capitalismo más feroz e insolidario; qué pena que esté dinamitando las bases de Europa, la filosofía que buscaba su cohesión; qué pena que se haya olvidado de que la unión de las dos alemanias fuera apoyada y financiada por toda Europa, que haya vuelto a abrir la brecha entre el norte y el sur, que no le importe asfixiar a países vecinos y aliados. Angela Merkel representa el capitalismo atroz, el neoliberalismo despiadado, las mismas recetas de siempre que sólo benefician a los de siempre. No voy a deprimirme si hoy pierde las elecciones, cosa improbable.

b 09/21/2013 00:01

Totalmente de acuerdo.

Luis Carlos 09/20/2013 20:14

Suscribo el artículo y te felicito. Solo una observación. Dices que "el Pueblo observa estas peleas estériles atónito y desesperanzado". El problema es que es el Pueblo el que tiene la culpa. Nunca hemos tenido, en época democrática, más motivos para salir a la calle unidos, sin siglas, sin banderías, para exigir libertad, igualdad y,sobre todo, respeto y amparo a todos los que sufren, que constituyen la "vergüenza" nacional. Hay que vaciar los estadios y llenar las calles.

Fernando Rivero 09/22/2013 23:47

Los estadios se vacían sólo para llenar los bares y hartarnos de cerveza.

Teresa 09/20/2013 14:18

Absolutísimamente de acuerdo. Se pude decir más alto pero no mas claro ni mejor.

Blas tio 09/20/2013 12:02

Muy de acuerdo en casi todo, algo menos en lo anunciado por el -sr, Guerra, eso de que antes entraban loss meejor prepaarados de su profesión...Por ello continua hasta la eternidad, porque no se fia o mejor, no le interesa ( a todos ellos)i dar paso a nuestra juventud y a su pluraridad de ideas-

Luis 09/20/2013 07:56

Has metido el dedo en una de las llagas más purulentas -que no la única- de nuestra clase política. Conviene repetirlo para que sepan que no somos un público tan rotundamente tonto, y para poner en evidencia a tanto y tanto personajillo mediocre que ocupa ministerios, presidencias... y se jubila en Consejos de Administración. A mí tampoco me representan.