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Cualquiera tiempo pasado fue mejor - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Cualquiera tiempo pasado fue mejor

     Hace unos diez años, en una reunión de responsables universitarios, el rector de la universidad de Barcelona leyó un fragmento de un discurso escrito, según dijo, por un predecesor suyo. Fueron palabras muy celebradas y aplaudidas por los asistentes, pues hablaban de un problema acuciante en que estaba inmersa la universidad: la falta de nivel de los alumnos, más bajo cada año que pasaba. Tras los cálidos aplausos vino un silencio profundo y reflexivo, cuando el citado rector mencionó que aquel discurso había sido escrito no muy entrado el siglo XIX.

     Estos análisis más o menos certeros de la realidad se ven influidos por dos factores importantes: el afán de superación y nuestra visión del pasado. En el primero caso, un profesor quiere siempre obtener los mejores resultados, alumnos cada vez más y mejor preparados, instruidos, y siempre nos va a parecer poco: si tengo un ochenta por ciento de aprobados, busco el cien. Por eso nunca vamos a estar satisfechos. Nuestra visión del pasado, por otra parte, se ve distorsionada por la añoranza de un tiempo que se fue y que está, por tanto, sobrevalorado. Los ochenta fueron una maravilla porque aún no padecíamos de lumbago y, en vez de divorciados, solos y estresados, vivíamos en el centro de la dorada primavera de la juventud. ¿Qué época puede competir contra eso? Hay más: lo que mucha gente no consiguió con su trabajo y esfuerzo lo reclama hoy amparada en el sentir colectivo. Me refiero a estudiantes absolutamente mediocres del BUP -muchos de los cuales salieron con una etiqueta de Anís del Mono en vez del título- que ahora van diciendo que los de entonces éramos mejores estudiantes, más sabios, quizá para ocultar sus propias carencias personales. Cuando oigo hablar de responsabilidad, me acuerdo de mis amigos del instituto, que hicieron los últimos cursos del bachillerato en los salones recreativos de la calle San Jacinto. Basta un rápido vistazo a las entradas en Facebook de nuestros coetáneos para saber que esa pretendida excelencia no era tal.

      Ahora a los niños que padecen el Síndrome de Down no los escondemos en casa, sino que los socializamos y les enseñamos, los chicos que tienen algún problema ya no son el tonto del pueblo, sino niños especiales, y a los demás se les ha transmitido la suficiente sensibilidad como para que sepan valorarlos, tratarlos y convivir con ellos. Con eso ganan no sólo aquéllos, sino también éstos, pues se convierten así en personas más empáticas y sensibles. A los alumnos que presentan algún retraso educativo por lagunas de aprendizaje o condiciones socioeconómicas desfavorables ya no los abandonamos a su suerte, o mala suerte, sino que los empujamos e intentamos llevarlos a la meta con el programa de Diversificación Curricular, por ejemplo. El problema es que esta ideal forma de enseñanza que se quería implantar con la LOGSE requiere unos recursos -fundamentalmente de profesorado especializado- de que los centros educativos no han sido dotados, al menos en la cantidad suficiente.

      Cuando hablemos de las excelencias de la EGB, el BUP o anteriores Sistemas Educativos, no debemos pensar sólo en ese alumno aventajado o normal, para quien fue un sistema muy aceptable; vengan también a nuestra mente esos miles de niños que el sistema desechó y desahució intelectualmente por no llegar al mínimo.

      Tampoco los profesores de antaño eran mejores que los de ahora. Los había excelentes, sí; los que a mí me tocaron en suerte fueron en su mayoría muy buenos. Pero también tuve al Siesta, apodo ganado a pulso, porque siempre venía a clase acompañado de Morfeo. Aprobé Dibujo gracias a su letargo, pues no recuerdo haber aprendido nada ni haber hecho ningún examen de esa materia sin la imprescindible ayuda de mis compañeros. Ahora sigue habiendo profesores de todo tipo, pero esas cosas no ocurren sin que supongan un escándalo.

      Pero no deseo caer en el maniqueísmo. Igual que hago alabanzas de esta generación, también podría escribir acerca de sus defectos y limitaciones. Es cierto que los niños de ahora adolecen de muchas carencias, sobre todo en lo que tiene que ver con la atención y la paciencia. No es extraño; los hemos educado para mirar mil cosas con rápidos cambios de plano y para conseguirlo todo sin esfuerzo alguno ni espera. Si son como son, tanto en lo bueno como en lo malo, es porque los hemos hecho así y son, por tanto, víctimas o beneficiados de una determinada educación y formación para la vida, responsabilidad que recae en la sociedad en general, pero directamente en los padres de las criaturas.

      Queremos que los niños se esfuercen, den todo lo que llevan dentro y tengan la suficiente paciencia como para esperar resultados a largo plazo; pero lo que esta sociedad mediocre les enseña a valorar es el pelotazo, el triunfador que se ha hecho de oro en poco tiempo y sin esfuerzo -quizá con el esfuerzo ajeno-, les muestra que es más fácil ascender desde la medianía que desde la excelencia, que el objetivo principal de estudiar es conseguir un buen puesto de trabajo, no formarse como persona. La forma de pensar y sentir del colectivo influye de manera notable en el pensamiento y la actitud individual. Así, aunque uno se declare contrario al catolicismo, buscará la culpa y el culpable ante cualquier hecho que acontezca, pues es un concepto muy arraigado en nuestra cultura. ¿Cómo puede, por tanto, esta sociedad esperar un buen Sistema Educativo si los valores que está transmitiendo a aquellos que pretende educar son los contrarios?

     Con respecto a los alumnos, de todo hay en la viña del Señor, pero me gustaría poner el acento en varias cosas en las que son mejores que nosotros. En primer lugar, veo que son más empáticos y solidarios con sus compañeros, más integradores. ¿Os imagináis a todos estos niños desaventajados en un aula de los años ochenta? Las risas y los insultos se habrían oído desde Roma. Otro aspecto que valoro es la creatividad que demuestran –no sólo su destreza- cuando usan las nuevas tecnologías, trabajos que a veces son sencillamente sublimes. Me recuerdo con rubor en el instituto y en la universidad entregando trabajos que yo hoy no habría recogido siquiera por su aspecto impresentable. Muchos de esos alumnos que hoy despreciamos estudian música y otros idiomas, editan blogs de alta calidad, hacen películas y teatro, practican varios deportes…

     Pero los tiempos han cambiado. Estos chicos -no estoy hablando de los que van al instituto como al mercadillo- no se conforman con cualquier cosa. Para atraer su atención no basta con estar allí y contarles algo; debemos hacérselo atractivo. Hay profesores tremendamente aburridos que se quejan de la falta de atención de sus alumnos. Pues no seas tan coñazo. Es como cuando un cantante se queja del público frío que le ha tocado. ¿No debe ser él quien conquiste a la audiencia?

Fernando Rivero

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blas 12/14/2013 13:00

Como casi siempre de acuerdo en materia educativa, en la LOGSE com en cualquier sistema ed, habrá siempre de todo, personalmente creo que no se valoró el esfuerzo ni del alumno competente ni del maestro celoso de lo suyo (aprobados si es posible al 100% casi por decreto) Antonio Jimenez comenta que, el profesorado actual es el mejor de tds ,los tiempos..He pasado estos 5 útimos años por la facultad, -Sin comentarios- Un abrazo muy fuerte

Luis 12/14/2013 22:08

Blas, has pasado estos años por la Universidad. Cuando quieras, hablamos de eso. Hace muchos años que defiendo públicamente que el punto más débil de la Universidad española (y mira que los tiene de todos los colores) es la selección de su profesorado, y algo parecido (aunque el proceso es otro) podría decir de Primaria y Secundaria. Y eso tiene que ver con algo que se ha tratado en este blog hace no mucho: el reconocimiento de la labor bien hecha frente el progreso de los pícaros (ganan los últimos por goleada).
Aun así, creo que no le falta razón a Antonio al decir que ahora "podríamos contar" con los profesores mejor preparados de toda nuestra historia.

Antonio Jiménez 12/10/2013 21:09

Cada tiempo tiene su razón de ser, y la comparación entre tiempos pasados y el presente, si se hace ignorando los códigos para interpretar la sociedad de cada tiempo, es casi siempre injusta e inútil por añadidura si lo que se pretende es establecer la preeminencia de cada una de ellas. Y hacérselo constar al alumnado puede ser, incluso, perjudicial.. El alumnado de hoy es hijo de su tiempo; en algunos casos, víctimas de los defectos de la época en la que viven donde todo es acelerado y los cambios tan radicales, tan numerosos, tan continuos que les han confundido sobre la inutilidad de la memoria; en otros aspectos son privilegiados, porque las nuevas tecnología , la inmediatez de las informaciones que fluyen veinticuatro horas cada día, la contemplación del mundo desde la propia barrera, los ha hecho probablemente más humanos, más conscientes de lo que es justo y lo que no, más cosmopolitas, más razonables,más capaces de asumir la cultura y los valores de los otros. Y por lo que respecta al profesorado, ya cansa oir que somos funcionarios desapasionados. Conozco pocos oficios donde abunde gente mas apasionada que en el nuestro. Ha habido siempre gente excepcional en la enseñanza; es un refugio magnífico para la gente extraordinaria; pero, en conjunto, el profesorado actual es el mejor profesorado de la Historia de España, el más capacitado, el más capaz por preparación pedagógica y por su competencia en el manejo de instrumentos muy diversos.

Luis 12/10/2013 13:36

La crítica más generalizada que se ha hecho a la LOGSE ha sido siempre que su especial atención a los alumnos más necesitados le ha hecho olvidar en exceso a los alumnos "normales" y a los superdotados, y con ellos la necesidad misma del esfuerzo y el afán de superación.
Vosotros los profesores de Secundaria, que habéis dado cuerpo a esa Ley con vuestro trabajo diario, sabréis cuánto hay de cierto en ello y cuánto de deformación. Yo sí repito públicamente que lo mejor que hay en las Universidades son sus estudiantes, y esto no implica que niegue sus limitaciones, que las tienen, pero que son, como tú bien dices, las propias de la época, y que por tanto los profesores debemos corregir como parte de nuestro trabajo... si es que no nos afectan también a nosotros. Esto es lo que hay: éstos son los mimbres, y tenemos que sacar con ellos el mejor cesto que podamos y sepamos: un cesto que sea útil a la gente y que nunca sirva para la cosecha del Señor.