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Carta a Ernesto - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Carta a Ernesto

         Estimado Ernesto,

         me alegra ver cómo, en su incansable deseo por mejorar como periodista, ha decidido abrir nuevos campos y traspasar la frontera del humor, cuya ausencia tan encorsetado y constreñido lo tenía. Sin embargo, si me permite un consejo, haría usted bien en mantener e incluso perfeccionar esas maneras en las que es especialista. Dirá usted que la tergiversación y manipulación informativas y la falta de amor por la verdad –la mentira a secas- son terreno demasiado trillado, ideas ya muy manidas. Cierto es que tiene mucha competencia, que es muy difícil pugnar por calumniar y tergiversar más que El Mundo, La Razón y, cómo no, Intereconomía, que Pedro J. Ramírez es el dios en el inframundo de la falsedad, que nunca va a poder alcanzar los niveles de infamia de Urdaci… Bueno, éste último le allanó el camino cuando se fue a vivir al Pozo Santo y, ciertamente, con Ramírez no puede usted competir, así que más le vale conformarse con su papel secundario. Pero, por el dios que tanto nombra, no se meta usted en camisa de once varas, no intente ser sarcástico ni irónico, que la gracia es un don divino con el que usted no fue agraciado.

         Me he pronunciado muchas veces en contra de ciertas ayudas que se han aprobado con carácter indiscriminado, para todos igual, pero que un gobierno firme un decreto que asegura que ninguno de los niños de la Comunidad pase hambre me parece más que loable. Sí, y una bicicleta también, señor Sáenz de Buruaga. Para los pobres, los más desafortunados, aquellos a los que usted y su gente llaman “menesterosos”, desean sólo la dádiva, la caridad cristiana que tan bien les hace sentirse, porque enmascara su verdadero rostro de alimaña.

         Pero como en el libro de la inmundicia intelectual y la bajeza moral demuestran ustedes que queda mucho por escribir, cuando más bajo no se podía caer, se coloca en primera fila FAES, la fundación con la que el PP perpetra su ideología. Tampoco a ellos les parece digno que la Junta de Andalucía asegure por decreto tres comidas diarias a todos los niños de la Comunidad, sino más bien una medida risible, digna de mofa y escarnio. Todas las mejoras que afecten a Andalucía son populistas, todo lo que nos haga estar mejor. Son ustedes los mismos señoritos de siempre. Ahora nos viene un nuevo fantoche, el señor Borja Pi (no, no voy a ironizar sobre su nombre; en el humor mis retos son más elevados). Este individuo, que más que parir ideas, las excreta (el baño debe de ser su lugar de reflexión), ha encargado un sesudo informe a economistas y nutricionistas –tertulianos de Intereconomía, imagino-, que han concluido que los andaluces devoramos hasta las piedras en la época de bonanza y por eso la obesidad está a la orden del día en nuestra Comunidad. Nos recomienda Borjita que comamos menos y nos ha hecho una dieta, loado sea Dios, que los andaluces nos apresuramos a seguir. Propondremos a nuestros hijos que desayunen un limón, opípara ensalada salmantina aderezada con huevos fritos y carnes de caza; al colegio pueden llevar ensaimadas mallorquinas o requesón; para el almuerzo, ese que nos aconsejan saltarnos, podemos comenzar una dieta a base de lacón con grelos, pote, fabada, cocido madrileño o callos –que es bueno variar las comidas-; para la merienda tendrán ese arroz con leche asturiano que tanto les  gusta y a la hora de la cena los llevaremos al Borriquín todas las noches. Así se olvidarán de los alimentos típicos de Andalucía. Tanto gazpacho, tanta ensalada, fruta y verdura no creo que sean buenos para una alimentación equilibrada, pues engordan una barbaridad.

         Da también el señor FAES una explicación para la congénita pereza andaluza –porque aquí todos somos más flojos que un muelle de guita-: se debe a que en esos días de invierno que alcanzamos los cuarenta grados, nos ponemos hasta las orejas y, claro, quién se va a trabajar sin una buena siesta. Como andaluz, no puedo por menos que agradecer al señor Pi –estará usted de acuerdo, Ernesto- que nos haya quitado la venda de los ojos para que podamos ver por fin que todos los males de Andalucía vienen de nuestras comidas pantagruélicas. Si ésa era la receta para salir de la crisis, podría haberlo dicho antes. Si los segadores y jornaleros de antaño hubieran sabido que el trozo de tocino que ingerían como único alimento para poder trabajar de sol a sol era el motivo de su desdicha, con no haberlo probado habrían tenido bastante, y otro gallo nos cantaría.

         Sale también a la palestra Rafael Hernando, ese nuevo Cicerón que Almería nos ha regalado, envidia de Demóstenes, criticando la medida en tanto que nos acerca a Etiopía, a nosotros que pretendíamos ser vanguardia. Dejemos pues que estén desnutridos. Bien por el señor Hernando y su alma solidaria. El hambre estaba bien cuando se concentraba en otras latitudes, señor Sáenz de Buruaga, pero ahora está llamando a nuestras puertas y es una buena ocasión para que los gobiernos demuestren dónde están y quiénes son. Ojalá todas las Comunidades Autónomas siguieran el camino marcado por Andalucía. No se nos olvide que si somos etíopes es porque los bancos, las grandes empresas y ustedes mismos se lo están llevando a manos llenas.

         Creo, Ernesto, que en la vida hay pocas cosas de las que no nos podamos reír –mi sombra la más risible-, pero el hambre es una de ellas. Los grandes capitalistas han llevado a mucha gente de este país a perderlo todo: su trabajo, su casa, su medio de subsistencia, su futuro…, y encima ustedes se ríen de las víctimas y las llaman terroristas. Ustedes y sus amigos son los terroristas, genocidas diría yo, pues están acabando con las posibilidades, matando el presente y el futuro de millones de personas que sólo desean vivir una vida que merezca la pena.

Ustedes que se han hecho expertos en transformar la verdad en mentira y falsear la realidad a su conveniencia, ustedes que siguen sacando su tajada y esperan que sea aún mayor, ustedes cuya codicia está llevando al desastre a tanta gente, ustedes a quienes no se les abren las carnes pensando que un niño lo pueda estar pasando mal y ven en su hambre motivo de mofa, ustedes que se han posicionado inamovibles en el lado de los indeseables, ustedes, señor Sáenz de Buruaga, son mis enemigos y, desde lo más profundo de mi corazón, les deseo lo peor.

         Un cordial saludo.

 Fernando Rivero 

         Estimado Ernesto,

         me alegra ver cómo, en su incansable deseo por mejorar como periodista, ha decidido abrir nuevos campos y traspasar la frontera del humor, cuya ausencia tan encorsetado y constreñido lo tenía. Sin embargo, si me permite un consejo, haría usted bien en mantener e incluso perfeccionar esas maneras en las que es especialista. Dirá usted que la tergiversación y manipulación informativas y la falta de amor por la verdad –la mentira a secas- es terreno demasiado trillado, ideas muy manidas. Cierto es que tiene mucha competencia, que es muy difícil pugnar por calumniar y tergiversar más que El Mundo, La Razón y, cómo no, Intereconomía, que Pedro J. Ramírez es el dios en el inframundo de la falsedad, que nunca va a poder alcanzar los niveles de infamia de Urdaci… Bueno, éste último le allanó el camino cuando se fue a vivir al Pozo Santo y, ciertamente, con Ramírez no puede usted competir, así que más le vale conformarse con su papel secundario. Pero, por el dios que tanto nombra, no se meta usted en camisa de once varas, no intente ser sarcástico ni irónico, que la gracia es un don divino con el que usted no fue agraciado.

         Me he pronunciado muchas veces en contra de ciertas ayudas que se han aprobado con carácter indiscriminado, para todos igual, pero que un gobierno apruebe un decreto que asegura que ninguno de los niños de la Comunidad pase hambre me parece más que loable. Sí, y una bicicleta también, señor Sáenz. Para los pobres, los más desafortunados, aquellos a los que usted y su gente llaman “menesterosos”, desean sólo la dádiva, la caridad cristiana que tan bien les hace sentirse, porque enmascara su verdadero rostro de alimaña.

         Pero como en el libro de la inmundicia intelectual y la bajeza moral demuestran ustedes que queda mucho por escribir, cuando más bajo no se podía caer, se coloca en primera fila FAES, la fundación con la que el PP perpetra su ideología. Tampoco a ellos les parece digno que la Junta de Andalucía asegure por decreto tres comidas diarias a todos los niños de la Comunidad, sino más bien una medida risible, digna de mofa y escarnio. Todas las mejoras que afecten a Andalucía son populistas, todo lo que nos haga estar mejor. Son ustedes los mismos señoritos de siempre. Ahora nos viene un nuevo fantoche, el señor Borja Pi (no, no voy a ironizar sobre su nombre; en el humor mis metas son más elevadas). Este individuo, que más que parir ideas, las excreta (el baño debe de ser su lugar de reflexión), ha encargado un sesudo informe a economistas y nutricionistas –tertulianos de Intereconomía, imagino-, que han concluido que los andaluces devoramos hasta las piedras en la época de bonanza y por eso la obesidad está a la orden del día en nuestra Comunidad. Nos recomienda Borjita que comamos menos y nos ha hecho una dieta, loado sea Dios, que los andaluces no estamos dispuestos a seguir. Nuestros niños van a seguir desayunando un limón, opípara ensalada salmantina aderezada con huevos fritos y carnes de caza; al colegio van a seguir llevando ensaimadas mallorquinas o requesón; para el almuerzo, ese que nos aconsejan saltarnos, continuaremos con nuestra dieta de lacón con grelos, pote, fabada, cocido madrileño o callos –que en una buena dieta hay que variar las comidas-; para la merienda tendrán ese arroz con leche asturiano que tanto les  gusta y a la hora de la cena los seguiremos llevando al Borriquín todas las noches.

         Da también el señor FAES una explicación para la congénita pereza andaluza –porque aquí todos somos más flojos que un muelle de guita-: se debe a que en esos días de invierno que alcanzamos los cuarenta grados, nos ponemos hasta las orejas y, claro, quién se va a trabajar sin una buena siesta. Como andaluz, no puedo por menos que agradecer al señor Pi –estará usted de acuerdo, Ernesto- que nos haya quitado la venda de los ojos para que podamos ver por fin que todos los males de Andalucía vienen de nuestras comidas pantagruélicas. Si ésa era la receta para salir de la crisis, podría haberlo dicho antes. Si los segadores y jornaleros de antaño hubieran sabido que el trozo de tocino que ingerían como único alimento para poder trabajar de sol a sol era el motivo de su desdicha, con no haberlo probado tendrían bastante, y otro gallo nos cantaría.

         Sale también a la palestra Rafael Hernando, ese nuevo Cicerón que Almería nos ha regalado, envidia de Demóstenes, criticando la medida en tanto que nos acerca a Etiopía, a nosotros que pretendíamos ser vanguardia. Dejemos pues que estén desnutridos. Bien por el señor Hernando y su alma solidaria. El hambre estaba bien cuando se concentraba en otras latitudes, señor Buruaga, pero ahora está llamando a nuestras puertas y es una buena ocasión para que los gobiernos demuestren dónde están y quiénes son. Ojalá todas las Comunidades Autónomas siguieran el camino marcado por Andalucía. No se nos olvide que si somos etíopes es porque los bancos, las grandes empresas y ustedes mismos se lo están llevando a manos llenas.

         Creo, Ernesto, que en la vida hay pocas cosas de las que no nos podamos reír –mi sombra la más risible-, pero el hambre es una de ellas. Los grandes capitalistas han llevado a mucha gente de este país a perderlo todo: su trabajo, su casa, su medio de subsistir, su futuro…, y encima ustedes se ríen de las víctimas y las llaman terroristas. Ustedes y sus amigos son los terroristas, genocidas diría yo, pues están acabando con las posibilidades, matando el presente y el futuro de millones de personas que sólo desean vivir una vida que merezca la pena.

A ustedes que se han hecho expertos en transformar la verdad en mentira y falsear la realidad a su conveniencia, a ustedes que siguen sacando su tajada y esperan que sea aún mayor, a ustedes cuya codicia está llevando al desastre a tanta gente, a ustedes que no se les abren las carnes pensando que un niño lo pueda estar pasando mal y vean en su hambre motivo de mofa, a ustedes que se han posicionado inamovibles en el lado de los indeseables, desde lo más profundo de mi corazón, les deseo lo peor.

         Un cordial saludo.

Fernando Rivero

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manuel Rivero 05/01/2013 14:18

No te hagas mala sangre primo que lo peor ya lo tienen porque son ellos mismos y no tienen otra cosa, es normal que las cosas sean así en un mundo en el que Dios es el Dinero, pero nosotros no podemos olvidar que la realidad no es todo lo que hay. Un abrazo para ti y tu familia.

Fernando Rivero 05/02/2013 01:25

Es una cuestión de sensibilidad. Siempre he detestado a los que han humillado al débil. Decir "¡que se jodan!" o buscar la parte irónica del hecho de que otros, no tú, lo estén pasando mal denota una odiosa falta de sensibilidad. Este artículo no va con Sáenz de Buruaga, aunque lo haya hecho destinatario por lo mal que me cae. Su frase es pura anécdota, cuando no una ocurrencia no meditada; pero el PP ha encargado ese absurdo estudio acerca de cuánto se come en Andalucía con premeditación y alevosía. Esta Comunidad la dan por perdida porque ni siquiera ahora han sido capaces de ganar. Es curioso que Castilla y León y Galicia voten al PP mayoritariamente porque son gente de bien y, sin embargo, el PSOE tenga secuestrado el voto en Extremadura y Andalucía. Parece que aquí aún no somos mayores de edad.

Manuel 04/29/2013 21:53

Bien dicho Fernando; esta basura de políticos no se merecen otra cosa más que el desprecio de todos.
A Dios rogando y con el mazo dando, o mejor dicho: a Dios rogando mientras te estoy robando, esta es su filosofía.
saludos.

Rafael Mérida 04/29/2013 00:45

Sencillamente genial y totalmente de acuerdo.

Fernando Rivero 04/29/2013 00:54

Gracias, Rafa. me cabrea muchísimo lo que está pasando. Nos lo están robando todo, fundamentalmente el futuro de nuestros hijos y encima, como ya la vergüenza no importa, nos hacen sentir culpables y se ríen de nosotros, sobre todo de los más débiles -que cada vez son más-, aquellos a los que ya apenas les quedan recursos. ¿Quién nos iba a decir hace cinco años que nos veríamos en éstas. Aquí ya sólo caben dos posturas, que nada tienen que ver con el bipartidismo absurdo en que estamos instalados: con el pueblo o contra el pueblo, con nosotros o contra nosotros. No hay más.