Blog de educación y de crítica social y política que busca luchar contra la estulticia y falta de sentido común instalados en nuestra sociedad.
6 Marzo 2013
Siempre he pensado que el principal defecto de la manera en que desde España hemos abordado el análisis de la acción de gobierno de Hugo Chávez ha sido el desconocimiento, la falta de información y, en definitiva, el uso de una alta dosis de prejuicios y lugares comunes a favor y en contra, que vienen a subsanar la falta de datos.
Dicho esto, también quiero dejar claro que no creo que las responsabilidades en este estado de cosas sean simétricas, quiero decir, que si la ciudadanía no ha dispuesto de una información suficiente, veraz e imparcial es porque los medios de comunicación, presionados por los poderes económicos y políticos que los dirigen, no han cumplido con su obligación y han transmitido una imagen distorsionada de la realidad venezolana, ofreciendo una información que en el mejor de los casos era sesgada, cuando no abiertamente manipulada y tendenciosa.
Así, cuando el Presidente de los empresarios de Venezuela, Pedro Carmona, organizó en 2002 su Golpe de Estado y los gobiernos de Bush y Aznar tardaron minutos en reconocer al nuevo gobierno, el hecho se nos presentó como el “fin del círculo vicioso del populismo” (comentarista de Hora 25 dixit); o cuando los directivos de la Empresa Pública de Petróleos de Venezuela cerraron la empresa y llevaron al país a la escasez y el desabastecimiento, la noticia fue tratada como si fuese un conflicto laboral legítimo (por cierto, ¡qué diferencia de tratamiento cuando el conflicto laboral es en España!), en lugar de hablar de un segundo Golpe de Estado.
No me cabe duda de que esta desinformación responde a unos intereses muy concretos, pero más allá de esos intereses hay un prejuicio que permite a un amplio sector de nuestra sociedad aceptar tal grado de manipulación. Y es que bajo esa crítica feroz subyace un complejo de superioridad racial, también conocido como racismo, que impide a algunas (muchas) mentes ser capaces de aceptar que un tipo tan poco Princeton pueda dirigir los destinos de un país.
Mientras la prensa alababa al genocida de Uribe de manera casi unánime, casi con la misma unanimidad se mofaba del Presidente del Jersey, del Gorila Chávez y, un poquito menos porque son blancos y guapos, de Correa y de Cristina Fernández. Lo que en uno es elegancia y saber estar en los otros era zafiedad y horterada; uno era modelo de democracia y los otros populistas irredentos; uno reformaba la Constitución por canales no previstos legalmente y los otros imponían a fuerza de triunfos electorales su Socialismo del Siglo XXI.
En fin, ¡qué os voy a contar que no hayáis leído, visto u oído!
No soy tan ingenuo como para creer que la acción de gobierno de Chávez fue perfecta (¿cuál lo es?), pero permitidme que hoy haga caso del dicho latino que reza de mortuis nil nisi bonum, y que exige el respeto a los muertos; respeto mínimo que gran parte de la carroña mediática de este país no ha tenido la elegancia de guardar, lo cual tampoco me sorprende.
Por mi parte, me quedo con el titular de Público: “Muere Chávez, nace el mito”. Y ahora a ver qué pasa, pero me malicio que empecemos a saber más cosas.
H:
Ciudad del Betis, a seis días del mes de marzo de MMXIII A.D.