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Proyecto fallido - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Proyecto fallido

      Todo era ilusión en aquel tiempo, todo era color que mata la grisura. Se palpaban las ansias de cambio, el vértigo de saber que se hacía historia. Apareció por fin la España acrisolada, la de las mil tonalidades, que sabía que el esfuerzo por compartir y convivir no sería estéril. Incluso los leones del pasado y sus cachorros, los inmovilistas nostálgicos de un tiempo que se les escurría entre los dedos, voraces perras de la guerra, hubieron de aceptar las nuevas formas y se disfrazaron de demócratas sin serlo, si bien sus anhelos estaban aún con el tirano. Menos ellos y los otros sanguinarios asesinos, los que regalaban dolor y muerte, todos querían construir un país donde cupieran todos, donde cada uno pudiera encontrar su espacio diferente.

       Hartos de una tierra que constreñía y aun cercenaba el alma, habiendo sentido durante cuarenta años el peso de la piedra que doblega la cerviz, la cadena que inmoviliza y atrapa, eran muy conscientes de los males con que la grisura los amordazaba y decidieron liberarse del yugo; y de las flechas.

       Amanecía en España y en sus gentes fue naciendo un nuevo orgullo más allá de las patrias, las banderas y las águilas –atrás quedó el Imperio y la grandeza fascistoide, el afán por dominar el mundo o añorar el tiempo en que se hacía-. Anhelaban sólo ser país en su contorno. No sería ya el dominio de la Raza, el predio de unos cuantos, porque un nuevo Toledo renacía, lugar donde cabían morenos y ojizarcos, altos y bajos, donde las posibilidades de progreso individual no habrían de estar marcadas por la cuna, donde las gentes se pudieran expresar libremente sin miedo a las garras de las águilas.

      Todo ello se plasmó en una ley que garantizaba los derechos esenciales, una ley fundamental que nadie podía desdeñar, norma suprema que estaba por encima del resto. En 1978 nacía la Constitución, que otorgaba el derecho a ser persona, a la dignidad de cada una de las gentes que aquí habitan: derecho a la libertad de expresión y de movimiento, a participar en la vida política votando o siendo votado, derecho a una vivienda digna y a un trabajo que, decían, dignificaba a las personas, derecho a una educación y sanidad gratuitas e igualitarias, derecho a la integridad física y moral, a la libertad de credo…, una ley, en definitiva, que sentaba las bases para el progreso del país y sus personas, país entendido como crisol de sensibilidades, culturas y lenguas.

     Todo era perfecto; nada podía fallar si se domesticaba al ejército, si desde cada rincón, cada casa, todos arrimábamos el hombro para construir y hacer fuerte este maltratado país. Y nos lo creímos. Sabíamos que Jauja no era, pero pensábamos que poco a poco habría de convertirse en la nación que anhelábamos.

       Pero la grisura, tenaz y omnipotente, volvió a cubrir España con su velo. ¿Dónde quedaron todos esos derechos fundamentales o el afán por protegerlos? ¿Dónde el derecho a una vivienda digna si el alquiler te cuesta el salario que no ganas, porque no tienes trabajo? ¿Cómo puede dignificar éste si no lo tienes o es a tiempo parcial e indefectiblemente con sueldos de miseria? ¿Qué esperanza podemos albergar en la Sanidad pública si día tras día le lanzan cargas de profundidad desde esa punta de lanza de la iniquidad y la infamia que es Madrid? ¿Qué esperar de un Sistema Educativo que estrena una ley oprobiosa que sólo busca conseguir nuevos ladrillos para el muro que sustenta a las grandes empresas, mano de obra irreflexiva, y otorga a la Enseñanza privada la autoridad moral que ella por sí misma no consigue? ¿Qué de la libertad de expresión y la integridad física y moral si la Ley Mordaza acaba con ellas de un plumazo? Hace un par de años llamé bienio negro al tiempo de Rajoy; hoy me temo que podemos llamarlo el cuatrienio de la negrura, pues todo lo que han hecho ha ido dirigido a atacar a los individuos y a los colectivos que éstos forman, a todo lo que no sean ellos mismos.

       Pero los males que vivimos no tienen sólo estos progenitores. Los mismos que se ilusionaron e ilusionaron hace cuarenta años han ido desde entonces acumulando el barro que ha propiciado los actuales lodos. Esos mismos que se autoproclamaron libertadores del Pueblo y sus herederos se han sabido gente especial con derecho a sus prebendas y pernadas.

    Para cambiar el país no bastaban frases grandilocuentes plasmadas en una ley; había que dinamitar el franquismo desde sus cimientos, basados en la corrupción y el clientelismo. Sin embargo, intuida desde siempre, ahora estamos viendo que aquélla ha seguido siendo la base de la acción política. Empezando por el Jefe de Estado y continuando por los distintos gobiernos centrales, autonómicos y locales, el clientelismo, el nepotismo y la corrupción siempre han estado ahí marcando el paso.

      Todo era mentira, ya lo vemos, los derechos, la igualdad de oportunidades, la libertad… todo maquillaje para seguir como antes, que nada se mueva para que todo siga igual; esa Iglesia preconciliar, curia lenguaraz que abjura de Pablo VI sin decirlo, esa Iglesia que afianza día a día su poder aunque sus fieles sólo estén para bautizos, comuniones, bodas y entierros, Iglesia de escaparate y fachada social; esa Administración obsoleta de difícil promoción interna como no sea por la vía política, funcionarios siempre en la picota y cada día menos independientes y más sometidos al poder político. A los gobernantes no les parece sumisión suficiente y han creado las Agencias Públicas -a las que no se accede por oposiciones libres, sino por dedazo-, al tiempo que adelgazan el cuerpo de funcionarios independientes.

    Están desmantelando a conciencia todo lo público, el tesoro común, regalándolo a sus amigos, que son ellos mismos. La Sanidad, la Educación, los transportes, las telecomunicaciones, el agua… Sólo faltaba que privatizaran el Sol. Pues también están legislando sobre ello.

     Y la generación política a la que toca remediar estos males y volver a cimentar el país es la más gris y mediocre que se haya conocido, la menos preparada desde el punto de vista intelectual, la menos generosa. Por eso, no tengo ninguna confianza en que este país cambie, en que consiga soltar el lastre del pasado, cambiar el rumbo de este proyecto fallido de democracia y mirar con ilusión hacia el futuro.

Fernando Rivero García

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Fernando Barco Villa 05/12/2016 12:46

An opinion

Lola García 05/19/2015 21:40

Tan de acuerdo con Nando, Antonio y Luis que no sé si vale la pena tratar de añadir nada más.
Por supuesto que hemos empezado a reconstruir la casa sin cambiar las tuberías, cañerías, instalación eléctrica, etc. Y cuando se hacen esas chapuzas, siempre se termina uno arrepintiendo de no haber hecho las cosas bien desde el principio. El olor a rancio y a cutre no se va nunca, y siempre hay mucho que lamentar.
Pero ese olor a cutre se ha convertido en algo irrespirable, insano, que nos estaba poniendo rnfermos a todos.
Y al fin, parece que la gente ha reaccionado. Se han abierto las ventanas para que entrara aire fresco, para ventilar. Y el ambiente se ha renovado y nos ha hecho recuperar la ilusión que ya habíamos dado por perdida.
Espero que esto no sea un espejismo, que se convierta en una realidad.
Es que a veces pienso en las esperanzas que pusimos también tras la muerte del dictador, cuando dimos por descontado que todo iba a cambiar definitiamente.. Cuánta ilusión, cuántas expectativas teníamos entonces.... Espero y deseo que la situación actual no se parezca demasiado a aquella que tanto nos defraudó. Ojalá Luis, tengas razón y esto sea verdaderamente distinto de lo de Italia.
Ojalá España sea diferente, pero en el buen sentido y no en el de siempre.

Antonio Jiménez 05/19/2015 06:44

Si traspasamos la frontera temporal y vamos más allá de la dictadura franquista, quizá encontremos un reflejo más fiel de nuestros males. Bien mirado este periodo democrático empezó como una explosión de esperanzas acumuladas, como la II República, y de obligaciones morales pendientes para modernizar y dignificar este país a medio hacer, pero acabó adoptando el sistema canovista, el dominio alternativo de dos partidos burgueses en cuyos programas verdaderos , generalmernte ocultos entre la palabrería con la que buscan engatusar a los votantes, persiguen solo el poder y el usufructo de sus prebendas. La herencia política más duradera es la de Cánovas. El caciquismo se ha puesto ropa nueva, en algunos casos mejoró sus maneras porque pasó antes por las universidades y los centros de formación de directivos, pero eso no los libró de la inmoralidad y del uso del poder en beneficio propio.
En una reciente conversación con mi hijo que entra ya en ese segmento de edad de quienes reclaman protagonismo político y nuevas formas, me aseguraba que la política municipal en los pueblos de España es solo una red de aprisionar voluntades, un mercado persa donde todo se compra porque todo se vende. Caciquismo de nuevo cuño y de discursos impostados. Canovismo puro.
Pero algo se mueve. Esperemos que nos traiga algo más que expectativas. Aunque yo también dudo. El peso de la tradición es como una placa tectónica que se mueve lentamente pero que acaba imponiendo siempre el viejo orden de corrupción y clientelismo.
Y desesperanza .

Fernando Rivero García 05/18/2015 23:58

Quiero agradecer a mi amigo Juan Luis Lara la idea de este artículo, que he tratado de plasmar lo más fielmente posible.

Luis 05/19/2015 08:28

Me sumo a este discurso, que bien sabes que en mí es obsesión: no hemos cerrado las heridas y estamos construyendo sobre los astrosos andamios del pasado. Antonio dice, con toda razón, que esto es anterior al Franquismo. En realidad pagamos el precio de no haber tenido un siglo XIX realmente liberador, el de haber sufrido a Napoleón y haber creído que la salvación era la bestia parda de Fernando VII o sus descendientes.
Pero sí, hay algo que se mueve, y no para que todo siga igual. Aquí en Italia veo que siguen anclados aún en el discurso de las facciones de partidos, en las discusiones entre líderes, como si eso fuera lo que importa a la gente. En España al menos ahora tienen que esconder ese discurso y hacer como que lo que les importa es el interés común. La revuelta de las plazas ha sido un golpe de aire fresco, lo que no quiere decir que lo sea su facción más fallida y positiva (lo uno por lo otro): Podemos.