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Mirando hacia atrás sin ira - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Mirando hacia atrás sin ira

    Parafraseo el título del libro de John Osborne, Look back in anger, en sentido contrario, para escribir acerca de uno de los temas que, como padre y como profesor, más me preocupan, si bien lo he dejado siempre aparcado.

     Entiendo que cada generación tenga sus propios iconos, códigos morales, lingüísticos y de conducta específicos, su propia visión del mundo, diferentes, claro está, en las distintas latitudes; pensar que aquellos con los que uno se crió y creció son a priori los mejores, quizá los únicos plausibles, no deja de ser egocentrismo torpe y de cortas miras. Además, los problemas fundamentales que afectan al ser humano, los sentimientos de triunfo, amor, soledad, felicidad, decepción, fracaso… aquellos que enaltecen o encogen el corazón, no difieren mucho de una época a otra.

 

     Un profesor debe dar el máximo nivel que pueda de la materia que imparte, buscar incansable la excelencia, pero no queda ahí su responsabilidad. Muy importante me parece también su labor como tutor y guía, alumbrador de pasos y caminos. Siempre he querido influir en mis hijos y en mis alumnos, no para que vean el mundo con mis ojos, a lo cual ni aspiro ni tengo derecho, sino para que se planteen preguntas y busquen respuestas con los suyos propios, que sepan que no están aquí para cumplir etapas, cual animales, e ir viviendo cada una de ellas siguiendo las directrices marcadas. Pero ahí hay un asunto que me sume en desesperante impotencia. Siempre ha existido la ruptura generacional, basada no obstante en el conocimiento de lo que anteriormente se había hecho. Ahora, sin embargo, lo que percibo es, en general, un absoluto desprecio por lo que no esté de rabiosa actualidad, desinterés que nace de la ignorancia.

      Algo parecido sucedió antaño con todo lo que tuviera que ver con la naturaleza y el campo. En los años veinte, en La Verdad sobre el Caso Savolta, Pajarito de Soto hace una reflexión acerca de la clase trabajadora que había emigrado del campo a la ciudad. Decía que el campesino era una persona iletrada que sabía mucho, no obstante, del campo y de la naturaleza que lo rodeaba: hierbas, aromas, clima… Sin embargo, sus hijos, criados ya en barrios marginales de las grandes ciudades, seguían siendo tan iletrados como sus padres, pero habían perdido, además, todo aquel bagaje e interés que éstos atesoraban.

    Quien no conoce no elige. La premisa fundamental para la libertad es el conocimiento. Demasiado imbuidos en la cultura de lo efímero, atrapados por esa moda –en todas sus vertientes- fugaz y al mismo tiempo omnipotente y omnipresente, cultura de usar y tirar, la mayoría de los chicos de ahora no conceden ninguna importancia a lo que los precede. Mitad en broma, mitad en serio, a veces les digo “antes de que vosotros nacierais ya existía el mundo y había en él personas que llegaban a ser inteligentes; incluso algún genio hubo antes de que nacierais”. Y no me refiero a lo que se hacía en mi juventud, sino a Mozart, Beethoven o Louis Amstrong, a Homero, Virgilio o Lorca, a Rafael, Rubens o Hopper, a Newton, Fleming o Einstein. Curiosamente, la época de la generalización de la Educación y del acceso más fácil al conocimiento, gracias a Internet, se corresponde con la de mayor desinterés; y ello es debido a la falta de una guía apropiada. Eso me llevó hace años a escribir una charla en inglés sobre la historia del Rock’n’Roll –con la que he ido a algunos institutos-, y más recientemente a comprar para el recibidor de mi instituto un televisor donde se proyectan diariamente películas de obras de arte con música clásica de fondo. No pretendo que los alumnos se paren delante (es un sitio de paso), sino que piensen en el arte y la música clásica como algo natural, que sepan que existen.

      Hay personas que han tenido la suerte de formarse en épocas de brillantez cultural, de interés y búsqueda más o menos generalizados. Por desgracia, no es el caso hoy en día. Padecemos un tiempo de oscurantismo en el que los que tocan el cielo del éxito son, en la mayoría de los sectores, personajillos de tres al cuarto que nada nuevo ni bueno ofrecen, mientras languidecen las obras de peso. Nunca ha habido tanta gente que sepa leer, nunca tan fácil leer un libro o escuchar música y, sin embargo, consagramos nuestro tiempo a la literatura más banal, al cine de argumentos y diálogos facilones, a la música más-de-lo-mismo, al rap, que hay quien ha osado definir como “poesía de la calle” simplemente porque está cargado de ripios y malsonancias tan en boga en estos días. Si éstos quieren cambiar el mundo, desde luego, no es un mundo en el que yo quiera estar.

     Por el hecho de tener hijos asumimos una responsabilidad no sólo en cuanto a su crianza, felicidad y educación, sino también con respecto a la transmisión del saber, el que nosotros hayamos alcanzado, y el interés por aprender. Nos conformamos con muy poco, con que vayan bien en los estudios reglados y crezcan sanos, relegando a un segundo plano todo ese acervo que heredamos de nuestros ancestros, delegando en otras instituciones la transmisión del conocimiento. Quizá nos falte tiempo para hacerlo nosotros mismos.

      Lo que más me duele de todo esto es que cuando intentas que sea de otra manera, te das cuenta de cuán poderosos son los enemigos con quienes has de competir. Creemos que la calle puede ser una mala influencia para nuestros hijos, pero el enemigo lo tenemos en casa: unos necios llamados youtubers que, a pesar de sus muchos años, se dedican a comentar videojuegos, que ya son perniciosos en sí mismos, pues acostumbran a los niños a aplicar violencia y a convivir con ella; la televisión, con series Disney que falsean la realidad y al mismo tiempo muestran el camino del triunfador -y del perdedor-, de la más rancia cultura puritana… Tenemos pánico a la droga y, sin percatarnos, la hemos metido en casa. Televisión, cine, PlayStation, Xbox, Wii, Nintendo, móvil, tablet, ordenador… Los niños disponen de una asombrosa variedad de distracciones que, sin embargo, apuntan todas en la misma dirección, entretenimientos que se han convertido en obsesión para muchos y sirven, cuando menos, para distraerlos de su propia vida. Cada vez encontramos en los institutos más casos de alumnos que acuden con falta de sueño por haberse quedado hasta la una o las dos de la mañana atrapados por una de estas distracciones. Y las personas que los rodean, la familia fundamentalmente, va perdiendo protagonismo y quedando relegada a un segundo plano.

      Necesitamos poner orden en todo esto, contar a nuestros hijos que la vida es mucho más, llegar con ellos a un compromiso para que concedan la misma importancia a una cosa y a otra, porque están en edad de formación y llegarán vacíos a la edad adulta si no los sacamos, al menos a medias, del camino de la vacuidad que han emprendido.

Fernando Rivero García

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Francisco Javier Gil Ruiz 02/04/2015 01:50

Le doy la razón en todo lo que he leído Fernando, no obstante, me gustaría centrarme en la parte en la que comenta que debemos ver con nuestro propios ojos; con 21 años tengo la suerte de seguir considerándome joven y entiendo a qué se refiere en todo momento con estas distracciones, pero me gustaría decirle (siempre desde el más absoluto cariño y respeto que profeso por usted) que no todas estas tendencias son perniciosas , es el caso del cine, entre otros, ya sé que hay películas que más que matar neuronas, las mete en campos de concentración (digo película por no decir Torrente) pero hay muchas que nos muestran una sociedad muy cierta a través del séptimo arte. Mi pareja y yo solemos frecuentar el cine de Plaza de Armas y cierto es que nadie nos (me) quita películas como pueden ser El señor de los anillos (que es pura fantasía) o la típica de Marvel que empecé leyendo en un viejo comic, pero en los últimos años he asistido a sesiones de cine con películas muy realistas y un tema que realmente puede pasar (no sé si habrá visto "El Juez" de Robert D. J. o algo más antigua, "Cadena perpetua", mi película favorita ). El caso de la televisión es similar, hay programas que aplastan nuestra capacidad de pensar y muy a mi pesar, de tener una imagen e ideología propia (lo que ya casi se ha suprimido) pero hay muchos canales (es el caso de Discovery max, por ejemplo) con programas muy interesantes, principalmente documentales que mi propio hermano, un chico de la ESO (para mi la peor edad) disfruta con mucha regularidad, para mi jolgorio. Realmente los video juegos es un trema algo escabroso; como bien dice, fomenta muchísimo la violencia, sobretodo cuando los padres no respetan el sistema PEGI de asignación de edades, pero se ha demostrado que muchos juegos estimulan la mente y mejoran los reflejos y la agudeza mental. Como apasionado de los juegos puedo decirle que sé de que hablo. Finalmente, en lo referente a las demás tecnologías, es cierto que muchas no hacen más que absorber, y en demasiados casos, de manera innecesaria, me remito al típico crío con un móvil que no entra en los bolsillos de su chaqueta. Y el tema de la tablet prefiero ni comentarlo...pero estos accesorios permiten un acercamiento a la cultura bestial (a quien lo requiera) y de nuevo, si no le molesta, me usaré de ejemplo, soy una persona aficionada a la lectura, algo caprichosa a la hora de elegir libro, más de lo que me gustaría de hecho, pues reduce el tiempo que paso con dicha afición, pero desde que mi pareja me regaló mi ebook (bastante similar en tamaño a la table promedio he de decir) me ha facilitado enormemente la labor de localizar (y me ahorra mucho dinero) libros y me ha permitido leer mucho más, y libros que me era muy difícil localizar en ninguna biblioteca.
Como ve, lo único que pretendo es mostrarle que la verdadera culpa de que los jóvenes estemos "borreguizados" no es de la tecnología, ni de la época, mucho me temo, que la culpa no es ni de nuestros padres siquiera, sino nuestra.
Una vez más le aclaro que pese a estas anotaciones, estoy completamente de acuerdo como usted, tal cual lo he estado desde que le conocí en mi primer año de secundaria. Un fortísimo abrazo. Saludos.
Francisco Javier Gil Ruiz.

Fernando Rivero 02/04/2015 20:17

Bueno, Francisco Javier... Ya hace seis años que me fui de Pilas y me consta que las cosas se han seguido haciendo bien, quizá mejor incluso que antes. La prueba es que le han concedido el Bachillerato cuando ya había en el otro instituto. Lo que sucede es que cuando hay Bachillerato la cosa se relaja más, sobre todo si hay mayores de edad. Jesús Fernández, que me siguió en la jefatura de estudios, hizo un magnífico trabajo los cuatro años que estuvo y Bernabé también sabe hacer las cosas bien. Creo que Pilas sigue teniendo el instituto que merece. Un abrazo.

Francisco Javier Gil Ruiz 02/04/2015 13:40

Haré el esfuerzo de tratarte de usted. En lo referente a la culpa, he de discrepar, al menos en lo referido a nunca. He tenido la oportunidad de ver a jóvenes que, pese a los incansables intentos de sus padres, jamás abandonan este camino. Ahora mismo en mi plaza (te recuerdo que vivo prácticamente junto al instituto de la Soledad) hay dos chicos que parecen de Bachillerato (han puesto bachiller en el instituto) que se escapan todos los días a la hora del recreo para venir a fumar. Todos los días sin excepción, a la misma hora...esto contigo no pasaba. De nuevo un abrazo.
Francisco Javier Gil Ruiz

Fernando 02/04/2015 08:15

¿Cuándo vas a dejar de hablarme de usted? Evidentemente, el problema está, como en tantas otras cosas, en el abuso, en la desmedida; pero es cierto que son cosas que atraen y absorben mucho. La culpa nunca es de los niños, sino de quien le debe servir de guía, y de todo un sistema que está obteniendo los frutos deseados. Un abrazo.

Médico por comunidades 02/02/2015 20:57

Es cierto que "quién no conoce, no elige". El conocimiento es importante y sobretodo en la elección de algo como de su oficio. Buen aporte.

Luis 02/02/2015 20:49

Me quedo con estas frases: "Quien no conoce no elige. La premisa fundamental para la libertad es el conocimiento", y te doy a cambio la coplilla de Isabel Escudero que releí el otro día: "Era mentira tu libertad: / te dieron cuerda, muñeco, / y tú, a bailar".

Fernando Rivero 02/02/2015 20:53

Gracias por el regalo.