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El ascenso del mediocre - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

El ascenso del mediocre

      Aquella visión lo retrotrajo veinte años, a esos setenta en los que él dirigía un colegio en Alcosa y el otro se quedaba indefectiblemente dormido en clase los días que le daba por ir, ese maestro que ningún padre querría para sus hijos, año perdido, ni profesor alguno como compañero. Tornas cambiadas, ahora no era ya ese muchacho irresponsable, ese maestro improbable de antaño, sino todo un señor con traje y corbata, chófer y escolta, que lo abrazó entrañable como a recuerdo del pasado. “¿Y tú, cómo tan evolucionado?”, le preguntó. “Es que ahora soy Director General de la Releche”, se enorgulleció el otro. “Pues ni tú podías haber llegado más alto, ni la Junta de Andalucía haber caído más bajo”. Así se las gastaba mi padre. Por eso, de haberlo intentado, no habría tenido mucho éxito medrando en política, porque nunca tuvo la habilidad del adulador que espera su recompensa. Pero otros mucho sí, otros muchos han sabido navegar en las turbulentas aguas del medro con más ánimo de satisfacer una ambición personal que deseo de servir al colectivo. Como el maestro pileño José Antonio Viera, que fue ascendiendo hasta conseguir llevar las riendas del PSOE sevillano y andaluz en la primera década del siglo. Ahora estamos viendo su altura moral y profesional.

     Decía Platón que a gobernante debía llegar aquel que menos interés tuviera en serlo. De lo que aquí estamos saciados es de lo contrario, de Zaplanas que han venido para forrarse o para beneficiar a quien a la postre los forraría. Son muchos los que han medrado y conseguido lo que ansiaban a la sombra del PP o del PSOE, dependiendo del feudo, como nuestra querida Presidenta, de oficio insondable e ideología incierta, peso pesado del partido sin haber demostrado su valía en ningún trabajo, ni haber vencido en elección alguna. Otro tanto podemos decir del Partido Popular en España y las Comunidades que gobierna, de CiU en Cataluña y el PNV en el País Vasco. Ana Mato y Fátima Báñez, dos buenos ejemplos de mediocridad casposa e incompetente. El propio Mariano Rajoy fue elegido sucesor del César por su docilidad y sumisión, no por su valía.

     Pregunté el otro día a un amigo socialista cuáles eran las virtudes de Susana Díaz y me contestó que era una socialista hecha desde dentro, que había mamado partido desde la adolescencia. Más bien del partido, diría yo. Me echo a temblar si ésas son las virtudes reseñables en un alto cargo. Aguirre, Acebes, Blanco, Michavila, Zaplana…, larga lista es para plasmarla. No es tal el caso de que personas señeras de cualquier profesión realicen temporalmente una función política para cumplir una misión, sino personas que no han demostrado nada en sus distintos campos y llegan para dirigirlos; y da igual si es en Defensa, Educación, Salud o Economía, que valen pa un roto y pa un descosío. Jamás apostaría yo por alguien que en su trabajo no se dejara el alma, porque el que es mediocre aquí lo es allá. Veremos qué pasa con Podemos y toda la gente que está entrando. Me alegro de que no apuesten por las Municipales, porque necesitarían tantas personas que sería un coladero. Aun así, ya veo nombres que me producen tremenda desconfianza.

     No estamos hablando del Principio de Incompetencia de Peter, o máximo nivel de incompetencia, según el cual el trabajo bien hecho permite al trabajador promocionar hasta ese puesto para el que ya es incompetente; ojalá. No lo es porque muchas de estas personas que ascienden y ocupan altos puestos en la Administración no han demostrado nunca nada; y si han tenido un trabajo, sus preocupaciones y desvelos han ido por otros derroteros.

      Por otro lado, creemos que su inteligencia, preparación y altura los han llevado a los cargos que ocupan, pero sucede al contrario: ocupar dichos cargos, y un mucho de maquillaje, los hace parecer inteligentes. Es bien cierto que no todos los que ocupan altos cargos en la Administración son unos mediocres, pero la estructura de nepotismo y clientelismo que hemos heredado de épocas pasadas –que no se ha hecho nada por cambiar- ha supuesto el estancamiento del díscolo que muestra verdades incómodas y el ascenso del adulador que juega al juego de ya-te-pagaré-el-favor.

    Existe, no obstante, el caso contrario. Antonio Maíllo, actual coordinador general de IU en Andalucía, ha dirigido admirablemente el instituto de Aracena durante muchos años. También Luis Alberto de Cuenca había demostrado su grandeza como poeta y como erudito antes de hacerse cargo de la Biblioteca Nacional en tiempos de Aznar. Y muchos otros hay. No es justo, por tanto, negar su valía a todo aquel que acceda a un alto cargo, ni a la vida política.

     Dice Alfonso Guerra en sus memorias que es apócrifo, que él nunca pronunció la frase “el que se mueva no sale en la foto”. Sin embargo, la realidad es ésa; y él, como Secretario de Organización del PSOE en la época de crecimiento y asentamiento del partido, algo habrá tenido que ver. Nítida se muestra esta sumisión de los políticos a los partidos con aspiraciones reales a gobernar el Estado o las Comunidades cuando deben votar leyes o acciones controvertidas. Las fisuras son inaceptables. Más inquebrantable se ve esta adhesión a posturas monolíticas en el Partido Popular: homosexuales que apoyan acciones o ideas que van en contra de su propia esencia, mujeres que aplauden visiones que denigran a la mujer, Montoros que ríen y aun auspician los insultos hacia sus representados andaluces…

      En las Elecciones Generales y Autonómicas deberían aunar todas las papeletas en una sola que contuviera el nombre de todos los partidos, para que éstos luego se encargaran de nombrar a quienes quisieran, según los escaños obtenidos. Total, qué más da, si acabarán pensando, diciendo y votando lo que ordenen los aparatos. Al menos, así ahorraríamos papel.

     Pero en esta concepción de la Política hay un error de base de nefastas consecuencias: si los que rodean a quien lleva las riendas de un departamento callan, obedecen y guardan para sí sus opiniones críticas, si la oposición se ve obligada a criticar incluso estando de acuerdo y, por tanto, sus opiniones han de ser rebatidas y nunca aceptadas, ¿cómo puede saber quien gobierna que se está equivocando, que recorre tenaz la senda del abismo?

      No es un problema que afecte sólo a la clase y estructura políticas, sino de más amplia y profunda raigambre. En España el café y el pasillo producen más rédito que el flexo y el estudio, saberte vender, más que hacer las cosas bien, agachar la cerviz, más que hacer crítica constructiva, tener amigos y padrinos, más que una buena preparación. ¿Cuántos profesores han entrado en la universidad dejando fuera a otros de mayor valía, aprobados sólo porque habrían de ser más dóciles o caían mejor? ¿Pensáis que en los institutos tienen más problemas los peores profesores o los menos interesados? Salid de vuestro error.

     Me pregunto hacia dónde se dirige un país cuyas estructuras sociales y políticas se basan más en la sumisión y el clientelismo que en la excelencia, más en los actos para salir del paso que en el trabajo bien hecho, más en el corto que en el largo plazo, en el rédito político inminente sin visión de futuro.

Fernando Rivero García

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Citas previas rápidas 02/05/2015 18:15

Buen artículo, lo e disfrutado leyendo y estoy de acuerdo contigo.

érigiré 01/18/2015 18:32

Me ha recordado tanto a mi último artículo publicado y estoy tan de acuerdo con tu opinión, que no puedo más que invitaros a visitar:

http://clubdelosnoalienados.blogspot.com.es/

Luis 11/13/2014 10:23

Efectivamente, ése es uno de los más graves problemas de nuestro país y contra él sólo hay una solución doble: denunciar y predicar con el ejemplo. Creo que tú lo estás haciendo. Enhorabuena.