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Progresistas, conservadores y liberales - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Progresistas, conservadores y liberales

     Finalizando un trimestre el curso pasado, un alumno de 2º de Bachillerato, confundiendo las churras con las merinas, me echó en cara que bajo mi apariencia liberal se escondía una persona totalitaria, porque les anuncié medidas si faltaban injustificadamente después de la evaluación; como si la seriedad en el trabajo fuera exclusiva de ciertas tendencias e ideologías. Yo me limité a pedirle que no volviera a llamarme liberal, que reservara ese adjetivo para Esperanza Aguirre y sus acólitos.

      Aquella conversación me llevó a reflexionar acerca de cómo se ha tergiversado el significado de algunas palabras, hasta el punto de haber perdido éstas su esencia o, peor aún, referirse a conceptos contrarios a aquellos para las que fueron creadas.

     Antaño, la palabra liberal hacía referencia a personas de mente abierta que apostaban por la libertad individual. Sin embargo, ahora los liberales son aquellos que creen en el mercado libre, por no decir descontrolado –que, según dicen, se controla a sí mismo-, en el comercio sin ataduras y en el sálvese quien pueda, y el que no pueda, que se quede sin derechos ni prestaciones, liberales para quienes son únicamente las grandes empresas las que deben gozar de libertad; libertad para contratar y despedir trabajadores a su antojo; libertad para comerciar en cualquier parte del mundo y tributar en paraísos fiscales; libertad para fijar el precio de compra de las materias primas, aunque eso signifique llevar un país entero a la ruina, como es el caso del café o el cacao en América…

 

     Recuerdo que en aquella época en que aún éramos altos, rubios y ricos y nos dirigía SuperVal, ese prohombre vallisoletano, lo más difícil en las negociaciones para ir juntos a las manifestaciones contra el terrorismo era la inclusión o no de la palabra libertad. Sí, debió de ser muy difícil la vida para los políticos del PP y del PSOE en aquel tiempo, pero resulta obsceno el uso del término libertad por parte de aquellos que jamás han creído en ella, los mismos que ahora quieren parir la degradante Ley de Seguridad Ciudadana movidos por el miedo a la opinión del Pueblo y a que las protestas de éste puedan suponer un obstáculo a sus desmanes. Libertad, proclamó el tirano. También Franco llamó a su régimen democracia orgánica, signifique eso lo que signifique.

     Ejemplos curiosos de estos cambios aberrantes de significado son los conceptos políticos de conservadores y progresistas. Paradoja demencial, son los conservadores -los liberales- los que apuestan ciegamente por el progreso, una entelequia que nada tiene que ver con cambios en la forma de pensar que redunden en seres más solidarios y justos, que apuesten por la equidad y la re-humanización del ser humano, por las garantías y los derechos esenciales de las personas. El progreso que nos venden como única forma de vida posible no busca destruir las relaciones sociales viciadas, sino acrecentar las desigualdades y está basado en el consumismo feroz que sustenta este sistema injusto. Para ellos el único progreso aceptable es el que favorece a las grandes empresas, haciéndoles ganar más dinero cada año, a pesar de que ello suponga la destrucción del planeta. Es una espiral sin fin: si cada año necesitan ganar más, tendrán que vender más productos, fundamentalmente hechos de plástico, y con ello destruir más. Por eso creo que el capitalismo está acabado, porque si no acaba, será el planeta tal como lo conocemos lo que tenga los días contados.

     ¿En qué son conservadores, pues? En el mantenimiento de unas estructuras sociales que los benefician plenamente, pues propician las desigualdades y ellos están en el lado dulce de la sociedad; en el sostenimiento de una religión subyugante a la que poco queda ya de las tesis y la filosofía de Cristo. Si éste renaciera, me temo que sería otra vez crucificado por subversivo, y su Iglesia no andaría muy lejos de los clavos. “Fuera del templo de mi padre”, dijo a los fariseos. ¿Que por qué existen personas conservadoras en el lado de los desfavorecidos? Ah, no sé. Ni me corresponde ni sabría contestar esa pregunta.

     Son los llamados progresistas, por el contrario, los que buscan conservar el medio ambiente y con ello la calidad de la vida en el planeta, defendiéndolo de las agresiones a las que minuto a minuto se ve sometido, y proponen una forma de vida alternativa, porque otro mundo es posible, un mundo en el que reine la equidad y la igualdad de oportunidades, que respete la Naturaleza y la legue, no como la heredamos, sino mejor.

 

Fernando Rivero García

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Luis 10/03/2014 11:33

El problema de las etiquetas es lo limitado de su alcance y la facilidad para que sean manipuladas desde arriba. Una designación puede nacer con buenas intenciones y acabar siendo desastrosa, como creo que le ha ocurrido a "progresismo". Desde luego es evidente que ahora todas las formas de Poder lo son, porque anulan sistemáticamente el presente en los altares de ese progreso o futuro.
Las etiquetas de "izquierda" y "derecha" no son menos ambiguas: aquí parece que tenemos claro qué significan, pero nuestros argumentos no nos servirían en un país centroafricano, por ejemplo. Yo hace tiempo que tengo claro que derecha es toda formulación o plasmación política del egoísmo: libertad para conservar el status quo que beneficia a la clase política de turno. En España la derecha ha estado vinculada, al menos desde el siglo XIX, a lo que luego llamaron "nacional-catolicismo", y ahí sigue estando; en la antigua Unión Soviética (como me temo que ahora en Cuba), al aparato del Partido Comunista, que había nacido con clara vocación de izquierdas.