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Referéndum - Prometeo Liberado

Publicado por F.R.G.

Referéndum

          De cuantos he escrito, el artículo que más controversia ha suscitado ha sido Rompiendo una lanza, texto en el que hacía una crítica a la Monarquía como institución arcaica y obsoleta sustentada en razones indefendibles en nuestro tiempo, pero al final hacía un encomio de la figura de Juan Carlos I, lo cual se me criticó con vehemencia.

        Hoy, algo más de un año después, me temo que he de renegar de la última parte del artículo, si bien sigo sintiendo simpatía por los reyes. El sentimentalismo a veces nos juega malas pasadas. Escribí aquel texto porque me asqueaban ciertos comentarios soeces acerca de Juan Carlos, quien, aun habiendo cometido graves errores, no creo que merezca que cualquiera pueda vilipendiarlo. Ahora pienso que el rey debe estar tan sujeto a las críticas como cualquier otro político, pero debemos dejarnos de esas moralinas que subyacen en muchos de los comentarios que se leen.

         En estos días vengo sintiendo vergüenza propia y ajena al ver esos programas de las grandes cadenas de televisión con los que se intenta lavar la imagen del anterior monarca, reportajes que presentan una familia unida, un rey magnánimo y un príncipe tan bien preparado que ni siquiera necesita opositar para el puesto; la plaza es suya de por vida porque no hay ni habrá nadie mejor que él. Me irritan porque insultan nuestra inteligencia. Si de lo que se está tratando es de algo tan serio como la Jefatura del Estado, no debemos apelar a los sentimientos ni a la sensiblería de lágrima fácil. Lo que está en juego es el régimen que queremos para este país, que es algo de calado bastante más profundo.

        Estas semanas de atrás España ha parecido republicana y la Monarquía ha venido pasando quizá su peor momento, con muchos ciudadanos olvidados de lo que ocurrió en la Transición, otros que son desconocedores de lo ocurrido, al menos en carne propia, y otros que piensan que el responsable de aquello fue el Pueblo. No discrepo de esta última visión, pero, al César lo que es del César, no creo justo menospreciar la tarea de Juan Carlos y de los políticos de la época. “Hicieron lo que la gente quería”; bien. “Podrían haber hecho más y mejor”; por supuesto. “Una política distinta habría supuesto para el Borbón un reinado breve”; de acuerdo. Sin embargo, él lo hizo. Podría haber elegido el camino dibujado por el dictador, pero cambió el rumbo. Eran planes diseñados por otros países y poderes, Estados Unidos por ejemplo, pero considero injusto infravalorar el papel de Juan Carlos como punta de lanza en el camino hacia la Democracia. Distinta cosa es que no nos guste el sistema capitalista y bipartidista que se quiso para España, en el que los políticos son verdaderamente la voz del Pueblo durante quince días cada cuatro años; y con la boca pequeña.

        Como antes he dicho, no obstante, la configuración que queremos para el Estado no debe estar influida por los sentimientos: si Felipe es guapo o esbelto, o incluso si está bien preparado. Ni siquiera nos debe importar que Juan Carlos haya tenido hace varias décadas un papel relevante en la política del país. La Monarquía no debe llevar asociado un cheque en blanco.

      Vivimos un tiempo de efervescencia republicana. Es lógico; si eso no sucede tras una abdicación, ¿cuándo lo hará? La Monarquía Parlamentaria está diseñada para ser garante de la concordia y el diálogo, mediadora en la disputa política, sin más poder que el honorífico. Para ello nombramos a una persona por su… -ahí las razones me bailan- y luego a su hijo, y luego a la hija de éste. Y si vienen Carlos II o Fernando VII, nos fastidiamos. Es una institución en la que debemos creer por la fe, porque por la razón se me antoja difícil.

          Sin embargo, la Izquierda debería ser más reflexiva y realista, más versada en cuestiones políticas para no pensar que un advenimiento de la República otorgaría súbitamente el poder al Pueblo. Si llegara, el Presidente elegido democráticamente pertenecería sin duda a uno de los dos grandes partidos, presumiblemente al mismo que el Presidente del Gobierno, es decir, más poder para los mismos pero sin el arbitraje de una persona imparcial dentro de la batalla partidista.

         Añoramos el tiempo pasado y nos sentimos en deuda con aquella que murió recién nacida, la que no pudo ser y está, por tanto, idealizada. Esa atracción provoca que asociemos República e Izquierda, lo cual está muy lejos de la realidad. Repúblicas son Estados Unidos y Francia, Italia y Grecia, Alemania, Rusia y China, la mayoría de las dictaduras de uno u otro signo. No vamos a resucitar a Manuel Azaña ni a Giner de los Ríos, no van a volver los del ‘27 porque restablezcamos la República. Más bien, daremos alas a personas como Aguirre para trepar a la Jefatura del Estado. ¿O damos por hecho que tras un referéndum y una bandera tricolor victoriosa sería Jefe del Estado alguien de Izquierda Unida o de Podemos? Seguid soñando. Estoy convencido de que uno de los que más celebrarían la instauración de la República sería Aznar, al menos en la intimidad.

       En España, donde no se ha intentado cerrar las heridas de la guerra ni devolver el buen nombre a los muertos, tenemos una visión muy poco realista de esa institución, pues la observamos desde el prisma de la nostalgia, añoranza de tiempos épicos pasados. No se nos olvide, sin embargo, que el país, Europa entera, estaban al borde del baño de sangre, como sucedió después, y que veníamos del reinado de Alfonso XIII, que hizo bastante más mal que bien. La República fue fuelle y respiro de ilusión y entusiasmo: habíamos echado al rey conchabado con el dictador Primo de Rivera y con las fuerzas vivas de la reacción más rancia. Pero ni las épocas son las mismas -¿quién espera épica estos días?-, ni los problemas que afrontamos, ni es justo comparar al abuelo con el nieto. En la actualidad, la Monarquía está incapacitada para solucionar las dificultades que tenemos, porque éstas parten del Capitalismo voraz y la corona es parte del juego, pero lo son igualmente el resto de las repúblicas que nos rodean, y no están, por tanto, más capacitadas. Yo no quiero votar a otro que me fastidie la vida si todo va a seguir siendo mentira. Nuestra lucha debe ser otra y más profunda. Ésta no es la mía. Tengo claro que en un eventual referéndum me abstendría o no iría a votar porque cambiar la Jefatura del Estado no supondría ningún avance contra la subyugación. A mí, simplemente me da igual Málaga que Malagón.

       Aborrezco la bandera roja y amarilla por sus lamentables connotaciones históricas. Bien habrían hecho durante la Transición en buscar nuevos colores. Tampoco las estructuras básicas del Estado han cambiado con respecto a las de la dictadura. Pero veo la resurgida tricolor y tampoco la siento mía. Al final va a resultar que no tengo bandera.

 

Fernando Rivero García

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Caries Dental 01/13/2015 20:03

Un gran error es poner la bandera tricolor como la republicana indiscutible...

Tiradas 12/30/2014 19:58

Para mi el gran error es poner la bandera tricolor como la republicana indiscutible, la primera república no era tricolor. Causa más rechazo y mucha gente no se vería representada por ella.

H; 06/27/2014 11:20

Vaya, parece que se me ha ido la mano. ¡Perdón!

Fernando Rivero 06/29/2014 22:59

Totalmente de acuerdo.

Luis 06/27/2014 15:07

No pidas perdón por tan buenas palabras.

H; 06/27/2014 11:18

Bien haces en mezclar en tu artículo los sentimientos con el análisis racional ya que ambas cosas forman parte de la política. Si olvidamos el poder de lo simbólico cometeremos el error de no entender la sociedad que pretendemos cambiar o, más modestamente, sobre la que queremos influir. Y es ésta una equivocación muy común entre "la izquierda", que confunde lo que cree que debería ser con lo que es.
Después de ver la escasa respuesta popular en las manifestaciones en favor de la República, estoy convencido de que si hubieran hecho un referéndum la mayoría de la gente hubiera votado a favor de mantener la Monarquía. Lo cual hace que parezca todavía más incomprensible que no hayan convocado el referéndum. Y digo parece porque si lo pensamos despacio, y ahí entra a jugar lo simbólico, la fuerza de la Monarquía radica en el grito "el Rey ha muerto, viva el Rey", o sea, en la negación del vacío de poder, en la tradición natural, predeterminada y directa de ese poder. Y eso es incompatible con cualquier tipo de autorización o consulta interpuesta.
También estoy contigo cuando dices que en España se ha producido una idealización/demonización de la República, cuya idea ha sido tan acaparada por "la izquierda" como la idea de España por "la derecha", de forma que cuando se habla de instaurar la República empieza a flotar en el ambiente aquello de "España es una República de trabajadores de todas las clases" (bueno, hoy sería algo como "El Estado Español es una República de personas trabajadoras") y nos olvidamos de ese pequeño detalle de que Estados Unidos, Francia, Rusia o Alemania son también Repúblicas, sin que por ello sean más "de izquierdas" que nosotros.
Sin embargo, Nando, creo que el debate Monarquía o República es sólo una pequeña parte del debate. El problema al que se enfrenta Felipe VI es que la institución que él encarna ha sido un actor importante en el proceso de podredumbre moral que hemos sufrido. Y no sólo porque el cuñado, y la hermana, hayan tenido "malas juntas", sino también, y fundamentalmente, porque la Corona no hizo uso de su poder para advertir de los peligros y denunciar los desmanes; nunca reclamó la vuelta a una ética en los asuntos públicos. Y me temo que no lo hizo porque formaba parte del juego.
Por eso, creo que el debate Monarquía-República se enmarca en un debate más amplio, en un proceso constituyente que dé como resultado una nueva forma de concebir el Estado y la relación de la gente con los poderes del mismo. No se trata de cambiarlo todo para que nada cambie (¡Gracias Giuseppe!), no se trata de quitar a Felipe para poner a José María, se trata de reconstruir las estructuras de poder de este país sobre otras bases. No se trata de cambiar los colores de la bandera, sino de cambiar el país al que representan.
Feliz Verano!
P.D.: En cuestiones de banderas, como en tantas otras, hago mías las palabras de Extremoduro: "las banderas de mi casa son la ropa tendía"