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El poder del pueblo - Prometeo Liberado

Publicado por Luis Rivero García

El poder del pueblo

     En estas últimas semanas un sector importante de nuestros políticos está que trina, y sólo la inminencia de las elecciones los contiene de poner por fin pie en pared y dejarnos las cosas bien claritas. Y no es para menos.

     Porque, a fin de cuentas, ¿quién tiene la representatividad legítima de la voluntad popular? ¿Quiénes han concurrido ante los electores y han adquirido con ellos un compromiso para una legislatura? Ellos. Siendo así, ¿a qué vienen estas plataformas cívicas, iniciativas colectivas, manifestaciones inacabables, acampadas urbanas y, para colmo, esta incontrolable tribuna de internet, desde la que cualquiera parece querer dar voz al pueblo? El reciente asesinato de una destacada política de León y los comentarios insensibles, cuando no directamente salvajes, de muchos intervinientes en la red han hecho saltar todas las alarmas y el Sr. Ministro del Interior, siempre tan celoso del orden, ha sido comandado para atajar el asunto.

     A ver si nos enteramos de las reglas del juego. Sí, es cierto que se dijo que tras la muerte del dictador se entregaba el Poder al Pueblo según ese invento, apenas degustado en España, de la “democracia”. Se dijo eso, como también se dijo que nos representaría y defendería un Partido, el “Socialista y Obrero”, que no alcanzó ninguna de ambas metas por imposibilidad factual o por propia ineptitud (en el caso de algunos, incluso, por falta de convicción); o bien el “Popular”, que no había tenido esa vocación prioritaria ni siquiera en su período constituyente. Pero, ¿qué quieren? La Democracia, tal como hoy se lleva, implica esas concesiones al márquetin: la clase política tiene derecho a utilizar las palabras en propio beneficio y en manifiesto perjuicio de los gobernados sin que en ello haya atisbo de engaño, pues los gobernados – dicen – siempre conservan el legítimo derecho a no apoyarlos con su voto. Lo que la Ley, la Ley Democrática, no consiente es que cada cual vaya por ahí diciendo lo que le parezca, pues así se corre el peligro de que alguien diga verdades que puedan calar en las entretelas de la gente. Y eso, de ninguna manera: si hay que decir barbaridades, disparates y hasta insultos, que sea ordenadamente y bajo control, esto es desde los Medios de Formación de Masas (¡ay del Cuarto Poder, qué mayúsculas tan grandes nos ha acabado gastando!), debidamente adquiridos mediante compra privada o con dinero público (igualmente privada).

     Y respecto de la “voluntad popular”, debe quedar claro que los electores tienen plena libertad para elegir... entre una oferta limitada, muy limitada, tanto como dos partidos en alternancia. No es casual que las antagónicas cúpulas de los dos Partidos más grandes sólo hayan conseguido ponerse de acuerdo para sentar las bases de un bipartidismo tranquilizador. Y ahora, cuando la desazón de las gentes aún fieles al voto parece poner en peligro ese sistema de dos grandes partidos con dos puntales oportunos (y oportunistas) para momentos de necesidad (CiU, PNV, ahora menos fiables que nunca), hete aquí que vuelven a salir de sus covachas algunos “Altos Representantes del Poder”, indisimuladamente espoleados ya por los mandatarios económicos, proponiendo esa Gran Coalición que haga imposible ninguna otra experiencia de gobierno.

     Al fin y al cabo, la regla de oro viene a ser ésta: “La Democracia soy yo, porque represento al Pueblo”. Así lo dio a entender un eximio Presidente de Gobierno, que calificó como “antidemocrática” una huelga general de amplio respaldo por estar dirigida contra su gobierno, “democráticamente elegido”. Con el mismo argumento otro eximio Presidente desautoriza las manifestaciones “de una minoría” y pierde los nervios cuando éstas apuntan sus índices acusadores contra el Congreso de los Diputados, “sede de la representación del Pueblo”, pues no se puede poner en evidencia el propio Sistema.

     En un libro antológico cuya lectura frecuento de forma recurrente, J. Perich lo decía así de claro, ilustrando sus palabras con las figuras de dos tipos con chistera y habano, naturalmente malencarados, que compartían este pensamiento (Autopista, Barcelona 1970, p. 42): “Lo importante es que la mayoría sea silenciosa. De que además sea sorda y ciega, ya nos ocuparemos nosotros...”. Sí, el Perich tenía mucha gracia, y ésas eran las cosas que encendían el espíritu de algunos cuando el dictador aún estaba en el Poder...

      ¿Y ahora? ¿Se han preguntado por qué la sustancia de las cosas ha cambiado tan poco? Uno de los libros de referencia del Sr. Ministro del Interior (como de otros muchos políticos de nuestra Democracia) no es Autopista sino Camino, obra de San José María Escrivá: leyendo lo que contienen sus páginas ¿puede alguien sorprenderse de que quienes comulgan con ello defiendan esta modalidad de Democracia? O bien, recordando una y otra vez que el partido que hoy gobierna sigue apoyando (pues se niega explícitamente a condenarlo, como la Izquierda Abertzale las acciones de ETA) el golpe de estado militar que derrocó el gobierno constitucional, ¿alguno de ustedes sigue sorprendiéndose de sus modos de hacer política, con ese regusto chulesco de “puños y pistolas”? O en fin, si no olvidamos que el primer logro del Márquetin Democrático consiste en hacer pasar por compatibles dos cosas antagónicas como pueblo y Poder, entenderemos que lo único que nos queda es la acción basada en la palabra, y que cuanto más efectiva sea nuestra lucha verbal más enconadamente opuestos a nosotros tendremos a los Sacrosantos Representantes del Poder del Pueblo. Desde esta tribuna los estaré esperando.

 

Luis Rivero García

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lola García 05/27/2014 21:37

Por primera vez en mi vida no he ido a votar. Me siento harta, desilusionada,defraudada y engañada. Alevosamente engañada. Nos han estafado; nos están estafando a todos. Y no sólo en lo económico, (que también y mucho y con altanería, desvergüenza y desfachatez).Están matando las ilusiones, las aspiraciones y la vida de muchas personas.Yo no sé si ese Dios al que ellos se agarran les perdonará. Yo no, desde luego. Y a mí no me representan. Ni a mí ni a tantos otros.

Antonio 05/22/2014 14:50

Llevaba años votando en blanco. Ahora votaré en contra de los dos mayoritarios, pero me temo que, sin una revolución real, un cambio de verdad sea posible.Que yo recuerde, nunca se ha mostrado con tanta obscenidad el poder económico y su esclavo, el poder polític.

Fernando Rivero García 05/22/2014 17:36

Verdad dices. Nunca tan evidente ni con tanta desvergüenza. El problema ahora es que da igual lo se haga o diga: no pasa nada. Yo, como suelo, no pensaba votar, pero sí lo voy a hacer en contra la de Coalición y del Imperio, por sí sirve de algo.