contador de visitas
>Licencia de Creative Commons
This obra by Fernando Rivero García is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.
Divorcio - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

Divorcio

     España ha experimentado un cambio innegable en los últimos treinta años. En algunos casos ha sido negativo, pero en otros ha significado una evidente mejora en la calidad de vida y las relaciones personales de la gente que aquí vivimos. Uno de esos cambios positivos ha tenido que ver con las mujeres, si bien aún queda mucho por andar. Podemos pensar que el nuestro sigue siendo un país machista –y no nos faltará razón-, pero si echamos la vista atrás, veremos que esa generación de mujeres que tiene ahora entre setenta y noventa años fueron educadas para vivir a la sombra de un marido omnipotente y a lo más que podían aspirar era a ser esa gran mujer que hay detrás de cada gran hombre, ese bello florero cuya misión en el mundo era ser la reina de su casa, sin el menor reconocimiento a su trabajo, siempre en un segundo plano. Si una mujer fumaba o bebía, lo mínimo que se pensaba de ella era que tenía vocación de lupanar. ¿Trabajar? Sólo bien visto para las pobres solteras y sólo en determinados puestos subordinados. ¿Estudiar? ¿Para qué? Lo que tenían que hacer era buscar una buena boda, incluso las universitarias, y hacerse así emperatrices de una casa mejor. Eran tiempos en que el adulterio en los hombres era considerado un asunto congénito y, por tanto, poco censurable, quizá incluso prueba del poderío del macho español, y en la mujer tenía pena de cárcel, la cacho guarra, tiempos en que ella no podía abrir una cuenta bancaria ni inscribir una pequeña empresa sin el beneplácito firmado del marido. Es muy significativo que en las bodas el padre de la novia sea quien la entregue al futuro marido.

     La situación fue cambiando, pero cuando Suárez promovió la Ley del Divorcio, aprobada con Calvo Sotelo en 1981, el sexo femenino seguía siendo considerado el sexo débil. Hoy en día nos ruborizan expresiones como ésta. El matrimonio, aquello para lo que las mujeres habían venido al mundo, ya podía tener una vigencia menor que la propia vida y era lógico que la ley amparase y protegiese a la más débil, aquella que no había tenido posibilidad de estudiar ni trabajar, cargada probablemente con tres o cuatro hijos, la que lo había dado todo a cambio de muy poco. Era una ley machista acorde con los tiempos machistas que se vivían.

    Sin embargo, en la actualidad las cosas son afortunadamente muy distintas, aunque haya gente que siga viviendo en el Neardental. El cambio viene dado fundamentalmente por el acceso de la mujer a los estudios y al mundo laboral. Creo, de hecho, que el futuro es suyo, pues son ellas, y no ellos, las que con más ahínco están aprovechando las oportunidades que sus abuelas no tuvieron. No sería justo no mencionar la labor del Estado a favor de la igualdad, más en la Enseñanza que en el trabajo. Con respecto a las parejas, la equidad es imposible si no hay independencia económica y no habrá libertad en ese caso para ninguno de sus miembros.

     Pero la ley del Divorcio, o lo que es peor, la interpretación que hacen los jueces de la misma, no parece haberse adecuado en muchos casos a esta nueva situación y se dictan sentencias injustas. Para empezar, en muchas parejas de ahora, con ambos miembros trabajando (aunque la crisis está haciendo estragos), los hombres se encargan de los hijos tanto como las mujeres. ¿Por qué es, pues, la mujer quien obtiene en la mayoría de los casos la custodia y él, un pobre régimen de visitas? Es injusto que ese padre que se ha volcado en la crianza y educación de sus hijos se convierta en el hombre que viene de vez en cuando. ¿Por qué privar a un niño de su padre?

     Más o menos abiertamente, lo que subyace es un asunto económico: quien se queda con los niños se queda con todo. El acceso a la vivienda es uno de los grandes problemas que afrontamos hoy en día, doble problema para muchos hombres divorciados, pues deben seguir pagando aquella en la que viven sus hijos, su ex-mujer y quizá la nueva pareja de ésta, y buscar otra casa para él. Como dice un amigo mío, pasar la pensión alimenticia no es sólo un deber que tiene el padre, sino también un derecho. Es decir, viva con ellos o no, quien se encarga de mis hijos soy yo. ¿Pero, cuánto gasta un niño? Ni de broma lo que las sentencias dictaminan. Sobre todo porque si pasa a tener dos casas, tendrá que tener ropa, juegos, comida, etc. en ambas. Además, si una familia tiene un determinado estatus económico, al romperse la unidad familiar, dicho estatus ha de cambiar para todos y no sólo para una parte. Se está dando el caso de parejas que tienen dos sueldos y tras el divorcio ella vive holgadamente y él está más tieso que una vela. Del mismo modo que me parecen despreciables los hombres que no cumplen con todas sus responsabilidades con la familia que dejan atrás, no comprendo qué tipo de persona es la que permite que aquel con quien ha convivido viva con estrecheces o con la lacra emocional de no estar con sus hijos el tiempo necesario. Excluyo de esto, por supuesto, a los maltratadotes, que no se merecen ni el agua que beben.

      Hasta ahora lo he planteado sólo desde el punto de vista económico, pero no es el único, ni tiene por qué ser el principal. Está muy aceptada la idea de que el padre que pierde a sus hijos gana libertad, porque los hombres, según dicen, somos así, desarraigados por naturaleza. Sin embargo, no hay razón legal ni moral que sustente que el hombre tenga menos derecho que la mujer a estar con sus hijos, cuidarlos, educarlos, instruirlos…, es decir, seguir dándoles el cariño que les dio mientras convivía con la madre. Es un derecho que muchos hombres se han ganado a pulso, porque han compartido las responsabilidades a partes iguales, y privarles del mismo es una medida injusta poco acorde con nuestro estado de derecho.

    Al parecer, los jueces en los últimos tiempos están apostando por la custodia compartida, decisión lógica además de justa, porque si lo que se busca sobre todas las cosas es el beneficio de los niños, los más débiles en este asunto, será deseable que sigan teniendo padre y madre a partes iguales.

Fernando Rivero García

Comentar este post

Elena V. 05/30/2014 13:12

Totalmente de acuerdo en la custodia compartida, el hecho de que nosotras seamos el nido durante 9 meses es un privilegio que nos otorgó la naturaleza , que desde mi punto de vista penalizó al macho, penalizarlo legalmente es una aberración, otra cosa bien distinta es cuando él prefiere que sea la madre la que cargue con la convivencia , que según mi experiencia todavía sucede en muchos casos pero si ambos progenitores quieren compartir es de justicia que así sea.

Luis 05/29/2014 12:53

Comparto contigo la idea de fondo: evitar injusticias, en este caso contra los varones, pero en realidad no comparto tu optimismo sobre la evolución del matrimonio. El matrimonio fue, es y será la institución básica, fundamental, el cimiento de la sociedad patriarcal (o "machista", si lo prefieres), y todo lo que se quiera edulcorar será para bien, pero no será sino maquillaje, nunca estructural. No nos extrañemos, pues, si la respuesta postmatrimonial sigue siendo machista.
Por cierto, lo de "maltratadotes" no sé si ha sido un lapsus calami o un lapsus mentis: fundirse la herencia de la mujer no me parece tan terriblemente execrable, ¿no? Hay tantos y tantos que viven de gorra...