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22-M - Prometeo Liberado

Publicado por Fernando Rivero García

22-M

       Ya no existe el pudor. En este país la desfachatez se ha apoderado de todos los órdenes y niveles, más desvergonzados cuanto más altos, y la mentira campa a sus anchas, sabedora de que ha venido para quedarse, para fortalecer día a día su sólido imperio. ¿Qué podemos esperar de unos individuos que utilizaron el mayor atentado terrorista ocurrido en España para dividir a la población? Reparo no hubo en desamparar a las víctimas y urdir toda una trama falaz por la que se acusaba a adversarios políticos de estar en connivencia con ETA, autora material. Ni siquiera hoy, años después de que los jueces se hayan pronunciado, son capaces de abrazar la verdad y reconocer el engaño; y ello es debido a que la falsedad es su leche nutricia, la inmundicia que los alimenta y les da calor. Además, de la mentira siempre han obtenido beneficios. Tanto es así y tal es su falta de imaginación que ni se molestan en cambiar de estrategia, buscar otras formas de engañarnos, pues les va bien con las recetas de siempre.

     Creemos que lo que nos cuentan los medios es cierto, basado en profundas investigaciones y sesudas reflexiones, que lo único que cambia es el punto de vista ideológico con que se afronta la información. Eso no es así: el trabajo de los redactores jefes y, por tanto, de sus subordinados, es manipular la información, o inventarla, para crear un estado de opinión proclive a los intereses de aquellos a quienes sirven. Harto de informaciones manipuladas, hace tiempo dejé de ver el Telediario y me niego a leer la mayoría de los periódicos, incluido El País, que ya enseña a las claras su verdadero rostro. Para alguien que, como yo, está fuera del juego, es más fácil ver cómo la mentira se muestra impúdica y qué se hace para revestirla de la imprescindible capa de verdad que la haga creíble.

      El veintidós de marzo decidí ver el Telediario para comprobar qué tratamiento se daba a la información sobre las Marchas de la Dignidad. En el de las tres las Marchas no ocuparon sino un lugar irrelevante, mostrándose planos de grupúsculos aislados y sin fuerza. Ese día, además de la muerte inminente de Suárez, también Ucrania y su gobierno nazi impuesto por EEUU y la UE tuvieron más importancia. Sólo por la noche lo ocurrido en Madrid cobró cierta relevancia informativa, pero no el hecho de que cientos de miles de españoles venidos de todos los rincones se manifestaran por un país mejor, para reivindicar los derechos que la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos otorgan a las personas; lo que mereció una mención especial fue que un pequeño grupo, ínfimo en comparación con el grueso, actuara violentamente contra la policía. Yo no sé si estos individuos, vergüenza de todos, eran policías y derechistas infiltrados –como en tantas otras ocasiones- o manifestantes que no se han enterado de la esencia de estas manifestaciones, en las que se ha pedido que el motor de su fuerza sea la dignidad del silencio. Lo que sí sé es que la táctica cojo-manteca es ya ancestral, gobiernos que utilizan la violencia, propiciada por ellos mismos o no, para deslegitimar las reclamaciones justificadas del Pueblo. Estos violentos me recuerdan al necio que embiste, que tan bien definió Machado en sus Proverbios. No obstante, me pregunto si no es más violento no poder dar de comer a tus hijos, no esperar que reciban una educación de calidad o que se curen si enferman. Hay una violencia soterrada menos visible que los actos vandálicos, pero de mucha mayor intensidad y duración.

     Ya han vuelto a arrimar el ascua a su sardina, ya han conseguido desacreditar a quien lucha por sus derechos, pero están obviando una de las reglas básicas de la democracia: las fórmulas legalmente establecidas para las protestas y las reclamaciones del Pueblo son las huelgas y las manifestaciones. Si el gobierno demoniza las actuaciones legales y legítimas de los que no están de acuerdo, si las manifestaciones pacíficas no tienen valor para ellos, a las personas sólo nos queda la violencia. Están tensado tanto la cuerda que un día se ahorcarán con ella.

       Las Marchas por la Dignidad significan que el Pueblo por fin se ha puesto de acuerdo, que los diferentes grupos que se han ido creando han hallado ese necesario punto de encuentro y han sabido apuntar hacia el Enemigo real. Dada la cantidad de personas que se han concentrado en Madrid, dada la ingente multitud que los apoya desde la retaguardia, aunque no hayan ido, dado el nivel de civismo que han mostrado, digan lo que digan los corruptores de la verdad, podemos considerar el veintidós de marzo un momento clave para la Historia, el éxito rotundo del Pueblo contra el Poder, éxito porque se ha dejado ver y por fin ha mostrado sus armas, que no son otras que la razón y la dignidad.

       Si el quince de mayo de dos mil once fue el día en que todo empezó, el día en que la ilusión volvió a correr por nuestras venas, el veintidós de marzo de dos mil catorce significa la consolidación de la lucha y la unión de las diferentes propuestas. La ocasión la pintan calva y la fruta está ya madura: si muchos grupos sin cabeza visible han conseguido aunar tantas y tan diversas voluntades, la fuerza latente es inconmensurable. La derechona quiere poner un rostro al que apuntar y han buscado a Willy Toledo. Más toscos no pueden ser. Ellos, que no saben vivir sin un líder, no entienden que estamos hartos de narcisismos y en las Marchas es el Pueblo en su conjunto el que ha hablado. No nos olvidemos, sin embargo, que debemos atraer a las personas de mentalidad conservadora, que ellos también son Pueblo y muchos están también muy oprimidos.

      El 22-M es un día para temer y estoy seguro de que el gobierno está absolutamente amedrentado; pero no cantemos victoria, que esto no ha hecho sino empezar y ellos utilizarán su omnímodo poder para acabar con las legítimas aspiraciones del Pueblo. La manipulación informativa será sólo el primero de sus ataques; y no el más dañino. De un gobierno tiránico y absolutista como el que tenemos podemos esperar cualquier cosa.

 

Fernando Rivero García

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Luis 03/28/2014 17:50

He dejado pasar esta semana, a ver qué daba de sí la cosa, y no tengo más remedio que darte la razón. De aquellas movilizaciones prácticamente sólo han quedado los altercados de algunos con la policía, y se da el sarcasmo de que de aquella protesta ciudadana el Gobierno pretende sacar legitimación para promover una ley de seguridad de indisimulado autoritarismo. Mientras tanto, la llamada "oposición" se centra en criticar la organización policial, silenciando a propósito la cuestión de fondo, incómoda para la práctica totalidad de los partidos representados en el Congreso. Aunque no escuchen, al final tendrán que oír.