Blog de educación y de crítica social y política que busca luchar contra la estulticia y falta de sentido común instalados en nuestra sociedad.
31 Octubre 2013
Dicen que donde hay una necesidad humana hay un negocio. Y los que así dicen te cuentan de la fortuna que amasó el que inventó las tiritas para gente negra o del que inventó la cobertura de plástico para los cordones del calzado (del calzado con cordones, claro), sobre cuya utilidad no cabe duda razonable. También se podría poner como ejemplo el invento de la bombilla o el de la cremallera; la bicicleta amada o el malquerido paraguas. Por no remontarnos a la rueda, la polea y la palanca, claro.
Algunos son artilugios sencillos, otros, artefactos más complejos, pero tienen en común su creatividad, el ingenio de quien los ideó, diseñó, construyó y probó. Sin duda, con la intención de hacerse inmensamente rico, para no tener que volver a doblarla, pero también movidos por la curiosidad, por el afán de sacar algo de la nada, al menos de la nada material.
En estos días, que mientras escribo esto la “Comunidad Educativa” (si tal cosa existe o es) está de huelga contra las ocurrencias de Wert, decía que ahora para hacer un buen negocio no hace falta tener mucha imaginación. Hoy los Derechos Fundamentales son El negocio. Así que alguien con dinero de sobra no tiene que quebrarse mucho la cabeza, sólo tiene que leer nuestro texto constitucional para saber en qué sector invertir.
Si la Constitución nos garantiza el Derecho a la Educación (Artículo 27), ellos leen que los colegios concertados o las Universidades privadas (y aun las públicas) con sus grados y másteres son un valor seguro. ¡O qué decir del Derecho al Trabajo! (Artículo 35), cuya relectura dio lugar, en el último gobierno de González, al negocio de las Empresas de Trabajo Temporal. Sí, aquéllas de las que nos prometieron que iban a conseguirnos trabajo a todos y que lo único que han conseguido es que del trabajo de un trabajador obtengan beneficios dos empresarios.
Si no son perezosos, pueden seguir leyendo y llegar al Artículo 43, que establece el Derecho a la Salud, donde ellos ven concesiones de balde de Hospitales construidos con dineros de todos, eso sí, en zonas bien pobladas, no sea que les falte la clientela. Un poco más abajo, el Derecho a la Vivienda (Artículo 47): ¿qué os voy a contar yo (mísero alquilado) que vuesas hipotecadas mercedes no sepan? Un poquito más abajo el Artículo 50 habla de algo que no sé muy bien qué es. Habla de pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas… yo no entiendo una palabra, pero ellos traducen por fondos de inversión, comisiones y “ah, mala suerte, jugamos con su dinero y usted perdió”.
Y así podría seguir, pero como continúe leyendo la Constitución no termino de escribir esto, porque la Constitución se ha convertido en un relato fantástico al estilo Bradbury, de esos que te enganchan, o en panfleto de propaganda de extrema izquierda. Os recomiendo que le echéis un vistazo, porque si exigiéramos su cumplimiento inmediato, seguro que nos meterían en la cárcel por antisistema.
En definitiva, que estamos asistiendo impasibles (o a lo sumo, como diría Wert, de fiesta de cumpleaños en fiesta de cumpleaños) al desmantelamiento de los servicios públicos, y no porque sean ineficientes sino porque hay quien necesita hacer negocio con ellos. Desgraciadamente es una moda mundial, pero España se ha aplicado a cumplir los preceptos de esta moda como alumna aventajada. Acabada la fiesta del ladrillo ahora hay que hacer negocio con los servicios públicos.
No es casual que la reforma de la Administración Local deje a los Ayuntamientos y a las Comunidades Autónomas con el culo al aire. La mayoría de estas competencias son municipales o autonómicas, por lo que, si no hay financiación adecuada, los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas tienen dos opciones complementarias: cerrar los servicios que no son económicamente rentables, y vender los que sí pueden generar beneficios. Se venden con la excusa de que están mal gestionados, pero la verdad es que se venden para sacar dinero con el que seguir pagando nóminas y rotondas.
“El mercado (sea eso quienquiera que sea) lo gestiona mejor” nos dicen habitualmente, incluso en estos tiempos en los que hemos tenido que meter cientos de miles de millones de euros para salvar la buena gestión de los mercados financieros. “El mercado (esté eso dondequiera que esté) usa más racionalmente los recursos y los distribuye mejor” nos dicen los que ocultan los resultados, evitando hablar de la eficiencia del mercado más antiguo del mundo, que no es el del sexo, sino el de la comida. Según la FAO 868 millones de personas pasan hambre y 2.000 millones no tienen acceso a la cantidad mínima de micronutrientes. En un mundo con 1.400 millones de personas con sobrepeso, el 26% de los niños y, sobre todo, niñas está malnutrido.
Esas son las gráficas que deberían enseñar cuando dicen que el mercado y los mercaderes son los más indicados para la gestión de nuestros servicios públicos. No nos dejemos engañar.
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