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15-M - Prometeo Liberado

Publicado por Prometeo Liberado

Concentración del Movimiento 15-M en las Setas, Sevilla.

Concentración del Movimiento 15-M en las Setas, Sevilla.

 

         No obstante lo anterior, hace año y medio nació un movimiento que trajo frescura e ilusión a la izquierda. Paradójicamente, es un movimiento nacido de la desilusión hacia la clase política, personas que ven que el camino emprendido no nos lleva a nada bueno, que se han dado cuenta de que las estructuras políticas se han anquilosado de tal manera que es imposible que nos saquen de la actual situación y los políticos cada vez representan a menos gente.

         Cuando surgió el 15-M me pregunté por qué se estaba tratando de desacreditar tan ferozmente un movimiento que lo único que hacía era poner voz a las ideas de muchas personas, que criticaba la corrupción y el clientelismo político y urbanístico y exigía un futuro mejor, al menos aceptable, para las generaciones jóvenes. La respuesta es obvia y tiene que ver precisamente con la fuerza de este movimiento: no se quieren convertir en partido político. En un país de políticos profesionales como España, un movimiento que no aspira a nada, a ninguna cuota de poder, a ningún escaño, que además pone voz al pueblo, es muy de temer, porque como decíamos con Agustín, no puede ser jamás comprado.

         El Poder tiene dos formas claras y ancestrales de acabar con la disidencia: acallar su voz mediante la cárcel, la muerte, u hoy en día desprestigiándolos o ninguneándolos (para ello sirven los medios de comunicación a su servicio), o bien atraerlos hacia sí, darles alguna prebenda con que mantener su boca cerrada (es el caso de los sindicatos). Sin embargo, el 15-M no se ha dejado comprar, no ha querido entrar en el juego democrático de un voto cada cuatro años con unas reglas marcadas con las que los otros tienen las de ganar, y punto. No; ellos no han entrado en ese juego porque sus dardos están dirigidos contra sus reglas, contra este sistema representativo en el que cada vez hay más personas que no se sienten representadas.

         En principio, uno se debería meter en política porque tiene unos ideales que quisiera llevar a la práctica, tener el poder para llevar a cabo las cosas en las que cree. Sin embargo, el asunto es diferente; no es tengo unas ideas y quiero entrar, sino quiero medrar y me busco unas ideas. Y como entrando en un partido ya las ideas me las regalan, mucho más cómodo. Si no, no se entiende bien el transfuguismo. ¿Cómo puedes cambiar de un partido a otro si fueron tus ideales los que te llevaron a entrar? O bien esta señora mimada por el PSOE en el País Vasco, a quien regalaron Europa a pesar de (o por) haber perdido las primarias en su Comunidad, que crea un partido (¿de centro?, ¿eso qué es?) de ideología indescifrable, ¿no es la cuestión que se ha quedado fuera de juego y allí hace mucho frío? Cada vez que me entero de que un político ha vuelto a su antiguo trabajo por voluntad propia, me inflamo de santa incredulidad.

         El 15-M no exige su cuota de poder, no aspira a ocupar sillones en el arco parlamentario, no busca un trabajo vitalicio sin presentarse a oposiciones, no quiere prebendas, sino tan sólo poner el dedo en la llaga, en las deficiencias de un sistema que vino bien para romper con una dictadura, pero ahora hay que reformar radicalmente, pues los parlamentarios parecen ser más representantes de lobbies que del pueblo que dicen representar.

         Es curioso que los senadores y diputados de los partidos mayoritarios sean votados en diferentes ciudades y regiones y jamás representen a esos lugares. ¿Sabéis de alguno que haya votado en contra de su partido ante cuestiones que iban contra los intereses de la zona donde había sido elegido? No, porque representa a su partido, no a los ciudadanos que lo votaron.

         El movimiento del 15-M no busca poder, sólo decir con altavoz lo que la mayoría no cuantificada de la gente piensa, que estamos hartos de estas estructuras anquilosadas, de esta gran mentira de sistema que nos anima a votar porque nosotros, el pueblo, somos quienes mandamos, pero, aparte de eso, en realidad no somos nada. Nos están haciendo jugar con sus reglas (no las mías) y debemos admitir pulpo como animal doméstico (porque el juego es suyo) y el 15-M ha dicho “yo no juego”, pero tampoco me retiro.

         El movimiento hippy de los años sesenta, al que esta sociedad debe mucho más de lo que reconoce –en libertad, liberación sexual y femenina, nuevas formas de ver el mundo…-, cometió el error de quedarse completamente al margen, no me gusta esto y me voy. Así no se lucha contra el Poder. El nuevo movimiento no entra, pero no se va: están en las plazas de las ciudades más importantes haciendo ver lo malo del sistema y proponiendo cambios y soluciones. No son los desarrapados incívicos y guarros que se nos quiso hacer ver. En Sevilla usaron la recién estrenada Plaza Mayor de la Encarnación, las llamadas Setas (hay que tener mala leche, por otra parte, para usar una plaza que hizo con tanto cariño y dinero Monteseirín para ir contra él. Es cierto que el dinero era de todos, pero…) y ninguno orinaba allí, se aprovisionaron de escobas y fregonas y todo estaba realmente limpio.

     ¡Qué mala leche! Eso es como alguien a quien tienes envidia malsana por algo y encima te cae bien o, al menos, no le ves ningún defecto. Pues si no los tiene, ya se los buscaré, me invento otro cojo manteca como hiciera González en los ochenta (sólo que ahora son policías) y los condeno moralmente por violentos. Ya me ayudarán los de la 1, la 2, la 3… y los de Intereconomía. Porque tengo que hacer ver que éstos vienen de un submundo anarquista que quiere acaba con todo lo que hemos conseguido. No señores, esta gente es precisamente lo contrario, gente como nosotros que quiere, como nosotros mismos, que no se acaben tantas cosas que los trabajadores hemos conseguido con esfuerzo.

       Estaba equivocado en el artículo anterior: al final la izquierda sí encontró su lugar, un lugar fresco e innovador del que espero no opte por salir. Si algún día el 15-M inicia el camino de la política profesional y democrática perderá gran parte de su fuerza, su razón de ser, los motivos que lo llevaron a nacer. Espero que no caigan en la tentación.

Fernando Rivero

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